Reina Valera Contemporánea (RVRC)
1

El decreto de Ciro

(2 Cr 36.22-23)

11Para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio de Jeremías,

1.1:
Jer 25.11
29.10
en el primer año del reinado de Ciro de Persia el Señor despertó el espíritu de Ciro para que hiciera pregonar por todo su reino, de palabra y por escrito, lo siguiente:

2«Así dice Ciro, rey de los persas: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha ordenado reconstruir el templo de Jerusalén,

1.2:
Is 44.28
que está en Judá.

3Si hay entre ustedes alguien que sea de su pueblo, que su Dios lo acompañe, y vuelva a Jerusalén, que está en Judá, para reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel, pues solo él es Dios.

4Todos los que se queden, sea cual sea el lugar donde residan, ayuden a los que se van y denles oro, plata, ganado y cualquier otro apoyo que puedan darles, además de las ofrendas voluntarias para el templo del Señor, que está en Jerusalén.»

El regreso a Jerusalén

5Los patriarcas de las familias de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos aquellos en quienes Dios despertó en ellos el deseo de reconstruir el templo del Señor, se prepararon para ir a Jerusalén.

6Los que vivían en los alrededores les ayudaron con oro, plata, bienes y objetos de valor, y ganado, además de toda clase de ofrendas voluntarias.7Además, el rey Ciro ordenó sacar los utensilios que habían estado en el templo del Señor, y que Nabucodonosor había sacado de Jerusalén para ponerlos en los templos de sus dioses.8Mitrídates, tesorero del rey Ciro de Persia, hizo lo que el rey le mandó, y entregó uno por uno los utensilios a Sesbasar, jefe de Judá.9Esta es la relación de lo entregado:

Treinta tazones de oro,

mil tazones de plata,

veintinueve cuchillos,

10treinta tazas de oro,

cuatrocientas diez tazas de plata,

mil utensilios varios,

11cinco mil cuatrocientos utensilios de oro y de plata.

Todo esto lo llevó Sesbasar a Jerusalén con los que se fueron y que antes habían estado cautivos en Babilonia.

2

Los que volvieron con Zorobabel

(Neh 7.5-73)

21Esta es la lista de la gente que Nabucodonosor había llevado cautiva a Babilonia, y que ahora regresaban a Jerusalén y a Judá, según la ciudad a la que pertenecían:

2Zorobabel y sus acompañantes fueron Josué, Nehemías, Seraías, Relaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvay, Rejún y Baná.

El número de los israelitas fue el siguiente:

3Los descendientes de Paros: dos mil ciento setenta y dos.

4Los descendientes de Sefatías: trescientos setenta y dos.

5Los descendientes de Araj: setecientos setenta y cinco.

6Los descendientes de Pajat Moab: dos mil ochocientos doce descendientes de Josué y de Joab.

7Los descendientes de Elam: mil doscientos cincuenta y cuatro.

8Los descendientes de Zatu: novecientos cuarenta y cinco.

9Los descendientes de Zacay: setecientos sesenta.

10Los descendientes de Bani: seiscientos cuarenta y dos.

11Los descendientes de Bebay: seiscientos veintitrés.

12Los descendientes de Azgad: mil doscientos veintidós.

13Los descendientes de Adonicán: seiscientos sesenta y seis.

14Los descendientes de Bigvay: dos mil cincuenta y seis.

15Los descendientes de Adín: cuatrocientos cincuenta y cuatro.

16Los descendientes de Ater hijo de Ezequías: noventa y ocho.

17Los descendientes de Besay: trescientos veintitrés.

18Los descendientes de Jora: ciento doce.

19Los descendientes de Jasún: doscientos veintitrés.

20Los descendientes de Gibar: noventa y cinco.

21Los descendientes de Belén: ciento veintitrés.

22Los descendientes de Netofa: cincuenta y seis.

23Los descendientes de Anatot: ciento veintiocho.

24Los descendientes de Azmavet: cuarenta y dos.

25Los descendientes de Quiriat Yearín, Cafira y Berot: setecientos cuarenta y tres.

26Los descendientes de Ramá y Geba: seiscientos veintiuno.

27Los descendientes de Micmas: ciento veintidós.

28Los descendientes de Betel y Hai: doscientos veintitrés.

29Los descendientes de Nebo: cincuenta y dos.

30Los descendientes de Magbis: ciento cincuenta y seis.

31Los descendientes del otro Elam: mil doscientos cincuenta y cuatro.

32Los descendientes de Jarín: trescientos veinte.

33Los descendientes de Lod, Jadid y Onó: setecientos veinticinco.

34Los descendientes de Jericó: trescientos cuarenta y cinco.

35Los descendientes de Sená: tres mil seiscientos treinta.

36Los sacerdotes descendientes de Jedaías, de la familia de Josué: novecientos setenta y tres.

37Los descendientes de Imer: mil cincuenta y dos.

38Los descendientes de Pasjur: mil doscientos cuarenta y siete.

39Los descendientes de Jarín: mil diecisiete.

40Los levitas descendientes de Josué y de Cadmiel, de la familia de Hodavías: setenta y cuatro.

41Los cantores descendientes de Asaf: ciento veintiocho.

42Los porteros descendientes de Salún, Ater, Talmón, Acub, Jatitá y Sobay: ciento treinta y nueve en total.

43Los sirvientes del templo eran descendientes de Sijá, Jasufá, Tabaot,

44Queros, Sigá, Padón,45Lebana, Jagabá, Acub,46Jagab, Salmay, Janán,47Gidel, Gajar, Reaía,48Resín, Necoda, Gazán,49Uzá, Paseaj, Besay,50Asena, Meunín, Nefusim,51Bacbuc, Jacufá, Jarjur,52Bazlut, Mejidá, Jarsá,53Barcos, Sísara, Tema,54Nesiaj, Jatifá.

55Los descendientes de los siervos de Salomón eran descendientes de Sotay, Soferet, Peruda,

56Jalá, Darcón, Gidel,57Sefatías, Jatil, Poquéret Hasebayin y Ami.

58Todos los sirvientes del templo descendientes de los siervos de Salomón: trescientos noventa y dos.

59Hubo otros que también fueron a Jerusalén, y provenían de Tel Melaj, Tel Jarsá, Querub, Addán e Imer, pero no pudieron demostrar de qué familia o línea patriarcal eran, ni siquiera si eran israelitas o no,

60aunque eran descendientes de Delaía, Tobías y Necoda: seiscientos cincuenta y dos.

61Los descendientes de sacerdotes que tampoco pudieron demostrar si eran israelitas fueron los descendientes de Jabaías, Cos y Barzilay. Este se casó con una de las hijas de Barzilay el galaadita, y tomó su nombre de la familia de ellas.

62Todos ellos buscaron en vano el registro de sus genealogías y, como no lo hallaron, fueron excluidos del sacerdocio.63Por eso el gobernador les prohibió comer de las cosas sagradas hasta que hubiera un sacerdote que pudiera consultar con el Urim y el Tumim.
2.63:
Nm 27.21

64El total de la comunidad era de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas,

65sin contar a los siervos y las siervas, que sumaban siete mil trescientas treinta y siete personas, entre las cuales había doscientos cantores y cantoras.

66Además, llevaban setecientos treinta y seis caballos, doscientas cuarenta y cinco mulas,

67cuatrocientos treinta y cinco camellos y seis mil setecientos veinte asnos.

68Cuando llegaron al templo del Señor, en Jerusalén, algunos jefes de familia ofrecieron donativos para que se reedificara el templo en el mismo lugar.

69Conforme a sus posibilidades, entregaron al tesorero de la obra cuatrocientos ochenta y ocho kilos de oro, dos mil setecientos cincuenta kilos de plata, y cien túnicas para los sacerdotes.

70Después, los sacerdotes, los levitas, parte del pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo se quedaron a vivir en sus respectivos pueblos y ciudades, y el resto de Israel se fue a su ciudad natal.

2.70:
1 Cr 9.2
Neh 11.3

3

Restauración del altar y del culto

31Siete meses después, cuando los israelitas ya se habían establecido en sus respectivos pueblos y ciudades, todo el pueblo de Israel fue convocado a una reunión en Jerusalén.

2Entonces Josué hijo de Josadac y sus hermanos sacerdotes, y Zorobabel hijo de Salatiel y sus hermanos, se dispusieron a reconstruir el altar del Dios de Israel para ofrecer holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés, hombre de Dios.
3.2:
Ex 27.1
3Colocaron el altar sobre una base, por temor a los pueblos que los rodeaban, y todos los días, por la mañana y por la tarde,
3.3:
Nm 28.1-8
ofrecían holocaustos al Señor.
4Celebraron con toda solemnidad la fiesta de las enramadas, como está escrito, y diariamente ofrecían holocaustos al Señor, conforme a cada celebración, y cada cosa en su día,
3.4:
Nm 29.12-38
5además de los holocaustos diarios, las fiestas de luna nueva, y todas las fiestas solemnes del Señor,
3.5:
Nm 28.11—29.39
como también los sacrificios espontáneos y las ofrendas voluntarias para el Señor.
6El pueblo empezó a ofrecer holocaustos desde el primer día del séptimo mes, aunque todavía no se habían echado los cimientos del templo.7Luego contrataron albañiles y carpinteros, y les proveyeron de alimentos, bebidas, y aceite y también transportistas de Sidón y de Tiro para que trajeran por mar, hasta el puerto de Jope, madera de cedro del monte Líbano, conforme a lo ordenado por el rey Ciro de Persia.

Colocación de los cimientos del templo

8En el segundo mes del segundo año de haber llegado al templo del Señor en Jerusalén, comenzaron la reconstrucción del templo Zorobabel hijo de Salatiel, Josué hijo de Josadac, sus parientes sacerdotes y levitas, y todo el pueblo que había regresado de la cautividad de Babilonia a Jerusalén. Para supervisar el avance de la obra en el templo, escogieron a los levitas mayores de veinte años.

9En la supervisión también tomaron parte Josué y sus hijos y parientes, Cadmiel y sus hijos, todos ellos descendientes de Judá, más los hijos y parientes de Henadad, que eran levitas. Todos ellos supervisaban cuidadosamente el avance de la reconstrucción del templo del Señor.

10Mientras los albañiles echaban los cimientos del templo, llegaban los sacerdotes con sus vestiduras y sus trompetas, y los levitas descendientes de Asaf con sus platillos de bronce, y alababan al Señor, según lo había ordenado el rey David de Israel.

3.10:
1 Cr 25.1

11Y entonaban alabanzas de gratitud al Señor, y decían: «Dios es bueno, y su misericordia por Israel
3.11:
1 Cr 16.34
2 Cr 5.13
7.3
Sal 100.5
106.1
107.1
118.1
136.1
Jer 33.11
es eterna». Y todo el pueblo unánime alababa a Dios con júbilo al ver cómo se echaban los cimientos del templo del Señor.
12Muchos sacerdotes y levitas, y jefes de familias ya ancianos, que habían conocido el primer templo, lloraban a voz en cuello al ver cómo se echaban los cimientos del templo, mientras otros gritaban de alegría.13Era tan fuerte el rumor que se escuchaba desde lejos, que la gente no podía distinguir el llanto de los gritos de alegría.