Reina Valera Contemporánea (RVRC)
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41»Ese día, siete mujeres se aferrarán a un solo hombre y le dirán: “Nosotras veremos qué comer y con qué vestirnos; solo te pedimos que nos dejes llevar tu nombre. ¡Borra de nosotras esa vergüenza!”»

El glorioso futuro de Jerusalén

2Ese día, el renuevo del Señor será de gloria y hermosura, y el fruto de la tierra será de honra y grandeza para los sobrevivientes de Israel.

3Sucederá que quien se quede en Sión, y quien sea dejado en Jerusalén, será llamado santo; es decir, todos los que estén con vida y registrados en Jerusalén.4Cuando el Señor lave las impurezas de las hijas de Sión, y con el soplo abrasador de su justicia limpie la sangre que hay en medio de Jerusalén,5creará una nube oscura durante el día, y un fuego flamígero y resplandeciente durante la noche, para cubrir todo lugar en el monte Sión y en donde haya reuniones. Y sobre todo esto estará la gloria del Señor.6Además, habrá un resguardo, una sombra contra el calor del día, para guarecerse de la lluvia y del aluvión.
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Parábola de la viña

51Quiero cantar ahora por mi amado el canto de mi amado a su viña:

5.1-2:
Mt 21.33
Mc 12.1
Lc 20.9

Mi amado tenía una viña en una ladera fértil.

2La cercó y la despejó de piedras, y luego plantó en ella vides escogidas; en medio del campo levantó una torre, y además construyó un lagar. Esperaba que su viña diera buenas uvas, pero dio uvas silvestres.

3Y ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá: juzguen entre mi viña y yo.

4¿Qué más podía hacerse a mi viña, que yo no le haya hecho? ¿Cómo es que dio uvas silvestres, cuando yo esperaba que diera buenas uvas?

5Pues voy a mostrarles lo que haré con mi viña: Le quitaré la cerca, para que sea consumida; abriré una brecha en su muralla, para que sea pisoteada.

6Haré que se quede desierta. Nadie la podará ni la cultivará. Crecerán en ella cardos y espinos, y ordenaré a las nubes que no derramen lluvia sobre ella.7En realidad, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son la planta en que él se complace. Esperaba él justicia, y solo hay injusticia; equidad, y solo hay iniquidad.

Ayes sobre los malvados

8¡Ay de los que anexan una casa a otra casa, un terreno a otro terreno, hasta poseer todo lugar! ¿Acaso quieren todo el país para ustedes solos?

9Ha llegado a los oídos del Señor de los ejércitos, que muchas casas grandes y hermosas se quedarán en ruinas y sin que nadie las habite.10Las viñas que rendían diez barriles de vino rendirán un solo barril; ¡diez sacos de semilla rendirán un solo saco de trigo!

11¡Ay de los que madrugan para emborracharse! ¡Ay de los que se desvelan para encenderse con el vino!

12En sus banquetes tienen arpas, liras, tamboriles, flautas y vino, pero no toman en cuenta la obra del Señor ni se fijan en la obra de sus manos.13Por eso mi pueblo fue llevado cautivo: por su falta de conocimiento. Sus mejores hombres murieron de hambre; sus multitudes murieron de sed.14Por eso el sepulcro ensanchó su garganta, y abrió sus desmesuradas fauces. ¡Al sepulcro bajará su esplendorosa multitud, con sus fiestas y su algarabía!15Ricos y pobres serán humillados; los de mirada altanera serán abatidos;16pero el Señor de los ejércitos será exaltado con la justicia; el Dios Santo será santificado con la victoria.17Los corderos serán apacentados como es la costumbre, pero gente extraña consumirá los desolados campos de los ricos.

18¡Ay de los que atraen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado con correas de carreta!

19¡Ay de los que dicen: «Que venga ya su obra y se dé prisa. Que se acerque y la veamos. Que venga el consejo del Santo de Israel, para que lo conozcamos»!

20¡Ay de los que llaman bueno a lo malo, y malo a lo bueno!

¡Ay de los que convierten la luz en tinieblas, y las tinieblas en luz!

¡Ay de los que convierten lo amargo en dulce, y lo dulce en amargo!

21¡Ay de los que se creen sabios!

¡Ay de los que se consideran muy inteligentes!

22¡Ay de los valientes para beber vino, de los audaces para mezclar bebidas!

23¡Ay de los que mediante el soborno justifican al malvado y despojan de sus derechos al hombre honrado!

24Por eso su raíz será como la podredumbre; por eso su flor se desvanecerá como el polvo, así como la llama del fuego consume el rastrojo y la lumbre devora la paja, porque despreciaron la enseñanza del Señor de los ejércitos y desdeñaron la palabra del Santo de Israel.

25Por eso se encendió el furor del Señor contra su pueblo; por eso su mano se extendió contra él para herirlo; por eso se estremecieron los montes y sus cadáveres fueron arrojados a las calles. Y a pesar de todo esto, su furor no se ha calmado; su mano sigue aún extendida.

26Agitará una bandera para llamar a naciones lejanas; con un silbido llamará a los que están en los confines de la tierra; y estos vendrán con gran rapidez.

27Nadie entre ellos se mostrará cansado, ninguno de ellos tropezará ni se caerá de sueño; ninguno de ellos vendrá a medio vestir, ni con las correas de sus sandalias rotas.28Sus flechas ya estarán afiladas; todos sus arcos, bien tensados; los cascos de sus caballos parecerán pedernal; las ruedas de sus carros parecerán torbellinos.29Rugirán como leones, como cachorros de león; rechinarán los dientes y atraparán a su presa, y se la llevarán a un lugar seguro, sin que nadie se la pueda arrebatar.30Cuando llegue ese día, él bramará sobre ellos como brama el mar. Cuando mire hacia la tierra, solo verá angustiosas tinieblas, y en sus cielos la luz será oscuridad.
6

Visión y vocación de Isaías

61En el año que murió el rey Uzías,

6.1:
2 R 15.7
2 Cr 26.23
yo vi al Señor sentado sobre un trono alto y sublime. El borde de su manto cubría el templo.

2Dos serafines permanecían por encima de él, y cada uno de ellos tenía seis alas; con dos se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.3Uno de ellos clamaba al otro y le decía:

«¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos!

6.3:
Ap 4.8
¡Toda la tierra está llena de su gloria!»

4La voz del que clamaba hizo que el umbral de las puertas se estremeciera, y el templo se llenó de humo.

6.4:
Ap 15.8

5Entonces dije yo:

«¡Ay de mí! ¡Soy hombre muerto! ¡Mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos, aun cuando soy un hombre de labios impuros y habito en medio de un pueblo de labios también impuros!»

6Entonces uno de los serafines voló hacia mí. En su mano llevaba un carbón encendido, que había tomado del altar con unas tenazas.

7Con ese carbón tocó mi boca, y dijo:

«Con este carbón he tocado tus labios, para remover tu culpa y perdonar tu pecado.»

8Después oí la voz del Señor, que decía:

«¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?»

Y yo respondí:

«Aquí estoy yo. Envíame a mí.»

9Dijo entonces:

«Ve y dile a este pueblo: “Oigan bien, pero no entiendan; vean bien, pero no comprendan.”

10Entorpece el corazón de este pueblo. Cierra sus oídos, y ciega sus ojos. Que no vea con sus ojos ni oiga con sus oídos, ni entienda con su corazón, para que no se convierta ni sea sanado.»
6.9-10:
Mt 13.14-15
Mc 4.12
Lc 8.10
Jn 12.40
Hch 28.26-27

11Yo dije:

«¿Hasta cuándo, Señor?»

Y él respondió:

«Hasta que las ciudades se queden asoladas y sin habitantes; hasta que no haya nadie en las casas, y la tierra quede hecha un desierto;

12hasta que el Señor haya expulsado a la gente y los lugares abandonados se hayan multiplicado en el país.13Y si aún queda en el país la décima parte de sus habitantes, este volverá a ser destruido. Pero la simiente santa será como el roble y como la encina, que después de cortados aún queda el tronco.»