Reina Valera Contemporánea (RVRC)
1

La promesa del Espíritu Santo

11Estimado Teófilo, en mi primer tratado

1.1:
Lc 1.1-4
hablé acerca de todo lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

2hasta el día en que fue recibido en el cielo, después de que por medio del Espíritu Santo, les dio mandamientos a los apóstoles que había escogido.3Después de su muerte, se les presentó vivo y, con muchas pruebas que no admiten duda, se les apareció durante cuarenta días y les habló acerca del reino de Dios.4Mientras estaban juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que les dijo: «Esperen la promesa del Padre,
1.4:
Lc 24.49
la cual ustedes oyeron de mí.
5Como saben, Juan bautizó con agua, pero dentro de algunos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.»
1.5:
Mt 3.11
Mc 1.8
Lc 3.16
Jn 1.33

La ascensión

6Entonces los que estaban reunidos con él le preguntaron: «Señor, ¿vas a devolverle a Israel el reino en este tiempo?»

7Y él les respondió: «No les toca a ustedes saber el tiempo ni el momento, que son del dominio del Padre.8Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.»
1.8:
Mt 28.19
Mc 16.15
Lc 24.47-48
9Después de haber dicho esto, ellos lo vieron elevarse y ser recibido por una nube, que lo ocultó de sus ojos.
1.9:
Mc 16.19
Lc 24.50-51
10Mientras miraban al cielo y veían cómo él se alejaba, dos varones vestidos de blanco se pusieron junto a ellos11y les dijeron: «Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ustedes han visto irse al cielo, vendrá de la misma manera que lo vieron desaparecer.»

Elección del sucesor de Judas

12Entonces los apóstoles volvieron a Jerusalén desde el monte del Olivar, que dista de Jerusalén poco más de un kilómetro.1.12 Lit. Camino de un día de reposo.

13Cuando llegaron a Jerusalén, subieron al aposento alto, donde se hallaban Pedro, Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, el hermano de Jacobo.
1.13:
Mt 10.2-4
Mc 3.16-19
Lc 6.14-16
14Todos ellos oraban y rogaban a Dios continuamente, en unión de las mujeres, de María la madre de Jesús, y de sus hermanos.

15Uno de esos días Pedro se puso de pie, en medio de los hermanos (que estaban reunidos y eran como ciento veinte), y dijo:

16«Hermanos míos, tenía que cumplirse la Escritura, donde por boca de David se dice que el Espíritu Santo habló acerca de Judas, el que guió a los que prendieron a Jesús.17Nosotros lo considerábamos como uno de los nuestros, porque era parte de este ministerio.18Con lo que le pagaron por su iniquidad, Judas compró un campo; pero se cayó de cabeza y su cuerpo se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.19Como esto lo supieron todos los habitantes de Jerusalén, aquel campo se llama Acéldama, que en su lengua quiere decir “Campo de sangre”.
1.18-19:
Mt 27.3-8
20En el libro de los Salmos está escrito:

»Que su habitación quede desierta;

que nadie viva allí,

1.20:
Sal 69.25

y que otro tome su oficio.

1.20:
Sal 109.8

21»Se hace necesario que, de aquellos que nos acompañaron todo el tiempo en que el Señor Jesús estuvo entre nosotros,

22desde que Juan bautizaba
1.22:
Mt 3.16
Mc 1.9
Lc 3.21
hasta el día en que el Señor subió al cielo,
1.22:
Mc 16.19
Lc 24.51
uno de ellos se nos una para ser testigo de su resurrección.»

23Entonces señalaron a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre «el Justo», y a Matías.

24Y en su oración dijeron: «Señor, tú conoces todos los corazones. Muéstranos a cuál de los dos has escogido,25para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de la que Judas cayó por su transgresión para irse a donde le correspondía.»26Y lo echaron a la suerte, y esta recayó en Matías. Y a partir de entonces fue contado entre los once apóstoles.
2

La llegada del Espíritu Santo

21Cuando llegó el día de Pentecostés,

2.1:
Lv 23.15-21
Dt 16.9-11
todos ellos estaban juntos y en el mismo lugar.

2De repente, un estruendo como de un fuerte viento vino del cielo, y sopló y llenó toda la casa donde se encontraban.3Entonces aparecieron unas lenguas como de fuego, que se repartieron y fueron a posarse sobre cada uno de ellos.4Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los llevaba a expresarse.

5En aquel tiempo vivían en Jerusalén judíos piadosos, que venían de todas las naciones conocidas.

6Al escucharse aquel estruendo, la multitud se juntó, y se veían confundidos porque los oían hablar en su propia lengua.7Estaban atónitos y maravillados, y decían: «Fíjense: ¿acaso no son galileos todos estos que están hablando?8¿Cómo es que los oímos hablar en nuestra lengua materna?9Aquí hay partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia.10Están los de Frigia y Panfilia, los de Egipto y los de las regiones de África que están más allá de Cirene. También están los romanos que viven aquí, tanto judíos como prosélitos,11y cretenses y árabes, ¡y todos los escuchamos hablar en nuestra lengua acerca de las maravillas de Dios!»12Todos ellos estaban atónitos y perplejos, y se decían unos a otros: «¿Y esto qué significa?»13Pero otros se burlaban, y decían: «¡Están borrachos!»

Primer discurso de Pedro

14Entonces Pedro se puso de pie, junto con los otros once, y con potente voz dijo: «Varones judíos, y ustedes, habitantes todos de Jerusalén, sepan esto, y entiendan bien mis palabras.

15Contra lo que ustedes suponen, estos hombres no están borrachos, pues apenas son las nueve de la mañana.16Más bien, esto es lo que dijo el profeta Joel:

17»Dios ha dicho:

En los últimos días derramaré de mi Espíritu

sobre toda la humanidad.

Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán;

sus jóvenes tendrán visiones

y sus ancianos tendrán sueños.

18En esos días derramaré de mi Espíritu

sobre mis siervos y mis siervas,

y también profetizarán.

19Haré prodigios en el cielo,

y en la tierra se verán señales de sangre,

de fuego y de vapor de humo.

20El sol se oscurecerá,

la luna se pondrá roja como sangre,

antes de que llegue el día del Señor

y se muestre en toda su grandeza.

21Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo.

2.17-21:
Jl 2.28-32

22»Varones israelitas, escuchen mis palabras: Jesús nazareno, que fue el varón que Dios aprobó entre ustedes por las maravillas, prodigios y señales que hizo por medio de él, como ustedes mismos lo saben,

23fue entregado conforme al plan determinado y el conocimiento anticipado de Dios, y ustedes lo aprehendieron y lo mataron por medio de hombres inicuos, crucificándolo.
2.23:
Mt 27.35
Mc 15.24
Lc 23.33
Jn 19.18
24Pero Dios lo levantó,
2.24:
Mt 28.5-6
Mc 16.6
Lc 24.5
liberándolo de los lazos de la muerte, porque era imposible que la muerte lo venciera.
25De él dice David:

»Siempre veía al Señor ante mí.

Él está a mi derecha, y nada me perturbará.

26Por eso mi corazón se alegró,

y mi lengua cantó llena de gozo.

Mi cuerpo descansará en la esperanza,

27porque no dejarás mi alma en el Hades,

ni permitirás que tu Santo se corrompa.

28Me hiciste conocer los caminos de la vida,

y me llenarás de gozo con tu presencia.

2.25-28:
Sal 16.8-11

29»Varones hermanos, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nuestro patriarca David murió y fue sepultado, y que hoy sabemos dónde está su sepulcro entre nosotros.

30David era profeta, y sabía que Dios le había jurado que de su linaje humano saldría el Cristo, que se sentaría en su trono.
2.30:
Sal 89.3-4
132.11
31Esto lo vio antes de que sucediera, y habló de la resurrección de Cristo y de que su alma no se quedaría en el Hades, ni su cuerpo se corrompería.32Pues a este Jesús Dios lo resucitó, y de eso todos nosotros somos testigos.33Y como él fue exaltado por la diestra de Dios, recibió del Padre la promesa del Espíritu Santo, y ha derramado esto que ahora están viendo y oyendo.34David mismo no subió a los cielos, pero sí dice:

»Dijo el Señor a mi señor:

Siéntate a mi derecha,

35hasta que yo ponga a tus enemigos

por estrado de tus pies.

2.34-35:
Sal 110.1

36»Sépalo bien todo el pueblo de Israel, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.»

37Al oír esto, todos sintieron un profundo remordimiento en su corazón, y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»

38Y Pedro les dijo: «Arrepiéntanse, y bautícense todos ustedes en el nombre de Jesucristo, para que sus pecados les sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo.39Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos, para todos los que están lejos, y para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios llame.»40Y con muchas otras palabras les hablaba y los animaba. Les decía: «Pónganse a salvo de esta generación perversa.»41Fue así como los que recibieron su palabra fueron bautizados, y ese día se añadieron como tres mil personas,42las cuales se mantenían fieles a las enseñanzas de los apóstoles y en el mutuo compañerismo, en el partimiento del pan y en las oraciones.

La vida de los primeros cristianos

43Al ver las muchas maravillas y señales que los apóstoles hacían, todos se llenaban de temor,

44y todos los que habían creído se mantenían unidos y lo compartían todo;
2.44:
Hch 4.32-35
45vendían sus propiedades y posesiones, y todo lo compartían entre todos, según las necesidades de cada uno.
2.45:
Mt 19.21
Mc 10.21
Lc 12.33
18.22
46Todos los días se reunían en el templo, y partían el pan en las casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón,47mientras alababan a Dios y brindaban ayuda a todo el pueblo. Y cada día el Señor añadía a la iglesia a los que habían de ser salvos.