Reina Valera Contemporánea (RVRC)
22

Cántico de liberación de David

(Título, Sal 18.1-50)

221David dedicó este cántico al Señor cuando el Señor lo libró de Saúl y de todos sus enemigos.

2Estas son sus palabras:

«Señor, tú eres mi roca y mi fortaleza

¡eres mi libertador!

3Dios mío, tú eres mi fuerza;

¡en ti confío!

Eres mi escudo, mi poderosa salvación,

¡mi alto refugio!

Salvador mío, tú me salvas de la violencia.

4Yo te invoco, Señor,

porque solo tú eres digno de alabanza;

¡tú me salvas de mis adversarios!

5»Los lazos de la muerte me rodearon;

¡me arrolló un torrente de perversidad!

6Los lazos del sepulcro me rodearon;

¡me vi ante las trampas de la muerte!

7Pero en mi angustia, Señor, a ti clamé;

a ti, mi Dios, pedí ayuda,

y desde tu templo me escuchaste;

¡mis gemidos llegaron a tus oídos!

8»La tierra tembló y se estremeció;

los cimientos de los cielos se cimbraron;

¡se sacudieron por la indignación del Señor!

9Humo salía de su nariz

y de su boca brotaba fuego destructor;

¡su furor inflamaba los carbones!

10Inclinó los cielos, y bajó;

a sus pies había densas tinieblas.

11Montó sobre un querubín, y voló;

¡voló sobre las alas del viento!

12Se envolvió en un manto de sombras;

entre grises nubes, cargadas de agua.

13¡De su deslumbrante presencia salieron

ardientes ascuas que cruzaron las nubes!

14»El Señor lanzó un poderoso trueno;

el Altísimo dejó escuchar su voz.

15Lanzó sus flechas, y los dispersó;

¡lanzó relámpagos, y acabó con ellos!

16El Señor dejó oír su reprensión,

¡y a la vista quedó el fondo de las aguas!

De su nariz salió un intenso soplo,

¡y a la vista quedaron los cimientos del mundo!

17»Desde lo alto el Señor me tendió la mano

y me rescató de las aguas tumultuosas;

18¡me libró de los poderosos enemigos

que me odiaban y eran más fuertes que yo!

19Me atacaron en el día de mi desgracia,

pero el Señor me dio su apoyo;

20me llevó a un terreno espacioso,

y me salvó, porque se agradó de mí.

21El Señor me premió porque soy justo;

¡porque mis manos están limpias de culpa!

22»Yo he seguido los caminos del Señor,

y ningún mal he cometido contra mi Dios.

23Tengo presentes todos sus decretos,

y no me he apartado de sus estatutos.

24Con él me he conducido rectamente,

y me he alejado de la maldad;

25el Señor ha visto la limpieza de mis manos,

y por eso ha recompensado mi justicia.

26»Señor, tú eres fiel con el que es fiel,

e intachable con el que es intachable.

27Juegas limpio con quien juega limpio,

pero al tramposo le ganas en astucia.

28Tú salvas a los humildes,

pero humillas a los soberbios.

29Señor, mi Dios,

tú mantienes mi lámpara encendida;

¡tú eres la luz de mis tinieblas!

30¡Con tu ayuda, mi Dios,

puedo vencer ejércitos y derribar murallas!

31»El camino de Dios es perfecto;

la palabra del Señor, acrisolada;

Dios es el escudo de los que en él confían.

32¡Aparte del Señor, no hay otro Dios!

¡Aparte de nuestro Dios, no hay otra Roca!

33Dios es quien me infunde fuerzas;

Dios es quien endereza mi camino;

34Dios es quien me aligera los pies,

y me hace correr como un venado.

22.34:
Hab 3.19

Dios es quien me afirma en las alturas;

35Dios adiestra mis manos para el combate,

y me da fuerzas para tensar el arco de bronce.

36»Tú me diste el escudo de tu salvación,

y con tu bondad me engrandeciste.

37Me pusiste sobre un terreno espacioso,

para que mis pies no resbalaran.

38Así pude perseguir y alcanzar a mis adversarios,

¡y no volví hasta haberlos exterminado!

39Los herí, y ya no se levantaron;

¡quedaron tendidos debajo de mis pies!

40»Tú me infundiste fuerzas para la batalla,

para vencer y humillar a mis adversarios.

41Tú los hiciste ponerse en retirada,

y así acabé con los que me odiaban.

42Clamaron a ti, Señor, pero no los atendiste;

¡no hubo nadie que los ayudara!

43Los hice polvo, los deshice como a terrones;

¡los pisoteé como al lodo en las calles!

44Tú me libraste de un pueblo rebelde,

y me pusiste al frente de las naciones.

Gente que yo no conocía, viene a servirme;

45gente extraña me rinde homenaje;

¡apenas me escuchan, me obedecen!

46¡Gente de otros pueblos se llena de miedo

y sale temblando de sus escondites!

47»¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi roca!

¡Exaltado sea el Dios de mi salvación!

48Es el Dios que vindica mis agravios

y somete a las naciones bajo mis pies.

49Es el Dios que me libra de mis adversarios,

que me eleva por encima de mis oponentes,

¡que me pone a salvo de los violentos!

50Por eso alabo al Señor entre los pueblos,

y canto salmos a su nombre.

22.50:
Ro 15.9

51El Señor da la victoria al rey;

siempre es misericordioso con su ungido,

con David y con sus descendientes.»

23

Últimas palabras de David

231Estas son las últimas palabras de David, el hijo de Yesé. Así se expresó el dulce cantor de Israel, el hombre exaltado y ungido por el Dios de Jacob:

2El espíritu del Señor ha hablado por mí;

ha usado mi lengua para comunicar su palabra.

3Así ha dicho el Dios de Israel;

así me ha hablado la Roca de Israel:

«Un hombre justo y temeroso de Dios

establecerá su reino entre los hombres.

4Será como la luz de la mañana,

como el sol brillante de un claro amanecer,

¡como la lluvia que hace renacer la hierba!

5Así tratará Dios a mis descendientes,

porque él ha hecho conmigo un pacto eterno;

todo está estipulado, y será cumplido.

¡Dios siempre me dará la victoria

y dará cumplimiento a mis deseos!

6Los malvados son como espinos sin raíz,

que nadie se atreve a levantar del suelo,

7pero que si alguien quiere tocarlos,

lo hace con una espada o una lanza

y les prende fuego hasta consumirlos.»

Los valientes de David

(1 Cr 11.10-47)

8Estos son los nombres de los soldados más valientes con que contaba David:

Yoseb Basébet el tacmonita, principal de los capitanes.

Adino el eznita, que mató a ochocientos hombres en una sola batalla.

9Le seguía Eleazar hijo de Dodo el ajojita, que fue uno de los tres más valientes que se quedaron con David cuando desafiaron a los filisteos que estaban listos para la batalla, y los soldados de Israel se habían retirado.

10Eleazar se mantuvo firme y luchó con energía contra los filisteos hasta que el brazo se le cansó y la espada se le quedó pegada a la mano. Aquel día, el Señor les dio una gran victoria, y cuando el ejército lo supo, regresó al campo de batalla solo para recoger el botín de guerra.

11Le seguía Samá hijo de Age, el ararita. Los filisteos se reunieron en Lehí, donde había un sembradío de lentejas, y el ejército israelita huyó por temor a los filisteos.

12Pero Samá se paró en medio de ese terreno y lo defendió; derrotó a los filisteos, y el Señor les dio una gran victoria.

13Cuando llegó el tiempo de la cosecha, tres de los treinta jefes se encontraron con David en la cueva de Adulán, mientras los filisteos acampaban en el valle de Refayin.

14David estaba en una fortaleza, y los filisteos tenían una guarnición en Belén;15y como David tenía mucha sed, dijo: «¡Cómo quisiera beber un poco de agua, del pozo que está a la entrada de Belén!»16Entonces los tres valientes irrumpieron en el campamento filisteo y sacaron agua del pozo de Belén, y se la llevaron a David, pero él no la quiso, sino que la derramó en el suelo como ofrenda al Señor, y dijo:17«¡Que el Señor me libre de hacer esto! ¡Sería como si bebiera la sangre de estos valientes, que pusieron en peligro su vida!» Y no la quiso beber. Tal fue la hazaña de esos tres valientes.

18Abisay, el hermano de Joab hijo de Seruyá, era el más valiente de los treinta. Lo demostró al matar con su lanza a trescientos guerreros. Con esto se hizo famoso entre los tres.

19Era, de hecho, el más famoso de los treinta, y llegó a ser su jefe, pero no llegó a igualar a los tres primeros.

20Le seguía Benaías hijo de Joyadá, hijo de un valiente de Cabsel, que realizó grandes proezas: mató a dos moabitas muy aguerridos; y un día, que estaba nevando, se metió a un foso y mató a un león.

21En otra ocasión, se enfrentó a un egipcio de gran estatura, que traía una lanza en su mano; pero Benaías se lanzó contra el egipcio con solo un palo, y lo desarmó y lo mató con su propia lanza.22Con esto, Benaías hijo de Joyadá se hizo famoso entre los tres valientes.23Y aunque se destacó entre los treinta más valientes, no logró igualar a los tres primeros. Sin embargo, David lo puso como jefe de su guardia personal.

24Asael, que era hermano de Joab, fue contado entre los treinta más valientes;

Eljanán hijo de Dodo, de Belén;

25Samá el harodita,

Elica el harodita,

26Heles el paltita,

Ira hijo de Iques, el tecoíta,

27Abiezer el anatotita,

Mebunay el husatita,

28Salmón el ajojita,

Maray el netofatita,

29Jéleb hijo de Baná, el netofatita,

Itay hijo de Ribay, el benjaminita de Gabaa;

30Benaías el piratonita,

Hiday, el del arroyo de Gaas;

31Abí Albón el arbatita,

Azmavet el barhumita,

32Elijaba el salbonita,

Jonatán, de los descendientes de Jasén;

33Samá el ararita,

Ajían hijo de Sarar, el ararita;

34Elifelet hijo de Ajasbay, nieto de Macá;

Elián hijo de Ajitofel, el gilonita;

35Jesray el carmelita,

Paray el arbita,

36Igal hijo de Natán, el de Soba;

Bani el gadita,

37Selec el amonita,

Najaray el berotita, que era el escudero de Joab hijo de Seruyá;

38Ira el itrita,

Gareb el itrita,

39Urías el hitita.

En total, treinta y siete valientes.

24

David censa al pueblo

(1 Cr 21.1-27)

241Y el Señor volvió a enojarse con el pueblo de Israel, e indujo a David a levantar un censo de todo Israel y Judá.

2Llamó a Joab, que era el general de su ejército, y le dijo:

«Ve y recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y haz un censo del pueblo. Quiero saber cuántos son.»

3Pero Joab le respondió al rey:

«¡Que el Señor multiplique al pueblo cien veces, y que Su Majestad llegue a verlo! ¿Por qué quiere Su Majestad hacer esto?»

4Pero la orden del rey pudo más que Joab y que sus capitanes, así que Joab y sus capitanes salieron del palacio y se dispusieron a levantar el censo de Israel.

5Cruzaron el Jordán y acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que está en el valle de Gaad, junto a Jazer.6De allí fueron a Galaad y a la tierra baja de Jodsí, y luego a Dan Yaán y a los alrededores de Sidón.7Luego fueron a la fortaleza de Tiro, y recorrieron todas las ciudades de los jivitas y de los cananeos, hasta llegar al Néguev de Judá, en Berseba.8Después de nueve meses y veinte días de andar recorriendo todo el país, volvieron a Jerusalén.9Y Joab le presentó al rey el resultado del censo, y resultó que en Israel había ochocientos mil hombres aptos para la guerra, y en Judá había quinientos mil.

10Pero después de haber censado al pueblo, David se sintió muy apesadumbrado y fue a decirle al Señor:

«He cometido un grave pecado. Te ruego, Señor, que perdones a este siervo tuyo por haber sido tan necio.»

11Al día siguiente, cuando David se levantó, la palabra del Señor vino a Gad, el vidente de David, y le dijo:

12«Ve y dile de mi parte a David: “Yo, el Señor, te doy a elegir una de tres cosas. Haré lo que tú elijas.”»

13Gad fue a ver a David y le dio el mensaje del Señor. Le dijo:

«¿Quieres que haya siete años de hambre en tu tierra? ¿O prefieres huir de tus enemigos durante tres meses? ¿O prefieres que haya en tu pueblo tres días de peste? Piénsalo bien, pues debo llevar una respuesta a quien me envía.»

14Entonces David le dijo a Gad:

«Estoy en un gran aprieto. Permíteme caer en las manos del Señor, pues su misericordia es grande en extremo. ¡No me dejes caer en las manos de ningún hombre!»

15Entonces el Señor envió la peste sobre Israel desde la mañana y hasta el día señalado, y desde Dan hasta Berseba murieron setenta mil israelitas.

16Pero cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, el Señor se arrepintió y le dijo al ángel destructor:

«¡Basta ya! ¡Detente!»

El ángel estaba junto a la era de Arauna el jebuseo.

17Y cuando David vio que el ángel destruía al pueblo, le dijo al Señor:

«Yo soy quien ha pecado; yo soy quien hizo mal. ¡Pero estas ovejas no han hecho nada malo! Te ruego que nos castigues a mí y a mi familia.»

18Entonces Gad fue y le dijo:

«Ve y edifica un altar al Señor en la era de Arauna el jebuseo.»

19David fue a cumplir lo que el Señor le había ordenado hacer por medio de Gad,

20y cuando Arauna vio que el rey y sus servidores se acercaban a él, salió de su casa y se inclinó ante el rey hasta tocar el suelo,21y le preguntó:

«¿A qué debe este siervo la visita de Su Majestad?»

Y David le dijo:

«Quiero comprar tu era, para edificar allí un altar al Señor y se detenga la mortandad entre el pueblo.»

22Arauna le respondió:

«Tome Su Majestad lo que le parezca mejor. Yo le ofrezco los toros para el sacrificio, y como leña puede usar los trillos y los yugos de las yuntas.

23Todo lo que Su Majestad necesite, yo se lo doy.»

Todavía añadió Arauna:

«Que el Señor sea propicio a Su Majestad.»

24Pero el rey le respondió:

«De ninguna manera. Yo te pagaré su precio. No voy a ofrecer al Señor mi Dios holocaustos que no me cuesten nada.»

Y David le compró la era y los toros por cincuenta monedas de plata,

25y construyó allí un altar al Señor, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz. Y el Señor escuchó las súplicas del país, y detuvo la plaga en Israel.