Reina Valera Contemporánea (RVRC)
7

La sabiduría y la insensatez

71Es mejor gozar de buena fama

que gozar de un buen perfume.

Es mejor el día en que se muere

que el día en que se nace.

2Es mejor asistir a un funeral

que presentarse en un banquete,

pues nuestra vida termina con la muerte

y los que vivimos debemos recordarlo.

3Es mejor estar triste que estar alegre;

un rostro triste le viene bien al corazón.

4Los sabios tienen presente la muerte;

los necios solo piensan en divertirse.

5Es mejor oír la reprensión de los sabios

que oír las alabanzas de los necios.

6Espinos que crepitan bajo una olla en el fuego:

¡así resuenan las carcajadas de los necios!

¡Y también esto es vanidad!

7Ciertamente la opresión aturde al sabio,

y el soborno corrompe el corazón.

8Es mejor terminar un negocio que comenzarlo.

Es mejor ser humilde que ser arrogante.

9No dejes que el enojo te haga perder la cabeza.

Solo en el pecho de los necios halla lugar el enojo.

10Nunca preguntes por qué todo tiempo pasado fue mejor.

Esa pregunta no refleja nada de sabiduría.

11Buena es la ciencia con herencia,

y provechosa para los que ven el sol.

12Buen escudo son la ciencia y las riquezas,

pero la sabiduría es más provechosa

porque da vida a quienes la tienen.

13Mira y admira las obras de Dios:

¿quién podría enderezar lo que él ha torcido?

14Cuando te llegue un buen día, disfruta de él; y cuando te llegue un mal día, piensa que Dios es el autor de uno y de otro, y que los mortales nunca sabremos lo que vendrá después.

15Todo esto lo he visto durante mi vana vida: Hay gente honrada que muere por ser honrada, y hay gente malvada que por su maldad alarga su vida.

16No hay que ser demasiado honrado,

ni ser tampoco demasiado sabio;

¿por qué habríamos de hacernos daño?

17No hagas mucho mal, ni seas insensato;

¿para qué morir antes de tiempo?

18Bien está que tomes esto, sin soltar aquello;

si temes a Dios, te irá bien en todo.

19La sabiduría da al sabio más fuerza

que diez hombres fuertes a una ciudad.

20No hay en la tierra nadie tan justo

que siempre haga el bien y nunca peque.

21No permitas que tu corazón se fije en todo lo que se dice. Así no oirás a tu siervo cuando hable mal de ti.

22Aunque en lo íntimo sabes que, muchas veces, también tú has hablado mal de otros.

23Por medio de la sabiduría, todo esto lo puse a prueba, y me dije: «Voy a ser sabio.» ¡Pero la sabiduría se apartó de mí!

24Lo que antes fue, está muy distante; y lo que está muy profundo, ¿quién puede encontrarlo?

25Dirigí entonces mi atención hacia el conocimiento, el estudio y la investigación de la sabiduría y el razonamiento, para conocer la maldad de la insensatez y el desvarío del error,

26y me encontré con que la mujer cuyo corazón es un lazo y una red, y cuyas manos son ligaduras, es más amarga que la muerte. El que agrada a Dios se libra de ella, pero el pecador se vuelve su prisionero.

27Tales han sido mis hallazgos, al ponderar las cosas una por una para hallarles su razón de ser.

—Palabras del Predicador.

28Sin embargo, todavía no he encontrado lo que ando buscando. Entre mil hombres ya he encontrado uno, pero entre todas las mujeres todavía no he hallado una sola.

29Lo único que he encontrado es que Dios hizo perfecto al género humano, pero este se ha buscado demasiados problemas.
8

81No hay nada como ser sabio. No hay nada como saber explicarlo todo. La sabiduría ilumina el rostro del hombre y cambia su semblante hosco.

2Te aconsejo cumplir con las órdenes del rey y con tu palabra jurada ante Dios.

3No te retires de su presencia con premura. No insistas en contrariarlo, porque él hará lo que le plazca.4La palabra del rey es ley, y nadie puede cuestionarle nada.5El que cumple con sus órdenes no sufrirá ningún mal, y la mente del sabio discierne el mejor momento de cumplirlas,6pues todo proyecto tiene su momento para realizarlo.

Pero pesa sobre el hombre un gran problema,

7y es que este no sabe lo que va a pasar, ni cuándo pasará, ni hay tampoco nadie que se lo diga.8Nadie tiene poder sobre el espíritu, para retenerlo, ni tiene tampoco poder sobre la hora de la muerte. En esa guerra, las armas no sirven de nada, ni tampoco puede la maldad poner a salvo al malvado.

9Todo esto lo he visto, y he dedicado mi corazón al estudio de todo lo que se hace bajo el sol. Hay momentos en que los unos dominan a los otros, para su propio mal.

Desigualdades de la vida

10También he visto que a los inicuos se les sepulta con honra, mientras que a los que frecuentaban el lugar santo se les echó al olvido en la misma ciudad donde se condujeron con rectitud. ¡Y también esto es vanidad!

11Y es que cuando la sentencia para castigar una mala acción no se ejecuta de inmediato, el corazón de los mortales se dispone a seguir actuando mal.

12El pecador puede pecar cien veces y prolongar su vida; sin embargo, yo sé que a los que muestran temor y reverencia ante Dios también les irá bien;

13por el contrario, a los malvados, a los que no muestran reverencia ante Dios, no les irá bien ni se les prolongará la vida, sino que se desvanecerán como una sombra.

14Sobre la tierra sucede algo que no tiene sentido: hay gente honrada que es tratada como si cometiera cosas malas, y hay gente malvada que es tratada como si hiciera cosas buenas. Y yo digo que también esto es vanidad.

15Por eso alabo a la alegría, pues los mortales no tenemos bajo el sol otro bien que no sea el de comer y beber y divertirnos. Solo esto nos queda de tanto afanarnos durante la vida que Dios nos concede bajo el sol.

16Como dirigí mi atención hacia el conocimiento y la sabiduría, para entender todo lo que se hace sobre la tierra, algunas veces no podía conciliar el sueño ni de noche ni de día.

17Así pude ver todo lo que Dios ha hecho, y vi también que el hombre no alcanza a comprender todo lo que se hace bajo el sol. Por más que se esfuerce por entenderlo, no lo entenderá; y aun cuando el sabio asegure entenderlo, no por eso lo entenderá.
9

91A todo esto dirigí mi atención, para concluir lo siguiente: Que la gente sabia y honrada está en las manos de Dios, lo mismo que sus obras, pero que nosotros los mortales nada sabemos del amor ni del odio, aun cuando los tengamos delante de nosotros.

2A todos nos espera lo mismo. El mismo final tendrán los justos y los injustos, los buenos y los malos, los puros y los impuros, los que ofrecen sacrificios y los que no los ofrecen, los que hacen lo bueno y los que hacen lo malo, los que hacen juramentos y los que no los hacen.

3Hay un mal en todo lo que se hace bajo el sol, y es que a todos los mortales nos espera lo mismo, y que durante toda nuestra vida tenemos el corazón lleno de maldad e insensatez, y que al final acabamos entre los muertos.

4Sin embargo, aún hay esperanza para todos los que viven, pues un perro vivo es mejor que un león muerto.5Ciertamente, los que viven saben que un día morirán; pero los muertos nada saben ni nada esperan, porque su memoria queda en el olvido.6También mueren con ellos sus amores, sus odios y sus envidias, y jamás vuelven a participar en nada de lo que se hace bajo el sol.

7¡Vamos, disfruta de tu pan con alegría, y bebe tu vino con un corazón feliz, porque tus obras son del agrado de Dios!

8¡Que sean siempre blancos tus vestidos! ¡Que nunca te falte perfume en la cabeza!

9¡Goza de la vida con tu amada, todos los días de la vana vida que se te ha concedido bajo el sol! ¡Esa es tu parte en esta vida! ¡Eso es lo que te ha tocado de todos tus afanes bajo el sol!

10Todo lo que te venga a la mano hacer, hazlo según tus fuerzas. En el sepulcro, que es adonde vas, no hay obras ni proyectos, ni conocimiento ni sabiduría.

11Volví la mirada, y vi bajo el sol que no son los más veloces los que ganan la carrera, ni son los más fuertes los que ganan la guerra; también vi que los sabios no tienen qué comer, que quien es inteligente no es necesariamente rico, y que quien tiene conocimientos no siempre es favorecido. Todos ellos tienen su momento y su ocasión.

12A decir verdad, nosotros los mortales no sabemos cuándo nos llegará la hora. Somos como los peces cuando caen en la red artera, o como las aves cuando caen en la trampa: cuando un mal momento nos sobreviene, quedamos atrapados.

13También he visto bajo el sol algo que encierra una gran sabiduría:

14Un rey muy poderoso lanzó su ataque contra una ciudad muy pequeña, defendida por muy pocos hombres. Le puso sitio y levantó contra ella grandes baluartes.15Allí dentro se encontraba un hombre pobre, pero sabio, que con su sabiduría podría haber salvado a la ciudad, ¡pero nadie se acordó de ese hombre pobre!16Entonces me dije: «La sabiduría puede más que la fuerza, aun cuando la sabiduría del pobre sea menospreciada y no se preste atención a sus consejos.»

17Es mejor escuchar las suaves palabras del sabio

que los gritos del rey de los necios.

18La sabiduría es mejor que las armas de guerra,

aunque un solo error destruye muchas cosas buenas.