Reina Valera Contemporánea (RVRC)
2

Cristo, nuestro abogado

21Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Si alguno ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo el justo.

2Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.3Con esto podemos saber que lo conocemos: si obedecemos sus mandamientos.4El que dice: «Yo lo conozco», y no obedece sus mandamientos, es un mentiroso, y no hay verdad en él.5El amor de Dios se ha perfeccionado verdaderamente en el que obedece su palabra, y por esto sabemos que estamos en él.6El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.

El nuevo mandamiento

7Hermanos, no les escribo un mandamiento nuevo,

2.7:
Jn 13.34
sino el mandamiento antiguo que ustedes han tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que han oído desde el principio.

8Sin embargo, les escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en ustedes, porque las tinieblas se van desvaneciendo, y la luz verdadera ya alumbra.9El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.10El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo.11Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.

12Les escribo a ustedes, hijitos, porque sus pecados les han sido perdonados por su nombre.

13Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les escribo a ustedes, hijitos, porque han conocido al Padre.14Les he escrito a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes, y la palabra de Dios permanece en ustedes, y han vencido al maligno.

15No amen al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

16Porque todo lo que hay en el mundo, es decir, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.17El mundo y sus deseos pasan; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

El anticristo

18Hijitos, han llegado los últimos tiempos; y así como ustedes oyeron que el anticristo viene, ahora han surgido muchos anticristos; por esto sabemos que han llegado los últimos tiempos.

19Ellos salieron de nosotros, pero no eran de nosotros. Si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron para que fuera evidente que no todos son de nosotros.20Pero ustedes tienen la unción del Santo, y conocen todas las cosas.21No les he escrito porque no conozcan la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad.22¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.23Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.24Que permanezca en ustedes lo que han oído desde el principio. Si lo que han oído desde el principio permanece en ustedes, también ustedes permanecerán en el Hijo y en el Padre.25Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.

26Les he escrito esto acerca de quienes los engañan.

27La unción que ustedes recibieron de él permanece en ustedes, y no tienen necesidad de que nadie les enseñe. Así como la unción misma les enseña todas las cosas, y es verdadera y no falsa, permanezcan en él, tal y como él les ha enseñado.

28Y ahora, hijitos, permanezcan en él para que, cuando se manifieste, tengamos confianza, y cuando venga no nos alejemos de él avergonzados.

29Si saben que él es justo, sepan también que todo el que hace justicia ha nacido de él.
3

Hijos de Dios

31Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha concedido ser llamados hijos de Dios. Y lo somos.

3.1:
Jn 1.12
El mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él.

2Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque lo veremos tal como él es.3Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

4Todo aquel que comete pecado, quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley.

5Y ustedes saben que él apareció para quitar nuestros pecados,
3.5:
Jn 1.29
y en él no hay pecado.
6Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no lo ha visto, ni lo ha conocido.7Hijitos, que nadie los engañe, el que hace justicia es justo, así como él es justo.8El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se ha manifestado el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo.9Todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios.10En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, ni ama a su hermano, tampoco es de Dios.

11Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros.

3.11:
Jn 13.34

12No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano.
3.12:
Gn 4.8
¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas.
13Hermanos míos, no se extrañen si el mundo los odia.14En esto sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida:
3.14:
Jn 5.24
en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en la muerte.
15Todo aquel que odia a su hermano es homicida, y ustedes saben que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.16En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. Así también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.17Pero ¿cómo puede habitar el amor de Dios en aquel que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano pasar necesidad, y le cierra su corazón?18Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

19Y en esto sabemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestro corazón delante de él,

20pues si nuestro corazón nos reprende, Dios es mayor que nuestro corazón, y él sabe todas las cosas.21Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios,22y recibiremos de él todo lo que le pidamos, porque obedecemos sus mandamientos, y hacemos las cosas que le son agradables.23Este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como Dios nos lo ha mandado.
3.23:
Jn 13.34
15.12,17
24El que obedece sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. En esto sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que él nos ha dado.
4

El Espíritu de Dios y el espíritu del anticristo

41Amados, no crean a todo espíritu, sino pongan a prueba los espíritus, para ver si son de Dios. Porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.

2Pero esta es la mejor manera de reconocer el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;3y todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios. Este es el espíritu del anticristo, el cual ustedes han oído que viene, y que ya está en el mundo.4Hijitos, ustedes son de Dios, y han vencido a esos falsos profetas, porque mayor es el que está en ustedes que el que está en el mundo.5Ellos son del mundo. Por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.6Nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. Por esto sabemos cuál es el espíritu de la verdad, y cuál es el espíritu del error.

Dios es amor

7Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios.

8El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.9En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él.10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.11Amados, si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos unos a otros.12Nadie ha visto jamás a Dios.
4.12:
Jn 1.18
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se perfecciona en nosotros.

13En esto sabemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que él nos ha dado de su Espíritu.

14Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.15Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios en él.16Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.17En esto se perfecciona el amor en nosotros: para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.18En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. Por lo tanto, el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.19Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero.20Si alguno dice: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto?21Nosotros recibimos de él este mandamiento: El que ama a Dios, ame también a su hermano.