Reina Valera Contemporánea (RVRC)
2

Los que volvieron con Zorobabel

(Neh 7.5-73)

21Esta es la lista de la gente que Nabucodonosor había llevado cautiva a Babilonia, y que ahora regresaban a Jerusalén y a Judá, según la ciudad a la que pertenecían:

2Zorobabel y sus acompañantes fueron Josué, Nehemías, Seraías, Relaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvay, Rejún y Baná.

El número de los israelitas fue el siguiente:

3Los descendientes de Paros: dos mil ciento setenta y dos.

4Los descendientes de Sefatías: trescientos setenta y dos.

5Los descendientes de Araj: setecientos setenta y cinco.

6Los descendientes de Pajat Moab: dos mil ochocientos doce descendientes de Josué y de Joab.

7Los descendientes de Elam: mil doscientos cincuenta y cuatro.

8Los descendientes de Zatu: novecientos cuarenta y cinco.

9Los descendientes de Zacay: setecientos sesenta.

10Los descendientes de Bani: seiscientos cuarenta y dos.

11Los descendientes de Bebay: seiscientos veintitrés.

12Los descendientes de Azgad: mil doscientos veintidós.

13Los descendientes de Adonicán: seiscientos sesenta y seis.

14Los descendientes de Bigvay: dos mil cincuenta y seis.

15Los descendientes de Adín: cuatrocientos cincuenta y cuatro.

16Los descendientes de Ater hijo de Ezequías: noventa y ocho.

17Los descendientes de Besay: trescientos veintitrés.

18Los descendientes de Jora: ciento doce.

19Los descendientes de Jasún: doscientos veintitrés.

20Los descendientes de Gibar: noventa y cinco.

21Los descendientes de Belén: ciento veintitrés.

22Los descendientes de Netofa: cincuenta y seis.

23Los descendientes de Anatot: ciento veintiocho.

24Los descendientes de Azmavet: cuarenta y dos.

25Los descendientes de Quiriat Yearín, Cafira y Berot: setecientos cuarenta y tres.

26Los descendientes de Ramá y Geba: seiscientos veintiuno.

27Los descendientes de Micmas: ciento veintidós.

28Los descendientes de Betel y Hai: doscientos veintitrés.

29Los descendientes de Nebo: cincuenta y dos.

30Los descendientes de Magbis: ciento cincuenta y seis.

31Los descendientes del otro Elam: mil doscientos cincuenta y cuatro.

32Los descendientes de Jarín: trescientos veinte.

33Los descendientes de Lod, Jadid y Onó: setecientos veinticinco.

34Los descendientes de Jericó: trescientos cuarenta y cinco.

35Los descendientes de Sená: tres mil seiscientos treinta.

36Los sacerdotes descendientes de Jedaías, de la familia de Josué: novecientos setenta y tres.

37Los descendientes de Imer: mil cincuenta y dos.

38Los descendientes de Pasjur: mil doscientos cuarenta y siete.

39Los descendientes de Jarín: mil diecisiete.

40Los levitas descendientes de Josué y de Cadmiel, de la familia de Hodavías: setenta y cuatro.

41Los cantores descendientes de Asaf: ciento veintiocho.

42Los porteros descendientes de Salún, Ater, Talmón, Acub, Jatitá y Sobay: ciento treinta y nueve en total.

43Los sirvientes del templo eran descendientes de Sijá, Jasufá, Tabaot,

44Queros, Sigá, Padón,45Lebana, Jagabá, Acub,46Jagab, Salmay, Janán,47Gidel, Gajar, Reaía,48Resín, Necoda, Gazán,49Uzá, Paseaj, Besay,50Asena, Meunín, Nefusim,51Bacbuc, Jacufá, Jarjur,52Bazlut, Mejidá, Jarsá,53Barcos, Sísara, Tema,54Nesiaj, Jatifá.

55Los descendientes de los siervos de Salomón eran descendientes de Sotay, Soferet, Peruda,

56Jalá, Darcón, Gidel,57Sefatías, Jatil, Poquéret Hasebayin y Ami.

58Todos los sirvientes del templo descendientes de los siervos de Salomón: trescientos noventa y dos.

59Hubo otros que también fueron a Jerusalén, y provenían de Tel Melaj, Tel Jarsá, Querub, Addán e Imer, pero no pudieron demostrar de qué familia o línea patriarcal eran, ni siquiera si eran israelitas o no,

60aunque eran descendientes de Delaía, Tobías y Necoda: seiscientos cincuenta y dos.

61Los descendientes de sacerdotes que tampoco pudieron demostrar si eran israelitas fueron los descendientes de Jabaías, Cos y Barzilay. Este se casó con una de las hijas de Barzilay el galaadita, y tomó su nombre de la familia de ellas.

62Todos ellos buscaron en vano el registro de sus genealogías y, como no lo hallaron, fueron excluidos del sacerdocio.63Por eso el gobernador les prohibió comer de las cosas sagradas hasta que hubiera un sacerdote que pudiera consultar con el Urim y el Tumim.
2.63:
Nm 27.21

64El total de la comunidad era de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas,

65sin contar a los siervos y las siervas, que sumaban siete mil trescientas treinta y siete personas, entre las cuales había doscientos cantores y cantoras.

66Además, llevaban setecientos treinta y seis caballos, doscientas cuarenta y cinco mulas,

67cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.

68Cuando llegaron al templo del Señor, en Jerusalén, algunos jefes de familia ofrecieron donativos para que se reedificara el templo en el mismo lugar.

69Conforme a sus posibilidades, entregaron al tesorero de la obra cuatrocientos ochenta y ocho kilos de oro, dos mil setecientos cincuenta kilos de plata, y cien túnicas para los sacerdotes.

70Después, los sacerdotes, los levitas, parte del pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo se quedaron a vivir en sus respectivos pueblos y ciudades, y el resto de Israel se fue a su ciudad natal.

2.70:
1 Cr 9.2
Neh 11.3

3

Restauración del altar y del culto

31Siete meses después, cuando los israelitas ya se habían establecido en sus respectivos pueblos y ciudades, todo el pueblo de Israel fue convocado a una reunión en Jerusalén.

2Entonces Josué hijo de Josadac y sus hermanos sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, se dispusieron a reconstruir el altar del Dios de Israel para ofrecer holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, hombre de Dios.
3.2:
Ex 27.1
3Colocaron el altar sobre una base, por temor a los pueblos que los rodeaban, y todos los días, por la mañana y por la tarde,
3.3:
Nm 28.1-8
ofrecían holocaustos al Señor.
4Celebraron con toda solemnidad la fiesta de las enramadas, como está escrito, y diariamente ofrecían holocaustos al Señor, conforme a cada celebración, y cada cosa en su día,
3.4:
Nm 29.12-38
5además de los holocaustos diarios, las fiestas de luna nueva, y todas las fiestas solemnes del Señor,
3.5:
Nm 28.11—29.39
como también los sacrificios espontáneos y las ofrendas voluntarias para el Señor.
6El pueblo empezó a ofrecer holocaustos desde el primer día del séptimo mes, aunque todavía no se habían echado los cimientos del templo.7Luego contrataron albañiles y carpinteros, y les proveyeron de alimentos, bebidas, y aceite y también transportistas de Sidón y de Tiro para que trajeran por mar, hasta el puerto de Jope, madera de cedro del monte Líbano, conforme a lo ordenado por el rey Ciro de Persia.

Colocación de los cimientos del templo

8En el segundo mes del segundo año de haber llegado al templo del Señor en Jerusalén, comenzaron la reconstrucción del templo Zorobabel hijo de Salatiel, Josué hijo de Josadac, sus parientes sacerdotes y levitas, y todo el pueblo que había regresado de la cautividad de Babilonia a Jerusalén. Para supervisar el avance de la obra en el templo, escogieron a los levitas mayores de veinte años.

9En la supervisión también tomaron parte Josué y sus hijos y parientes, Cadmiel y sus hijos, todos ellos descendientes de Judá, más los hijos y parientes de Henadad, que eran levitas. Todos ellos supervisaban cuidadosamente el avance de la reconstrucción del templo del Señor.

10Mientras los albañiles echaban los cimientos del templo, llegaban los sacerdotes con sus vestiduras y sus trompetas, y los levitas descendientes de Asaf con sus platillos de bronce, y alababan al Señor, según lo había ordenado el rey David de Israel.

3.10:
1 Cr 25.1

11Y entonaban alabanzas de gratitud al Señor, y decían: «Dios es bueno, y su misericordia por Israel
3.11:
1 Cr 16.34
2 Cr 5.13
7.3
Sal 100.5
106.1
107.1
118.1
136.1
Jer 33.11
es eterna». Y todo el pueblo unánime alababa a Dios con júbilo al ver cómo se echaban los cimientos del templo del Señor.
12Muchos sacerdotes y levitas, y jefes de familias ya ancianos, que habían conocido el primer templo, lloraban a voz en cuello al ver cómo se echaban los cimientos del templo, mientras otros gritaban de alegría.13Era tan fuerte el rumor que se escuchaba desde lejos, que la gente no podía distinguir el llanto de los gritos de alegría.
4

Los adversarios detienen la obra

41Cuando los enemigos de los descendientes de Judá y de Benjamín se enteraron de que los israelitas que habían regresado del cautiverio estaban reconstruyendo el templo del Dios de Israel,

2fueron a entrevistarse con Zorobabel y con los jefes de esas familias, y les dijeron:

«Queremos ayudarlos en la reconstrucción del templo del Señor, pues también nosotros honramos al mismo Dios, y le hemos ofrecido sacrificios desde cuando Esarjadón era rey de Asiria y nos trajo a estas tierras.»

4.2:
2 R 17.24-41

3Pero Zorobabel, Josué y las demás familias descendientes de Israel, dijeron:

«No es conveniente que ustedes y nosotros edifiquemos juntos el templo del Señor. Lo reconstruiremos nosotros, porque así lo ordenó el rey Ciro de Persia.»

4Pero los que poblaban esas tierras los amenazaron y los llenaron de temor para que no siguieran construyendo.

5Sobornaron a los consejeros para que se pusieran en su contra, y lograron detener la obra durante el reinado de Ciro y hasta los días del rey Darío de Persia;6y cuando Asuero
4.6:
Est 1.1
comenzó a reinar, escribieron serias acusaciones contra los habitantes de Judá y de Jerusalén.

7También durante el reinado de Artajerjes de Persia, Bislán, Mitrídates, y Tabel y sus compañeros, escribieron al rey una carta en contra de los israelitas. La carta estaba escrita en arameo,

8de parte del comandante Rejún y del secretario Simey, al rey Artajerjes, y redactada en contra de los habitantes de Jerusalén.9En esa ocasión escribieron el comandante Rejún y el secretario Simey, y sus demás compañeros, los jueces, gobernadores y oficiales de Persia y de Erec, Babilonia y Susa, es decir, de Elam,10y los otros pueblos que el grande y glorioso Asnapar llevó cautivos para que vivieran en la ciudad de Samaria y en otras provincias al otro lado del río Éufrates.11Lo que sigue es copia de las acusaciones que recibió el rey, la cual decía:

«Al rey Artajerjes. Saludos de sus siervos al otro lado del río Éufrates.

12»Su Majestad debe saber que los judíos que salieron de Babilonia y vinieron a Jerusalén han comenzado a reconstruir su rebelde y malvada ciudad, y ya están echando nuevos cimientos y reparando sus murallas.

13Su Majestad debe también saber que, en caso de que esa ciudad sea reconstruida y sus murallas sean reparadas, ya no pagará tributo ni impuestos ni rentas, con lo que las arcas del reino se verán afectadas.

14Nosotros, como súbditos del reino, consideramos injusto que Su Majestad sea menospreciada, y por lo tanto creímos conveniente informar de esto a Su Majestad.

15Ordene Su Majestad buscar en las memorias de sus antepasados, y podrá comprobar que esta ciudad siempre ha sido rebelde y perjudicial a los reyes y a las provincias del reino. Ya en el pasado se han suscitado rebeliones en ella, por lo cual esa ciudad fue destruida.

16Sepa Su Majestad que, si esta ciudad llega a ser reconstruida y se refuerzan sus murallas, la región que está al otro lado del río Éufrates dejará de ser de Su Majestad.»

17La respuesta del rey fue la siguiente:

«Al gobernador Rejún, al secretario Simey, a todos sus compañeros que habitan en Samaria, y a los que están al otro lado del río Éufrates. Paz y prosperidad.

18»La carta que de ustedes recibí me fue leída con toda claridad.

19Habiendo dado la orden de investigar, se ha hallado que, en efecto, esa ciudad se ha rebelado en el pasado contra los reyes, y que aun entre ellos mismos se suscitan revueltas.

20También se ha hallado que hubo allí reyes poderosos que dominaron todo el territorio al otro lado del río Éufrates, y que se les pagaba tributo, impuestos y rentas.

21»Por tanto, ordenen a esos hombres suspender la reconstrucción de la ciudad, hasta nuevas órdenes de mi parte.

22Pongan todo su empeño en cumplir mis órdenes, para evitar mayores daños al reino.»

23Cuando la carta del rey Artajerjes fue leída en presencia de Rejún y de su secretario Simey, y de sus compañeros, estos fueron inmediatamente a Jerusalén y con lujo de violencia obligaron a los judíos a detener las obras.

24Fue así como la reconstrucción del templo de Jerusalén se suspendió hasta el segundo año del reinado del rey Darío de Persia.