Reina Valera Contemporánea (RVRC)
6

61Por lo tanto, dejemos a un lado las enseñanzas elementales acerca de Cristo, y avancemos hacia la perfección. No volvamos a cuestiones básicas, tales como el arrepentirnos de las acciones que nos llevan a la muerte, o la fe en Dios,

2o las enseñanzas acerca del bautismo, o la imposición de manos, o la resurrección de los muertos y el juicio eterno.3Todo esto lo haremos, si Dios nos lo permite.4No es posible que los que alguna vez fueron iluminados y saborearon el don celestial, y tuvieron parte en el Espíritu Santo,5y saborearon además la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero,6pero volvieron a caer, vuelvan también a ser renovados para arrepentimiento. ¡Eso sería volver a crucificar al Hijo de Dios para ellos mismos, y exponerlo a la vergüenza pública!7Cuando la tierra absorbe la lluvia que le cae con frecuencia, y produce plantas útiles para quienes la cultivan, recibe la bendición de Dios;8pero cuando produce espinos y abrojos, no vale nada; poco le falta para ser maldecida,
6.8:
Gn 3.17-18
y acaba por ser quemada.

9Queridos hermanos, aunque hablamos así, con respecto a ustedes estamos convencidos de cosas mejores, que tienen que ver con la salvación.

10Porque Dios es justo, y no olvidará el trabajo de ustedes y el amor que han mostrado hacia él mediante el servicio a los santos, como hasta ahora lo hacen.11Pero deseamos que cada uno de ustedes muestre el mismo entusiasmo hasta el fin, para la plena realización de su esperanza12y para que no se hagan perezosos, sino que sigan el ejemplo de quienes por medio de la fe y la paciencia heredan las promesas.

13Cuando Dios hizo la promesa a Abrahán, juró por sí mismo, porque no había nadie superior a él por quien jurar,

14y dijo: «Ciertamente te bendeciré con abundancia y multiplicaré tu descendencia».
6.14:
Gn 22.16-17
15Y Abrahán esperó con paciencia, y recibió lo que Dios le había prometido.16Cuando alguien jura, lo hace por alguien superior a sí mismo. De esa manera confirma lo que ha dicho y pone fin a toda discusión.17Por eso Dios, queriendo demostrar claramente a los herederos de la promesa que sus propósitos no cambian, les hizo un juramento,18para que por estas dos cosas que no cambian, y en las que Dios no puede mentir, tengamos un sólido consuelo los que buscamos refugio y nos aferramos a la esperanza que se nos ha propuesto.19Esta esperanza mantiene nuestra alma firme y segura, como un ancla, y penetra hasta detrás del velo,
6.19:
Lv 16.2
20donde Jesús, nuestro precursor, entró por nosotros y llegó a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
6.20:
Sal 110.4
7

El sacerdocio de Melquisedec

71Este Melquisedec, que era rey de Salén y sacerdote del Dios altísimo, salió al encuentro de Abrahán cuando este volvía de derrotar a los reyes, y lo bendijo.

2Entonces Abrahán le dio los diezmos de todo.
7.1-2:
Gn 14.17-20
Melquisedec significa, en primer lugar, «Rey de justicia», y también «Rey de Salén», que significa «Rey de paz».
3Nada se sabe de su padre ni de su madre, ni de sus antepasados, ni si tuvo principio ni fin; pero, a semejanza del Hijo de Dios, permanece como sacerdote eterno.

4Ustedes pueden ver, entonces, su grandeza, pues el mismo patriarca Abrahán le dio los diezmos del botín.

5Ahora bien, según la ley,
7.5:
Nm 18.21
los descendientes de Leví, que reciben el sacerdocio, tienen el derecho de tomar los diezmos del pueblo, es decir, de sus propios hermanos, aun cuando estos sean también descendientes de Abrahán.
6Pero Melquisedec, aunque no era descendiente de Leví, tomó de Abrahán los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas;7¡y nadie puede negar que el que bendice es superior al que recibe la bendición!8En este caso, los que reciben los diezmos son simples hombres; pero en aquel, los recibe Melquisedec, de quien se da testimonio de que vive.9Y hasta podría decirse que Leví, que ahora recibe los diezmos, en aquel tiempo los pagó por medio de Abrahán,10pues Leví ya estaba presente en su antepasado Abrahán cuando Melquisedec le salió al encuentro.

11Si la perfección se alcanzara mediante el sacerdocio levítico (ya que bajo este el pueblo recibió la ley), ¿qué necesidad habría de que aún se levantara otro sacerdote, según el orden de Melquisedec y no según el de Aarón?

12Porque al cambiar el sacerdocio, también se tiene que cambiar la ley.13Pero nuestro Señor, de quien la Escritura dice esto, era de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar.14Es bien sabido que nuestro Señor procedía de la tribu de Judá, acerca de la cual Moisés no dijo nada en relación con el sacerdocio.

15Esto resulta más evidente si el nuevo sacerdote que se levanta es alguien semejante a Melquisedec,

16quien no llegó a ser sacerdote por ceñirse a una ley meramente humana, sino por el poder de una vida indestructible.17Pues de él se hace constar:

«Tú eres sacerdote para siempre,

según el orden de Melquisedec».

7.17:
Sal 110.4

18De modo que el mandamiento anterior queda anulado por resultar endeble e inútil,19ya que la ley no perfeccionó nada, y en su lugar tenemos una esperanza mejor, por la cual nos acercamos a Dios.

20Además, esto no se hizo sin un juramento.

21Los otros sacerdotes fueron nombrados sin juramento, pero este fue nombrado por el juramento de aquel que le dijo:

«El Señor lo ha jurado, y no se arrepentirá:

“Tú eres sacerdote para siempre,

según el orden de Melquisedec”».

7.21:
Sal 110.4

22Por lo tanto, es Jesús quien garantiza un pacto mejor.

23Ahora bien, los otros sacerdotes fueron muchos porque la muerte les impedía continuar;

24pero Jesús tiene un sacerdocio inmutable porque permanece para siempre.25Por eso, también puede salvar para siempre a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos.

26Jesús es el sumo sacerdote que necesitábamos tener: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y exaltado por encima de los cielos.

27No es como los otros sumos sacerdotes, que diariamente tienen que ofrecer sacrificios, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo.
7.27:
Lv 9.7
Jesús hizo esto una sola vez y para siempre, cuando se ofreció a sí mismo.
28La ley nombra sumos sacerdotes a hombres débiles; pero el juramento, que es posterior a la ley, nombra sumo sacerdote al Hijo, quien ha sido hecho perfecto para siempre.
8

El mediador de un nuevo pacto

81Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que el sumo sacerdote que tenemos es tal que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en los cielos.

8.1:
Sal 110.1

2Él es ministro del santuario, de ese tabernáculo verdadero, levantado por el Señor y no por los hombres.3Todo sumo sacerdote es designado para presentar ofrendas y sacrificios, y por eso es necesario que también tenga algo que ofrecer.4Si estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque aquí ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas de acuerdo con la ley.5Estos sacerdotes sirven a lo que no es más que modelo y sombra de las cosas celestiales, tal y como se le advirtió a Moisés cuando iba a levantar el tabernáculo: «Ten cuidado de hacer todas las cosas según el modelo que se te ha mostrado en el monte.»
8.5:
Ex 25.40
6Pero nuestro Sumo Sacerdote ha recibido un ministerio mucho mejor, pues es mediador de un pacto mejor, establecido sobre mejores promesas.7Si el primer pacto hubiera sido perfecto, no habría sido necesario un segundo pacto.

8Pero Dios, al reprocharles sus defectos, dice:

«Vienen días (dice el Señor)

en que estableceré un nuevo pacto

con la casa de Israel y la casa de Judá.

9Ese pacto no será semejante

al que hice con sus antepasados

el día en que los tomé de la mano

para sacarlos de la tierra de Egipto,

pues ellos no fueron fieles a mi pacto,

y por eso los abandoné (dice el Señor).

10Este es el pacto que haré

con la casa de Israel:

Después de aquellos días (dice el Señor)

pondré mis leyes en su mente,

y las escribiré sobre su corazón.

Yo seré su Dios,

y ellos serán mi pueblo.

11Ya nadie enseñará a su prójimo,

ni le dirá a su hermano: “Conoce al Señor”,

porque todos me conocerán,

desde el más pequeño hasta el más grande.

12Seré misericordioso con sus injusticias,

y nunca más me acordaré de sus pecados

ni de sus iniquidades.»

8.8-12:
Jer 31.31-34

13Al decir «nuevo pacto», se ha dado por viejo al primero; y lo que es viejo y anticuado está en vías de desaparecer.