Reina Valera Contemporánea (RVRC)
1

Saludo

11Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, saludamos a la iglesia de Dios que está en Corinto,

1.1:
Hch 18.1
con todos los santos que están en toda Acaya.

2Que la gracia y la paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sean con todos ustedes.

Aflicciones de Pablo

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,

4quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están sufriendo, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.5Porque así como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así también por el mismo Cristo abunda nuestra consolación.6Si nosotros sufrimos, es para que ustedes reciban consolación y salvación; si somos consolados, es para que ustedes reciban consuelo y puedan soportar como nosotros cuando pasen por los mismos sufrimientos.7Firme es nuestra esperanza respecto a ustedes, pues sabemos que así como participan en nuestras aflicciones, también participan en nuestra consolación.

8Hermanos, no queremos que ustedes ignoren nada acerca de los sufrimientos que padecimos en Asia;

1.8:
1 Co 15.32
porque fuimos abrumados de manera extraordinaria y más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que hasta perdimos la esperanza de seguir con vida.

9Pero la sentencia de muerte que pendía sobre nosotros fue para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;10y él nos libró, y nos libra, y aún tenemos la esperanza de que él seguirá librándonos de tal peligro de muerte,11si ustedes nos apoyan con sus oraciones por nosotros. Si muchos oran por nosotros, también serán muchos los que den gracias a Dios por el don concedido a nosotros por tantas oraciones.

Pablo pospone su visita a Corinto

12Nuestro motivo de orgullo es el testimonio de nuestra conciencia ante Dios, que nos dice que en este mundo, y especialmente con ustedes, nos hemos comportado no con sabiduría humana, sino con la sencillez y la sinceridad que proviene de Dios.

13Porque no les escribimos nada que no pudieran leer y entender, y espero que al final puedan comprenderlo todo,14así como ya en parte han entendido que pueden estar orgullosos de nosotros, y que nosotros estaremos orgullosos de ustedes en el día del Señor Jesús.

15Seguro de esto, quise antes que nada ir a visitarlos, para que tuvieran una doble bendición;

16es decir, quise visitarlos de camino a Macedonia,
1.16:
Hch 19.21
y visitarlos nuevamente a mi regreso, para que me ayudaran a continuar mi viaje a Judea.
17Cuando quise hacer esto, ¿fue acaso algo decidido a la ligera? ¿Acaso lo que pienso hacer, lo pienso como toda la gente, que está lista para decir «Sí» y «No» al mismo tiempo?18Dios es testigo fiel de que nosotros no les decimos a ustedes «Sí» y «No» al mismo tiempo.19Porque Jesucristo, el Hijo de Dios, que Silvano, Timoteo y yo les hemos predicado,
1.19:
Hch 18.5
no ha sido «Sí» y «No»; sino que siempre ha sido «Sí» en él.
20Porque todas las promesas de Dios en él son «Sí». Por eso, por medio de él también nosotros decimos «Amén», para la gloria de Dios.21Y es Dios el que nos confirma con ustedes en Cristo, y es Dios el que nos ha ungido,22y es Dios el que también nos ha marcado con su sello, y el que, como garantía, ha puesto al Espíritu en nuestros corazones.

23Así que pongo a Dios por testigo de que, si aún no he pasado por Corinto, ha sido por consideración a ustedes.

24No es nuestra intención dirigir la fe de ustedes, sino colaborar con ustedes para que tengan gozo, pues por la fe se mantienen firmes.
2

21Por esto decidí no hacerles otra visita que les causara tristeza.

2Porque si yo los entristezco, ¿quién podrá alegrarme, sino aquel a quien yo entristecí?3Por eso les escribí como lo hice, para que ustedes no me pongan triste cuando yo llegue, cuando en realidad debieran alegrarme, pues yo estaba convencido de que todos ustedes harían suya mi alegría.4Era tanto el dolor y la angustia de mi corazón que, al escribirles, lo hice con muchas lágrimas. Pero no lo hice para entristecerlos, sino para que comprendieran el gran amor que les tengo.

Pablo perdona al ofensor

5Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado solo a mí sino, en cierto modo, a todos ustedes (y espero no exagerar).

6El castigo que muchos de ustedes le impusieron a esa persona, es suficiente.7Ahora deben perdonarlo y consolarlo, pues de lo contrario podría consumirlo la tristeza.8Por tanto, les ruego que confirmen su amor hacia él.9También les escribí para comprobar la obediencia de ustedes en todo.10Así que a quien ustedes perdonen, yo también lo perdono. Y se lo perdono, si es que hay algo que perdonar, por consideración a ustedes en la presencia de Cristo;11no vaya a ser que Satanás se aproveche de nosotros, pues conocemos sus malignas intenciones.

Ansiedad de Pablo en Troas

12Aunque el Señor me había provisto una buena oportunidad para trabajar en Troas, cuando llegué a ese lugar para predicar el evangelio de Cristo

13estaba yo muy intranquilo por no haber encontrado allí a mi hermano Tito. Por eso, me despedí de ellos y me fui a Macedonia.
2.12-13:
Hch 20.1

Triunfantes en Cristo

14Pero gracias a Dios, que en Cristo Jesús siempre nos hace salir triunfantes, y que por medio de nosotros manifiesta en todas partes el aroma de su conocimiento.

15Ciertamente, para Dios somos el fragante aroma de Cristo, tanto en los que se salvan como en los que se pierden.16Para estos somos olor de muerte, que lleva a la muerte, y para aquellos somos olor de vida que lleva a la vida. ¿Quién está calificado para una tarea tan importante?17Nosotros no somos como muchos, que negocian con la palabra de Dios, sino que hablamos de Cristo con sinceridad, como enviados por Dios, y en la presencia de Dios.
3

Ministros del nuevo pacto

31¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos acaso que presentarles a ustedes, o pedir de ustedes, cartas de recomendación, como hacen algunos?

2Nuestras cartas son ustedes mismos, y fueron escritas en nuestro corazón, y son conocidas y leídas por todos.3Es evidente que ustedes son una carta escrita por Cristo y expedida por nosotros; carta que no fue escrita con tinta sino con el Espíritu del Dios vivo, y no en tablas de piedra
3.3:
Ex 24.12
sino en las tablas de corazones que sienten.

4Esta es la confianza que tenemos ante Dios por medio de Cristo.

5Y no es que nos creamos competentes por nosotros mismos, como si esta competencia nuestra surgiera de nuestra propia capacidad. Nuestra competencia proviene de Dios,6pues él nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto,
3.6:
Jer 31.31-34
no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica.

7Si el ministerio que llevaba a la muerte, y cuya letra estaba grabada en piedra, fue tan glorioso que los hijos de Israel no podían ni mirar el rostro de Moisés debido al resplandor que su rostro reflejaba,

3.7:
Ex 34.29
aunque era un resplandor efímero,

8¿no será más glorioso aún el ministerio del Espíritu?9A decir verdad, si el ministerio de la condenación fue glorioso, más glorioso aún será el ministerio de la justificación,10pues incluso lo que fue glorioso en su momento, ya no lo es tanto si se compara con la gloria más excelsa.11Y si lo perecedero era glorioso, mucho más glorioso será lo permanente.

12Por lo tanto, como nosotros tenemos tal esperanza, actuamos con plena libertad.

13No actuamos como Moisés, que se cubría el rostro con un velo
3.13:
Ex 34.33
para que los hijos de Israel no se fijaran en el fin de lo perecedero.
14Pero la mente de ellos se endureció, y hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, llevan puesto el mismo velo, que solamente por medio de Cristo puede ser quitado.15Y aun hasta el día de hoy, cuando leen a Moisés, el velo les cubre el corazón;16pero ese velo les será quitado cuando se conviertan al Señor.17Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.18Por lo tanto, todos nosotros, que miramos la gloria del Señor a cara descubierta, como en un espejo, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.