Reina Valera Contemporánea (RVRC)
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Tercera reprensión de Elifaz a Job

221Pero Elifaz el temanita le respondió a Job:

2«¿En qué se beneficia Dios con el hombre,

aun cuando este sea un hombre inteligente?

3¿Se complace el Todopoderoso en tu inocencia,

o gana algo con que vayas por el buen camino?

22.2-3:
Job 35.6-8

4¿Acaso te castiga por tu piedad,

y por eso te somete a juicio?

5¡Demasiado grande es tu maldad!

¡Tu pecado no tiene límites!

6Sin razón tomaste prenda de tus hermanos,

y a los pobres los despojaste de sus ropas.

7No le diste de beber al sediento,

y al hambriento no le diste de comer.

8En cambio, a los poderosos les diste tierras,

y a los magnates les permitiste habitarlas.

9A las viudas las despediste con las manos vacías,

y a los huérfanos los despojaste de todo.

10Por eso te ves enredado en esas trampas,

y te asaltan temores repentinos.

11Las tinieblas no te dejan ver,

y las aguas profundas te abruman.

12»Pero Dios está en las alturas de los cielos;

¡mira cuán altas se hallan las refulgentes estrellas!

13¿Y tú dices que Dios no sabe lo que haces,

y que la densa oscuridad le impide juzgar?

14¿Que no te puede ver porque las nubes lo rodean,

y porque va y viene por la bóveda celeste?

15¿Acaso quieres seguir por la antigua senda

que han recorrido los malvados?

16Ellos fueron arrebatados antes de tiempo,

porque sus fundamentos no eran firmes.

17Le pidieron a Dios que se apartara de ellos,

sin que el Omnipotente les hubiera hecho daño.

18Más bien, Dios colmó sus casas de bienes.

¡Lejos sea de mí el juntarme con ellos!

19Al verlos destruidos, los justos se alegrarán,

y los inocentes se burlarán de ellos y dirán:

20“Nuestros enemigos han sido destruidos;

el fuego ha consumido lo que de ellos quedaba.”

21»Reconcíliate con Dios, y recupera la paz;

así él te devolverá la prosperidad.

22Permítele que él mismo te instruya,

y pon sus palabras en tu corazón.

23Si te vuelves a Dios, él te levantará;

así alejarás de tu casa la aflicción.

24Si arrojas por el suelo tus riquezas,

tendrás tanto oro de Ofir como piedras en el río.

25El Todopoderoso será tu defensor,

y en tu casa abundará la plata.

26Hallarás tu deleite en el Todopoderoso,

y ante Dios podrás levantar la cara.

27Cuando lo llames, él te escuchará,

y tú podrás cumplirle tus promesas.

28Llevarás a buen término todos tus planes,

y en tus caminos brillará la luz.

29A los humildes, Dios los exalta;

a los abatidos, Dios les da su salvación.

30Dios libera al que es inocente,

y si eres inocente, también serás liberado.»

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Tercera respuesta de Job a Elifaz

231Job le respondió lo siguiente:

2«Hoy también siento una gran amargura;

mis heridas son más grandes que mi llanto.

3¡Cómo quisiera saber dónde hallar a Dios!

¡Iría a verlo hasta donde él se encontrara!

4En su presencia le expondría mi caso,

pues mi boca está llena de argumentos.

5Creo saber lo que él me respondería,

y creo que comprendería lo que me dijera.

6No creo que él desplegaría su poder contra mí;

más bien, creo que él entendería mi sufrimiento.

7Ante Dios, el justo puede razonar con él,

así que yo quedaría absuelto para siempre.

8»Busco a Dios en el oriente, y no lo encuentro;

me dirijo al occidente, y no está allí.

9Me vuelvo hacia el norte, y no logro verlo;

me vuelvo entonces al sur, y él se esconde de mí.

10Pero Dios sabe por dónde ando;

me pondrá a prueba, y saldré refinado como el oro.

11Mis pies han seguido sus pisadas;

seguí su camino, sin apartarme de él.

12Nunca me he apartado de sus mandamientos;

sus palabras me son más preciadas que la comida.

13Si él decide algo, ¿quién puede hacerlo cambiar?

¡Él lleva a cabo todo lo que se propone!

14Así que hará conmigo lo que se ha propuesto,

y es mucho lo que él ha decidido hacer.

15En su presencia, me invade un gran temor;

si pienso en ello, me pongo a temblar.

16Dios me debilita el corazón;

el Todopoderoso me tiene aterrado.

17¿Por qué no me quitaron la vida aquella noche?

¿Por qué no me cubrieron el rostro en la oscuridad?

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241»Si el Todopoderoso sabe todo lo que pasa,

¿por qué sus seguidores nunca saben cómo actuar?

2No respetan los linderos de las tierras;

roban ganado para aumentar lo que tienen;

3al huérfano lo despojan de su asno,

a la viuda le quitan en prenda su buey.

4A los que nada tienen, los apartan del camino;

por miedo, se esconden los pobres de la tierra.

5Esa gente es insaciable. Son como asnos del monte.

Se levantan de mañana dispuestos a robar;

con sus robos del desierto alimentan a sus hijos.

6Esos malvados espigan en campos ajenos,

y rebuscan en las viñas de otra gente.

7Hacen que el desnudo duerma sin ropa,

sin que nada pueda protegerlo del intenso frío.

8La lluvia de los montes lo empapa,

y busca refugio en los huecos de las peñas.

9Al recién nacido lo apartan del pecho,

y lo toman como prenda por las deudas;

10a los pobres los dejan desnudos,

y a los hambrientos los despojan de su pan.

11Se esconden en su casa para extraer aceite,

dicen que fabrican vino, pero se mueren de sed.

12En la ciudad se escuchan los gemidos del moribundo,

y claman las gargantas de los heridos de muerte,

pero Dios no escucha su oración.

13»Ellos son los que no amaron la luz,

ni conocieron los caminos de Dios,

ni jamás estuvieron en sus veredas.

14Amanece, y el malvado se levanta,

y mata al pobre y al necesitado;

anochece, y se convierte en vil ladrón.

15El adúltero espera la oscuridad de la noche,

con la idea de que nadie lo verá;

cubre su rostro para que nadie lo vea.

16Usa las tinieblas para perpetrar sus robos,

en casas previamente señaladas en el día;

no saben lo que es la luz.

17Para esos malvados, el día es la sombra de la muerte;

si son descubiertos, pueden darse por muertos.

18»Huyen ligeros, como las corrientes de agua;

todo lo que tienen está bajo maldición,

y nadie querrá trabajar en sus viñas.

19Con la sequía y el calor se derrite la nieve,

y con el sepulcro se esfuma el hombre pecador;

20su propia madre se olvida de ellos,

que se convierten en el deleite de los gusanos.

Nadie guarda de ellos ningún recuerdo,

pues son arrancados como todo árbol seco.

21A las mujeres estériles afligieron,

y a las viudas nunca las trataron bien.

22Pero la fuerza de Dios derriba a los poderosos;

cuando Dios se presenta, nadie tiene segura la vida.

23Dios les infunde confianza y los deja vivir,

pero no les quita los ojos de encima.

24Aunque fueron poderosos, su vida llega a su fin,

pues la muerte los alcanza como a todos los demás.

Su vida es segada, como si fueran espigas.

25¿Quién puede desmentir lo que ya he dicho?

¿Quién puede reducir a nada mis palabras?»