Reina Valera Contemporánea (RVRC)
22

Profecía acerca del valle de la visión

221Profecía acerca del valle de la visión.

¿Qué te pasa, que has subido a las azoteas con todos los tuyos?

2Tú, ciudad turbulenta y alegre, llena de alborotos: tus muertos no murieron a filo de espada, ni cayeron en batalla.3Todos tus príncipes huyeron juntos de las flechas; todos los que estaban dentro de ti fueron atados en grupo cuando intentaban huir.4Por eso pido que me dejen llorar amargamente; no traten de consolarme por la destrucción de la hija de mi pueblo.

5Porque este es un día de alboroto, de angustia y de confusión, de parte de Dios, el Señor de los ejércitos. En el valle de la visión se derriban muros, y se oye clamor por los montes.

6Elam tomó la aljaba, y carros y jinetes; Quir preparó el escudo.7Tus hermosos valles se llenaron de carros, y gente de a caballo acampó a la entrada de la ciudad.8Las defensas de Judá quedaron al descubierto. Ese día ustedes dirigían la mirada hacia el arsenal en la casa del bosque,9y vieron multiplicarse las brechas en la ciudad de David; recogieron las aguas del estanque inferior,10contaron las casas de Jerusalén y las derribaron para reforzar la muralla;11hicieron un foso entre los dos muros para el agua del estanque viejo, pero sin la menor consideración para el que lo hizo y le dio forma.

12Ese día Dios, el Señor de los ejércitos, los convocó al llanto y al lamento, a raparse el cabello y a vestirse de cilicio;

13pero ustedes prefirieron gozar y divertirse, matar vacas y degollar ovejas, comer carne y beber vino. Y decían: «Comamos y bebamos, que mañana moriremos.»
22.13:
1 Co 15.32

14Por su parte, el Señor de los ejércitos me dijo al oído: «Este pecado no les será perdonado, hasta que hayan muerto.»

Lo ha dicho Dios, el Señor de los ejércitos.

Fin de Sebna y promesa a Eliaquín

15Así dice Dios, el Señor de los ejércitos:

«Ve a donde está ese tesorero, el mayordomo Sebna, y dile:

16“¿Qué tienes tú aquí, o a quién tienes aquí, que te has labrado un sepulcro en lo alto? ¿Por qué esculpes para ti una casa en la roca?17Mira que el Señor va a llevarte en duro cautiverio, y te cubrirá el rostro;18te hará rodar con fuerza, como una rueda por el llano, y así morirás. ¡En eso acabarán tus espléndidos carros, tú que eres la vergüenza de la casa de tu amo!19¡Yo te arrojaré de tu puesto! ¡Yo te destituiré!20Y ese mismo día llamaré a mi siervo Eliaquín hijo de Hilcías,21y le pondré tus vestiduras; lo ceñiré con tu cinto y le entregaré tu autoridad; y él será como un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.22Yo le entregaré la llave de la casa de David. Lo que él abra, nadie podrá cerrarlo; lo que él cierre, nadie podrá abrirlo.
22.22:
Ap 3.7
23En el lugar donde yo lo ponga quedará firme como un clavo, y será un trono honroso para la casa de su padre.24De él penderá toda la honra de la casa de su padre, de sus hijos y sus nietos, y de todos sus parientes menores en importancia.25Pero vendrá el día en que ese clavo, que estaba en lugar firme, será removido y destrozado; se vendrá abajo, y la carga que de él pendía se hará pedazos.”»

—Palabra del Señor de los ejércitos.

23

Profecía acerca de Tiro

231Profecía acerca de Tiro,

23.1-18:
Ez 26.1—28.19
Jl 3.4-8
Am 1.9-10
Zac 9.1-4
Mt 11.21-22
Lc 10.13-14
revelada desde la tierra de Quitín.

¡Aúllen ustedes, naves de Tarsis, porque Tiro ha sido destruida! ¡No ha quedado una sola casa a la que se pueda entrar!

2¡Callen ustedes, mercaderes de Sidón, habitantes de la costa, que surcaban el mar para abastecerse!3Sus provisiones procedían de los trigales que crecen con las muchas aguas del río Nilo, y fueron ustedes poderosos entre las naciones.4¡Avergüénzate, Sidón, porque ha hablado el poderoso mar! Y el mar ha dicho: «Nunca he estado de parto. Jamás he dado a luz. Nunca he criado hijos, ni tampoco hijas.»

5Cuando llegue a Egipto esta noticia acerca de Tiro, los egipcios se retorcerán de dolor.

6¡Vayan a Tarsis y aúllen, habitantes de la costa!7¿Acaso no era esta para ustedes la ciudad alegre, la ciudad antigua que plantó sus pies en lugares lejanos?8¿Quién decretó esto contra Tiro, la ciudad que repartía coronas, cuyos negociantes y mercaderes eran príncipes y nobles de la tierra?9Lo decretó el Señor de los ejércitos, para abatir la soberbia de los encumbrados y humillar a los poderosos de la tierra.10Surca tu tierra como un río, hija de Tarsis, porque tu poder se ha terminado.11El Señor extendió su mano sobre el mar e hizo temblar los reinos, y ordenó que las fortalezas de Canaán fueran destruidas.12Y dijo: «Ciudad de Sidón, oprimida jovencita; no volverás a divertirte. Levántate y pasa a Quitín, que tampoco allí hallarás reposo.13¡Mira el país de los caldeos! Ese pueblo no existía; Asiria lo fundó para los habitantes del desierto. Ellos levantaron fortalezas, y edificaron palacios, pero él lo convirtió en ruinas.»

14¡Aúllen, naves de Tarsis, porque su fortaleza ha sido destruida!

15Viene el día en que Tiro será olvidada durante setenta años, que es el tiempo que dura un reino. Después de esos setenta años, se le cantará a Tiro esta canción dedicada a una ramera:

16Toma tu arpa, ramera olvidada,

y ve a rondar por la ciudad;

toca una buena melodía,

y repite la canción,

para que seas recordada.

17Al cabo de los setenta años, el Señor visitará Tiro; y esta ciudad volverá a comerciar, y otra vez traficará con todos los reinos de la tierra.

18Pero sus negocios y ganancias no se guardarán ni se atesorarán, sino que se consagrarán al Señor; serán para la buena alimentación y el espléndido vestuario de los que viven en el santuario del Señor.
24

El Señor juzgará a la tierra

241¡Miren, el Señor deja la tierra desnuda y vacía! ¡Trastorna su faz y esparce a sus habitantes!

2Lo mismo sucede entre pueblo y sacerdote, entre criado y amo, entre criada y ama, entre comprador y vendedor, entre acreedor y deudor, entre el que presta y el que pide prestado.3La tierra ha quedado totalmente vacía y saqueada, porque el Señor ha emitido esta sentencia.

4La tierra ha quedado destruida. Cayó enferma, y con ella también el mundo. ¡El cielo y la tierra se enfermaron!

5La tierra quedó contaminada por causa de sus habitantes, pues transgredieron las leyes, falsearon el derecho, y quebrantaron el pacto eterno.6Por eso la maldición consume la tierra, y sus habitantes son asolados; por eso han sido consumidos los habitantes de la tierra y son muy pocos los que aún quedan.7El vino se ha perdido, pues la vid se marchita; ¡gimen todos los de alegre corazón!8Ha cesado la alegría de los panderos y del arpa; se ha acabado el alboroto de los que se divierten.9Ya no mezclan el vino con los cantos; la sidra les sabe amarga a quienes la toman.10Desolada y vacía está la ciudad; todas las casas se han cerrado, y no entra nadie.11Hay clamor en las calles porque falta el vino; se apagó el gozo, desapareció del país la alegría.12La ciudad ha quedado en ruinas; la puerta fue derribada.13En medio de la tierra y de los pueblos sucederá lo que sucede con los olivos sacudidos y con lo que queda después de la vendimia.

14Pero habrá quienes alcen la voz y canten con gozo por la grandeza del Señor. Desde el mar darán voces:

15«¡Glorifiquen en los valles y en las costas del mar el nombre del Señor, Dios de Israel!»

16Desde lo último de la tierra oímos que se canta: «¡Gloria al Justo!»

Y yo digo: «¡Ay de mí! ¡Qué desdicha, qué desdicha! ¡Los traidores traicionan! ¡Y solo saben traicionar!»

17Contra ti, habitante del país, hay terror, foso y trampa.

18Cuando quieras huir de la voz del terror, caerás en el foso; y cuando quieras salir del foso, caerás en la trampa. Porque se abrirán las ventanas de los cielos, y temblarán los fundamentos de la tierra.19Sí, la tierra será totalmente destruida, del todo desmenuzada, en gran manera sacudida.20Se tambaleará como un ebrio, será removida como una choza; bajo el peso de su pecado caerá, y nunca más volverá a levantarse.

21Cuando llegue ese día, el Señor castigará en lo alto al ejército de los cielos, y en este mundo a los reyes de la tierra.

22Y serán amontonados en una mazmorra, como se amontona a los encarcelados. En esa prisión quedarán encerrados, y después de un largo tiempo serán llamados a cuentas.23Cuando el Señor de los ejércitos reine en el monte Sión y en Jerusalén, y muestre su gloria ante sus ancianos, la blanca luna se pondrá roja de vergüenza, y el ardiente sol palidecerá.