Reina Valera Contemporánea (RVRC)
22

221David se fue de allí y se dirigió a la cueva de Adulán.

22.1:
Sal 57Sal 142
Cuando sus hermanos y toda la familia de su padre lo supieron, fueron a verlo.

2Y lo supo también mucha gente afligida, y otros con muchas deudas, o presas de gran amargura, y se le unieron unos cuatrocientos hombres y lo hicieron su jefe.3Entonces David salió de allí y se fue a Mispá de Moab, y le dijo al rey de ese lugar:

«Te ruego que recibas a mi padre y mi madre, y los protejas hasta que yo sepa lo que Dios va a hacer conmigo.»

4Fue así como David llevó a sus padres ante el rey de Moab, y ellos vivieron allí mientras David estaba en la fortaleza.

5Pero el profeta Gad le dijo a David:

«Ya es tiempo de que salgas de la fortaleza y vayas a la tierra de Judá».

Y David se fue, y llegó al bosque de Jaret.

Saúl mata a los sacerdotes de Nob

6Saúl estaba descansando en una colina de Gabaa, a la sombra de un tamarisco, cuando tuvo noticias de David y de quienes lo acompañaban. Saúl tenía su lanza en la mano, y sus sirvientes estaban a su alrededor.

7Entonces les dijo:

«Ustedes, benjaminitas, escúchenme bien: ¿Acaso el hijo de Yesé les ha dado tierras de labranza, o viñas, o los ha nombrado comandantes y capitanes de su ejército?

8¿Por qué han conspirado contra mí? ¿Por qué nadie me ha dicho que mi hijo Jonatán se ha aliado con el hijo de Yesé? ¡Ustedes no me tienen compasión! ¡Han dejado que mi hijo ponga en contra mía a mi siervo David, y ahora él me anda espiando!»

9Entonces el edomita Doeg, que era jefe de los sirvientes de Saúl, dijo:

«Yo estaba en Nob, y vi cuando el hijo de Yesé llegó a visitar a Ajimélec hijo de Ajitob.

10Este sacerdote consultó al Señor por David, y además le dio pan y la espada del filisteo Goliat.»
22.9-10:
Sal 52

11El rey mandó traer entonces al sacerdote Ajimélec hijo de Ajitob, y a la familia de su padre y a los sacerdotes que estaban en Nob, y cuando todos ellos estuvieron ante el rey,

12Saúl dijo:

«Escúchame, hijo de Ajitob.»

Y el sacerdote respondió:

«Te escucho, mi señor.»

13Y Saúl le respondió:

«¿Por qué tú y el hijo de Yesé han conspirado contra mí? Yo sé que le diste pan, y una espada, y consultaste al Señor por él para que se ponga en contra mía. ¡Y ahora me anda espiando!»

14Entonces Ajimélec le contestó al rey:

«¿Hay entre todos tus sirvientes alguien que iguale a David en la fidelidad que te tiene? No solo es tu yerno, y está bajo tus órdenes, sino que le ha dado renombre a tu casa.

15¿Acaso es la primera vez que consulto a Dios por él? ¡De ninguna manera! No culpe Su Majestad de nada a este siervo suyo, ni a nadie en mi familia. De este asunto no sé nada, ni poco ni mucho.»

16Pero el rey dijo:

«Puedes estar seguro, Ajimélec, que tú y toda la familia de tu padre morirán.»

17Y dirigiéndose el rey a los guardias que lo rodeaban, les ordenó:

«¡Maten a los sacerdotes del Señor! También ellos le son fieles a David, pues sabían que él huía de mí, y no me lo hicieron saber.»

Pero los guardias se negaron a cumplir la orden de matar a los sacerdotes del Señor,

18así que el rey llamó a Doeg y le dijo:

«Ven y mátalos tú mismo.»

Y Doeg arremetió contra ellos, y ese mismo día mató a ochenta y cinco sacerdotes que vestían efod de lino.

19Luego entró en Nob, donde vivían los sacerdotes, y mató a hombres, mujeres y niños de pecho, y hasta mató bueyes, asnos y ovejas. A todos los mató a filo de espada.

20Pero Abiatar, que era uno de los hijos de Ajimélec hijo de Ajitob, logró escapar y fue en busca de David.

21Cuando lo encontró, lo puso al tanto de cómo Saúl había ordenado matar a los sacerdotes del Señor.22Entonces David le dijo a Abiatar:

«Cuando vi a Doeg el edomita en Nob, me imaginé que él iría a decirle a Saúl que me había visto. Yo tengo la culpa de que hayan matado a toda la familia de tu padre.

23Pero quédate conmigo y no tengas miedo, pues quien busca matarme también te buscará a ti, pero conmigo estarás a salvo.»
23

David en el desierto

231Un día los filisteos atacaron la ciudad de Keila para saquear sus eras, y cuando le dijeron a David lo que sucedía,

2este fue y consultó al Señor. Le preguntó:

«¿Puedo ir y atacar a los filisteos?»

Y el Señor le respondió:

«Sí, atácalos y libera a los habitantes de Keila»

3Pero los que lo acompañaban le dijeron:

«Aun cuando vivimos aquí en Judá, lejos de los filisteos, estos nos infunden temor. Si vamos a Keila para luchar contra su ejército, ¡nuestro miedo será mayor!»

4David volvió a consultar al Señor, y el Señor le dijo:

«Date prisa y ve a Keila, porque yo pondré a los filisteos en tus manos.»

5Entonces David fue con sus hombres a Keila, y pelearon contra los filisteos, y los derrotaron y se llevaron sus ganados. Así libró David a los habitantes de Keila.

6Cuando Abiatar hijo de Ajimélec salió huyendo en busca de David, llevaba el efod consigo.

7Saúl se enteró de que David estaba en Keila, y pensó: «Dios lo ha puesto en mis manos. David mismo se ha entregado al encerrarse en la ciudad y ponerse tras sus puertas y cerrojos.»

8Entonces Saúl reunió a su ejército para ir a Keila y sitiar la ciudad con David y sus hombres adentro,

9pero David entendió el mal que Saúl tramaba contra él, así que le pidió al sacerdote Abiatar que llevara el efod,10y consultó al Señor:

«Dios de Israel, yo soy tu siervo y entiendo que Saúl piensa venir a Keila y destruir la ciudad por culpa mía.

11¿Van a ponerme en sus manos los habitantes de esta ciudad? ¿Realmente va a venir Saúl, como me han dicho? Señor, Dios de Israel, yo te ruego que me digas si esto va a suceder.»

Y el Señor le dijo:

«Así es. Saúl va a venir.»

12Y David volvió a preguntarle:

«¿Nos van a entregar los habitantes de la ciudad, a mí y a mis hombres, al poder de Saúl?»

Y el Señor respondió:

«Sí, los van a entregar.»

13Entonces David salió de Keila, junto con sus seiscientos hombres, y anduvieron errantes de un lugar a otro. Y cuando Saúl supo que David había huido de Keila, desistió de ir allá.

14Así, David se quedó en las fortalezas del desierto, y vivió en un monte del desierto de Zif; y aunque Saúl lo buscaba todos los días, el Señor le impidió encontrarlo.

15Como David sabía que Saúl lo buscaba para matarlo, se quedó escondido en Hores, en el desierto de Zif.

16Y un día, Jonatán hijo de Saúl fue a Hores para visitar a David, y lo animó a no perder su confianza en Dios.17Le dijo:

«No tengas miedo, David, que mi padre no va a encontrarte. Yo estoy seguro de que tú vas a ser rey de Israel, y de que yo seré el segundo en importancia. Eso, hasta Saúl mi padre lo sabe.»

18Y después de que los dos hicieron un pacto delante del Señor,

23.18:
1 S 18.3
David se quedó en Hores y Jonatán se regresó a su casa.

19Pero los habitantes de Zif fueron a Gabaa para decirle a Saúl:

«David está escondido en nuestras tierras, en las peñas de Horeb, y más exactamente en la colina de Jaquilá, al sur del desierto.

23.19:
Sal 54

20Si Su Majestad se da prisa, nosotros lo pondremos en sus manos, para que Su Majestad cumpla con él sus propósitos.»

21Y Saúl les dijo:

«¡Que el Señor los bendiga por haberse compadecido de mí!

22Pueden irse, pero averigüen dónde está su escondite, y si alguien lo ha visto por allí, porque me han dicho que él es muy astuto.23Fíjense bien y averigüen dónde se esconde, y vuelvan con una información segura. Entonces yo iré con ustedes, y si David está en sus tierras, yo lo voy a buscar entre los miles que hay en Judá.»

24Los habitantes de Zif se despidieron de Saúl y se fueron a sus tierras. Para entonces, David y sus hombres se encontraban en Maón, al sur del desierto de Arabá.

25Y cuando David supo que Saúl y sus soldados lo perseguían, bajó a la peña y se quedó en el desierto de Maón. Pero Saúl lo supo y lo persiguió hasta allá.26Por un costado del monte iba Saúl persiguiendo a David, mientras David y sus hombres iban de prisa por el otro lado tratando de escapar, pues les había cerrado el paso y estaba a punto de capturarlos.

27Pero Saúl recibió un mensaje urgente, que decía: «Los filisteos han invadido tus tierras. Ven pronto a protegerlas.»

28Entonces Saúl dejó de perseguir a David, y regresó para luchar contra los filisteos. Por eso el lugar se llama Sela Hamajlecot.23.28 Es decir, Peña de las divisiones.29David, por su parte, se fue de allí y se quedó a vivir cerca de las fortalezas de Engadí.
24

David perdona la vida a Saúl en Engadí

241Cuando Saúl volvió de luchar contra los filisteos, le dijeron que David se encontraba en el desierto de Engadí.

2Entonces tomó a tres mil de sus mejores soldados y se fue tras David y sus hombres. Subió por los peñascos de las cabras monteses,3y cuando llegó a un redil de ovejas, donde había una cueva, se metió allí para cubrirse los pies; ¡y David y sus hombres estaban escondidos en un rincón!
24.3:
Sal 57Sal 142
4Entonces le dijeron a David:

«Este día el Señor cumple su promesa, cuando te dijo: “Tu enemigo está en tus manos. Haz con él lo que te parezca mejor.”»

Enseguida, David se levantó y sigilosamente cortó el borde del manto de Saúl.

5Después de haber cortado el manto del rey, David se sintió muy mal6y les dijo a sus hombres:

«Que el Señor me libre de hacerle daño a mi señor. ¡Él es el ungido del Señor! ¡No puedo extender mi mano contra él!»

7Con estas palabras David reprendió a sus hombres, y no les permitió hacerle ningún daño al rey. Y cuando Saúl salió de la cueva, siguió su camino.

8Pero David salió detrás del rey y, una vez afuera, gritó de manera que Saúl lo oyera:

«¡Mi señor y rey!»

Saúl volvió la mirada y vio que David, de rodillas y con el rostro inclinado en actitud de reverencia,

9le decía:

«¿Por qué te dejas guiar por quienes te dicen que yo te busco para hacerte daño?

10Comprueba por ti mismo que el Señor te puso hoy en mis manos, allí dentro de la cueva. Mis hombres me insistían que te matara, pero yo te perdoné, pues me dije: “No puedo hacerle ningún mal a mi señor, porque Dios lo consagró como rey.”11Mira, padre mío: aquí en mi mano tengo el borde de tu manto. Yo lo corté, y no te maté. Date cuenta de que nunca te he traicionado, y tampoco te he hecho ningún mal; sin embargo, tú me andas persiguiendo con la intención de matarme.12Que el Señor nos juzgue a los dos, y que él me vengue de ti, pero yo nunca levantaré mis manos contra ti.13Recuerda el antiguo proverbio: “De los malvados proviene la maldad”. Así que yo nunca levantaré mi mano contra ti.14¿A quién anda persiguiendo el rey de Israel? ¿A quién busca? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga?15¡Que el Señor sea el juez que nos juzgue a los dos! ¡Que vea él mi causa y la defienda, y me defienda de ti!»

16Cuando David terminó de hablar, Saúl dijo:

«¿Acaso no eres tú quien habla, David, hijo mío?»

Y en ese momento Saúl lloró,

17y enseguida dijo:

«Tú has actuado con más justicia que yo, porque me has tratado con bondad, mientras que yo te he tratado mal.

18Hoy me has demostrado que eres un hombre bueno, porque el Señor me puso en tus manos y no me mataste.19¿Quién, pudiendo matar a su enemigo, lo deja ir sano y salvo? ¡Que el Señor te bendiga por lo que hoy hiciste conmigo!20Yo entiendo que tú vas a ser rey de Israel, y que bajo tu mando el reino de Israel será firme y estable.21Júrame, entonces, delante del Señor, que no eliminarás a mis descendientes ni borrarás el nombre de mi familia.»

22Y David se lo juró a Saúl. Entonces Saúl regresó a su casa, y David y sus hombres se fueron a la fortaleza.