Reina Valera Contemporánea (RVRC)
37

José es vendido por sus hermanos

371Jacob se quedó a vivir en la tierra de Canaán, donde su padre había vivido.

2Esta es la historia de la familia de Jacob: José tenía diecisiete años de edad, y apacentaba las ovejas con sus hermanos. El joven José estaba con los hijos de Bilá y con los hijos de Zilpa, las mujeres de su padre; y José informaba a su padre de la mala fama de ellos.3Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; por eso le hizo una túnica de diversos colores.4Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos ellos, lo odiaban y no podían hablarle de manera pacífica.

5José tuvo un sueño, y se lo contó a sus hermanos. Pero ellos llegaron a odiarlo aún más.

6Y él les dijo:

«Escuchen ahora este sueño que tuve:

7Resulta que estábamos en medio del campo haciendo manojos, y mi manojo se levantaba y se quedaba derecho, mientras que los manojos de ustedes estaban alrededor del mío y se inclinaban ante él.»

8Sus hermanos le respondieron:

«¿Acaso vas a ser tú nuestro rey, o nos vas a gobernar?»

Y por causa de sus sueños y sus palabras lo odiaron aún más.

9Pero José volvió a tener otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Les dijo:

«Resulta que tuve otro sueño. Esta vez, el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.»

10Y les contó esto a su padre y a sus hermanos, y su padre lo reprendió. Le dijo:

«¿Qué clase de sueño es este que tuviste? ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo vendremos a postrarnos ante ti?»

11Y sus hermanos le tenían envidia,

37.11:
Hch 7.9
pero su padre meditaba acerca de esto.

12Cuando sus hermanos fueron a apacentar las ovejas de su padre en Siquén,

13Israel le dijo a José:

«Tus hermanos están apacentando las ovejas en Siquén. Ven, que voy a enviarte con ellos.»

Y José respondió:

«Aquí me tienes.»

14Entonces Israel le dijo:

«Anda y ve si están bien tus hermanos y las ovejas, y vuelve a darme la noticia.»

Y lo envió Israel desde el valle de Hebrón, y José llegó a Siquén.

15Mientras José andaba errante por el campo, un hombre lo halló y le preguntó:

«¿Qué buscas?»

16José respondió:

«Estoy buscando a mis hermanos; por favor, hazme saber dónde están apacentando.»

17Y aquel hombre le respondió:

«Ya se fueron de aquí. Pero les oí decir que iban a Dotán.»

José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.

18Cuando ellos lo vieron a lo lejos, antes de que él se acercara a ellos hicieron planes contra él para matarlo.19Se dijeron el uno al otro:

«Miren, aquí viene el soñador.

20¡Vamos, matémoslo ya! Echémoslo en uno de los pozos, y digamos que alguna mala bestia se lo comió. ¡Y vamos a ver qué pasa con sus sueños!»

21Pero Rubén, al oír esto, lo libró de sus manos y dijo:

«No lo matemos.»

22Además, para librarlo de sus manos y hacerlo volver a su padre, Rubén les dijo:

«No derramen sangre. Arrójenlo en este pozo que está en el desierto, pero no le pongan la mano encima.»

23Así que, cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron su túnica, la túnica de colores que llevaba puesta,

24y por la fuerza lo arrojaron en el pozo. Pero el pozo estaba seco; no tenía agua.

25Luego se sentaron a comer su pan. Pero al levantar la vista, vieron que de Galaad venía una caravana de ismaelitas, con sus camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.

26Entonces Judá les dijo a sus hermanos:

«¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y encubrir su muerte?

27Vengan, vamos a vendérselo a los ismaelitas. No levantemos la mano contra él, pues él es nuestro hermano, nuestra propia carne.»

Y sus hermanos estuvieron de acuerdo con él.

28Cuando los mercaderes madianitas pasaron por allí, ellos sacaron del pozo a José y lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Y ellos se llevaron a José a Egipto.
37.28:
Hch 7.9

29Cuando Rubén volvió al pozo y no halló a José adentro, se rasgó los vestidos;

30luego volvió a donde estaban sus hermanos, y les dijo:

«¡El niño ya no está! Y yo, ¿a dónde iré?»

31Entonces ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, y con la sangre tiñeron la túnica;

32y enviaron la túnica de colores a su padre. Se la presentaron y dijeron:

«Esto es lo que hemos hallado. Fíjate si es o no la túnica de tu hijo.»

33Cuando Jacob la reconoció, dijo:

«¡Es la túnica de mi hijo! ¡Alguna mala bestia se lo comió! ¡José ha sido despedazado!»

34Entonces se rasgó los vestidos, puso cilicio sobre sus lomos, y durante muchos días guardó luto por su hijo.

35Todos sus hijos y todas sus hijas acudieron a consolarlo, pero él no quiso ser consolado, sino que dijo:

«Bajaré al sepulcro, donde está mi hijo, guardando luto por él.»

Y lo lloró su padre.

36En Egipto, los madianitas lo vendieron a Potifar, que era un oficial del faraón y capitán de la guardia.
38

Judá y Tamar

381Por esos días Judá se apartó de sus hermanos y se fue a vivir con un adulamita llamado Jirá.

2Allí Judá vio a la hija de un cananeo llamado Súa; y la tomó por mujer y se unió a ella.3Y ella concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Er.4Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Onán.5Y volvió a concebir, y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Sela. Judá estaba en Quezib cuando ella dio a luz.6Después Judá tomó una mujer para Er, su primogénito. Esa mujer se llamaba Tamar.7Pero Er, el primogénito de Judá, era malo a los ojos del Señor, así que el Señor le quitó la vida.8Entonces Judá le dijo a Onán:

«Únete a la mujer de tu hermano, y cumple con tu deber de cuñado. Levanta descendencia para tu hermano.»

9Como Onán sabía que la descendencia no sería considerada suya, para no darle descendencia a su hermano, cada vez que se allegaba a la mujer de su hermano derramaba el semen en el suelo.

10Este hecho le desagradó al Señor, y también a él le quitó la vida.11Entonces Judá le dijo a Tamar, su nuera:

«Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Sela.»

Y es que pensó: «No vaya a ser que también él muera, como sus hermanos.»

Y Tamar se fue, y se quedó a vivir en casa de su padre.

12Después de mucho tiempo murió la hija de Súa, mujer de Judá. Después de consolarse, Judá fue con su amigo Jirá, el adulamita, a Timnat, donde estaban los trasquiladores de sus ovejas.

13Y Tamar lo supo. Le dijeron:

«Tu suegro está yendo a Timnat, a trasquilar sus ovejas.»

14Entonces ella, al ver que Sela ya había crecido y que ella no era entregada a él por mujer, se quitó sus vestidos de viuda, se cubrió el rostro con un velo, y se sentó a la entrada de Enayin, junto al camino de Timnat.

15Cuando Judá la vio, pensó que era una ramera, pues ella tenía cubierto el rostro.16Entonces se apartó del camino y fue hacia ella, y le dijo:

«Déjame allegarme a ti.»

Y es que no sabía que era su nuera. Y ella le dijo:

«¿Y qué me darás por allegarte a mí?»

17Él respondió:

«Te enviaré un cabrito de mi ganado.»

Pero ella le dijo:

«Déjame una prenda, hasta que lo envíes.»

18Judá le dijo:

«¿Y qué prenda quieres que te dé?»

Y ella respondió:

«Tu sello, tu cordón, y el báculo que tienes en la mano.»

Judá se los dio, y se allegó a ella, y ella concibió de él.

19Luego se levantó y se fue; se quitó el velo con que se cubría, y volvió a vestir sus ropas de viuda.20Cuando por medio de su amigo el adulamita Judá envió el cabrito, para recobrar la prenda, este ya no encontró a la mujer.21Les preguntó entonces a los hombres de aquel lugar:

«¿Dónde está la ramera de Enayin, la que estaba junto al camino?»

Y ellos le dijeron:

«Aquí no ha estado ninguna ramera.»

22El adulamita volvió entonces a Judá, y le dijo:

«Ya no la encontré. Además, los hombres del lugar me dijeron: “Aquí no ha estado ninguna ramera.”»

23Judá dijo:

«Pues que se quede con las prendas, para que nadie se burle de nosotros. Que conste que yo envié este cabrito, y que tú no la hallaste.»

24Como tres meses después, le llegó esta noticia a Judá:

«Tamar, tu nuera, se ha prostituido. Y el resultado es que ha quedado embarazada.»

Entonces Judá dijo:

«¡Sáquenla y quémenla!»

25Pero cuando la estaban sacando, ella envió a decir a su suegro:

«Fíjate, por favor, de quién son este sello, este cordón y este báculo. Por causa del dueño de estas cosas estoy embarazada.»

26Cuando Judá reconoció todo esto, dijo:

«Ella es más justa que yo, pues no le di a mi hijo Sela.»

Y nunca más tuvo relaciones con ella.

27Y cuando llegó el momento de que diera a luz, resultó que en su vientre había gemelos;28y al momento de nacer, uno de ellos sacó la mano. Entonces la partera le tomó la mano, le ató un hilo escarlata, y dijo: «Este nació primero.»

29Pero el niño volvió a meter la mano, y entonces salió su hermano. Y la partera dijo: «¡Cómo te abriste paso!» Y le puso por nombre Fares.38.29 Es decir, apertura, o brecha.

30Después salió su hermano, el que tenía el hilo escarlata en la mano, y le puso por nombre Zeraj.
39

José y la esposa de Potifar

391Los ismaelitas llevaron a José a Egipto, y allá se lo compró a ellos un egipcio llamado Potifar, que era oficial del faraón y capitán de su guardia.

2Pero el Señor estaba con José,
39.2:
Hch 7.9
y este prosperó en la casa del egipcio, su amo.
3Y su amo se dio cuenta de que el Señor estaba con él y lo hacía prosperar en todo lo que emprendía,4de modo que José se ganó su buena voluntad, y le servía, y su amo lo nombró mayordomo de su casa y dejó en sus manos todo lo que tenía.5Desde el momento en que José quedó a cargo de la casa y posesiones del egipcio, el Señor bendijo su casa por causa de José. La bendición del Señor estaba sobre todo lo que él tenía, lo mismo en la casa que en el campo.6El egipcio dejó en manos de José todo lo que tenía, y ya no se ocupaba más que de lo que tenía que comer. Y José era bien parecido y de bella presencia.

7Después de esto, resultó que la mujer de su amo puso sus ojos en él y le dijo:

«¡Acuéstate conmigo!»

8Pero él se negó a hacerlo, y le dijo a la mujer de su amo:

«Como puedes ver, estando yo aquí, mi señor no sabe ni lo que hay en esta casa. Ha puesto en mis manos todo lo que tiene.

9En esta casa no hay nadie mayor que yo, ni hay nada que él me haya reservado, excepto a ti, puesto que tú eres su mujer. ¿Cómo podría yo cometer algo tan malo y pecar contra Dios?»

10Y José hablaba con ella todos los días, pero no le hacía caso en cuanto a acostarse con ella o estar con ella;

11pero un día entró en la casa para cumplir con sus obligaciones, y como allí no había nadie,12ella lo agarró de la ropa y le dijo:

«Acuéstate conmigo.»

Pero él dejó su ropa en las manos de ella, y salió corriendo de allí.

13Cuando ella lo vio salir corriendo, y que había dejado su ropa en sus manos,14llamó a los que estaban en la casa, y les dijo:

«Miren, este hebreo que mi esposo nos ha traído quiere burlarse de nosotros. Entró adonde yo estaba, para acostarse conmigo. Pero yo grité con todas mis fuerzas,

15y cuando él me oyó gritar, dejó su ropa en mis manos y salió corriendo.»

16Y ella dejó a su lado la ropa de José, hasta que su esposo llegó a su casa.

17Entonces ella le repitió lo mismo. Le dijo:

«El siervo hebreo que nos trajiste, entró adonde yo estaba, para burlarse de mí.

18Pero como yo empecé a gritar, él dejó su ropa en mis manos y salió corriendo.»

19Cuando el amo de José oyó lo que su mujer le contaba, y que le decía: «Así me ha tratado tu siervo», se puso furioso;

20entonces agarró a José y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey. Y allí en la cárcel se quedó José.

21Pero el Señor estaba con él

39.21:
Hch 7.9
y le extendió su misericordia, y le permitió ganarse la buena voluntad del jefe de la cárcel.

22Y así el jefe de la cárcel dejó en manos de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión. Todo lo que allí se hacía, lo hacía José.23El jefe de la cárcel no tenía que vigilar nada de lo que estaba al cuidado de José, porque el Señor estaba con José y prosperaba todo lo que él hacía.