Reina Valera Contemporánea (RVRC)
1

Habacuc se queja de la injusticia

11Profecía y visión del profeta Habacuc.

2¿Hasta cuándo, Señor, te llamaré y no me harás caso? ¿Hasta cuándo clamaré a ti por causa de la violencia, y no vendrás a salvarnos?

3¿Por qué permites que vea yo iniquidad? ¿Por qué me haces espectador del mal? ¡Solo veo destrucción y violencia! ¡Ante mis ojos surgen pleitos y contiendas!4Por eso tu ley carece de fuerza, y la justicia no se aplica con verdad. Por eso los impíos asedian a los justos, y se tuerce la justicia.

Los caldeos, azote de Judá

5«Miren entre las naciones, y vean, y asómbrense. Yo voy a hacer en sus días algo, a lo que ustedes no darán crédito, aunque se les cuente.

1.5:
Hch 13.41

6Estoy por hacer que vengan los caldeos,
1.6:
2 R 24.2
un pueblo cruel y tenaz que recorre toda la tierra para adueñarse de los territorios de otros pueblos.
7Es un pueblo formidable y terrible, que por sí mismo decide lo que es justo y digno.8Sus caballos son más ligeros que los leopardos y más feroces que los lobos nocturnos. Sus jinetes vienen de lejos, a galope tendido; vienen raudos como águilas, dispuestos a devorar,9¡y todos ellos caen sobre su presa! El terror los precede, y recogen cautivos como quien recoge arena.10Se ríen de los reyes, se burlan de los príncipes; hacen mofa de toda fortaleza: construyen terraplenes y conquistan ciudades.11Pasan con la fuerza de una tormenta, y esa fuerza la atribuyen a su dios.»

Protesta de Habacuc

12Tú, Señor, eres un Dios santo. Tú existes desde el principio; ¡no nos dejes morir! Tú, Señor, eres nuestra Roca; ¡no hagas que este pueblo nos juzgue y nos castigue!

13Si por la pureza de tus ojos no soportas ver el mal ni los agravios, ¿por qué soportas ver a quienes nos desprecian? ¿Por qué callas cuando los impíos destruyen a quienes son más justos que ellos?14¡Tratas a la gente como a los peces del mar, como a los insectos, que no tienen quien los gobierne!15Los caldeos nos pescan a todos con anzuelos y nos recogen con sus redes. ¡Con gran alegría y regocijo nos amontonan en sus mallas!16Luego ofrecen sacrificios a sus redes, y queman incienso a sus mallas, pues gracias a ellas aumentan sus riquezas y su fuente de alimentos.17¡Pero ni así dejan de lanzar sus redes, ni se apiadan de las naciones, a las que siguen destruyendo sin cesar!
2

El Señor responde a Habacuc

21Decidí mantenerme vigilante. Decidí mantenerme en pie sobre la fortaleza. Decidí no dormir hasta saber lo que el Señor me iba a decir, y qué respuesta daría a mi queja.

2Y el Señor me respondió, y me dijo:

«Escribe esta visión. Grábala sobre unas tablillas, para que pueda leerse de corrido.

3La visión va a tardar todavía algún tiempo, pero su cumplimiento se acerca, y no dejará de cumplirse. Aunque tarde, espera a que llegue, porque vendrá sin falta. No tarda ya.
2.3:
Heb 10.37
4Aquel cuya alma no es recta, es arrogante; pero el justo vivirá por su fe.
2.4:
Ro 1.17
Gl 3.11
Heb 10.38
5El que es afecto al vino es traicionero y soberbio, y por lo tanto no permanecerá, pues ensancha su garganta como el sepulcro y es insaciable como la muerte; reúne para sí mismo a todos los pueblos y naciones.

Ayes contra los injustos

6»¿Y no habrán de burlarse de ti, y de lanzarte sarcásticos refranes? No faltarán quienes digan: “¡Ay de ti, que acumulabas bienes ajenos! ¿Hasta cuándo habrías de amontonar lo que a otros arrebataste?”

7»¿No habrán de levantarse de pronto tus deudores, y al despertar te harán temblar, y serás para ellos botín de guerra?

8Tú has despojado de sus bienes a muchas naciones; por eso todos los otros pueblos te despojarán. Y es que tú has derramado mucha sangre, has cometido muchos robos en la tierra y en las ciudades, y contra todos sus habitantes.

9»¡Ay de ti, que codicias ganancias injustas para tu casa, y que pones en alto tu nido para escaparte del poder del mal!

10Para vergüenza de tu casa, hiciste planes malvados, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida.11Ciertamente, las piedras de los muros clamarán contra ti, y las tablas del enmaderado repetirán el eco.

12»¡Ay de ti, que edificas la ciudad con sangre, y que la fundas sobre la iniquidad!

13¿Acaso no lo ha determinado el Señor de los ejércitos? Los pueblos trabajarán para el fuego, y las naciones se fatigarán en vano.14Porque así como el mar rebosa de agua, también la tierra rebosará con el conocimiento de la gloria del Señor.
2.14:
Is 11.9

15»¡Ay de ti, que embriagas a tu prójimo! ¡Ay de ti, que le acercas el odre y lo emborrachas para contemplar su desnudez!

16Eso, en vez de honrarte, te llena de deshonra, ¡pero también tú beberás y mostrarás tu desnudez! El Señor mismo vendrá a ti, y con su mano derecha te dará a beber del cáliz, y tu honra quedará cubierta de afrentoso vómito.17Ciertamente, la rapiña del Líbano recaerá sobre ti, y las fieras te despedazarán. Y es que tú has derramado mucha sangre, has cometido muchos robos en la tierra y en las ciudades, y contra todos sus habitantes.

18»¿De qué sirve la escultura que hace el escultor? ¿De que sirve la estatua fundida, maestra de mentira, obra en la que pone su confianza el que hace imágenes mudas?

19¡Ay del que pide al palo que despierte, y que a la piedra muda le pide levantarse! ¿Cómo pretende ser maestro? ¡Sus imágenes están recubiertas de oro y plata, y no hay en ellas ningún hálito de vida!»

20Pero el Señor está en su santo templo. ¡Que calle delante de él toda la tierra!

3

Oración de Habacuc

31Oración del profeta Habacuc. Sobre Sigionot.

2Señor, he oído hablar de tus hechos,

y saberlo me llena de temor.

Vuelve a actuar, Señor, en estos tiempos;

date a conocer en nuestros días,

y si te enojas, recuerda que eres compasivo.

3¡Dios viene de Temán!

¡El Santo viene del monte de Parán!

¡Su gloria cubre los cielos!

¡La tierra se llena con su alabanza!

4¡Su resplandor es como la luz!

¡Brillantes rayos salen de su mano!

¡Allí está escondido su poder!

5Avanza precedido de gran mortandad,

y cierra su marcha ardiente fuego.

6Si se detiene, la tierra se estremece;

si lanza una mirada, tiemblan las naciones,

las montañas eternas se desmoronan,

y las colinas perennes se hunden.

¡Sus caminos son eternos!

7He visto aflicción en las tiendas de Cusán,

y angustia en las tiendas de Madián.

8¿Te enojaste, Señor, contra los ríos?

¿Te airaste contra ellos?

¿Se desató tu furia contra el mar

cuando montaste en tus caballos

y subiste en tus carros de victoria?

9Al quedar tu arco al descubierto,

pudo verse tu aljaba repleta de flechas.

Con los ríos divides la tierra.

10Los montes te ven, y tiemblan.

Pasan las aguas y todo lo inundan;

el mar profundo deja oír su voz,

y las grandes olas se agitan.

11Al ver el resplandor de tus saetas,

y el brillo de tu deslumbrante lanza,

el sol y la luna detienen su marcha.

12En tu ira, pisoteas la tierra;

en tu furor, aplastas a las naciones.

13Acudes al llamado de tu pueblo,

y sales en ayuda de tu ungido.

Abates la casa del jefe malvado,

y lo dejas desnudo de pies a cabeza.

14Horadas con sus propios dardos

la cabeza de sus guerreros,

que arremeten contra mí para que huya,

y gozan devorando al pobre que se esconde.

15Tú cabalgas en el mar con tus caballos,

y haces que se agiten las muchas aguas.

16Al oírte, se estremecen mis entrañas;

mis labios tiemblan al escuchar tu voz.

El mal me cala hasta los huesos,

y en mi interior todo se estremece,

pero yo espero confiado el día de la angustia,

el día en que será invadido

el pueblo que ahora nos oprime.

17Aunque todavía no florece la higuera,

ni hay uvas en los viñedos,

ni hay tampoco aceitunas en los olivos,

ni los campos han rendido sus cosechas;

aunque no hay ovejas en los rediles

ni vacas en los corrales,

18yo me alegro por ti, Señor;

¡me regocijo en ti, Dios de mi salvación!

19Tú, Señor, eres mi Dios y fortaleza.

Tú, Señor, me das pies ligeros, como de cierva,

3.19:
2 S 22.34
Sal 18.33

y me haces andar en mis alturas.