Biblia Reina Valera 1960 (RVR60)
7

Las artimañas de la ramera

71Hijo mío, guarda mis razones,

Y atesora contigo mis mandamientos.

2Guarda mis mandamientos y vivirás,

Y mi ley como las niñas de tus ojos.

3Lígalos a tus dedos;

Escríbelos en la tabla de tu corazón.

4Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana,

Y a la inteligencia llama parienta;

5Para que te guarden de la mujer ajena,

Y de la extraña que ablanda sus palabras.

6Porque mirando yo por la ventana de mi casa,

Por mi celosía,

7Vi entre los simples,

Consideré entre los jóvenes,

A un joven falto de entendimiento,

8El cual pasaba por la calle, junto a la esquina,

E iba camino a la casa de ella,

9A la tarde del día, cuando ya oscurecía,

En la oscuridad y tinieblas de la noche.

10Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro,

Con atavío de ramera y astuta de corazón.

11Alborotadora y rencillosa,

Sus pies no pueden estar en casa;

12Unas veces está en la calle, otras veces en las plazas,

Acechando por todas las esquinas.

13Se asió de él, y le besó.

Con semblante descarado le dijo:

14Sacrificios de paz había prometido,

Hoy he pagado mis votos;

15Por tanto, he salido a encontrarte,

Buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado.

16He adornado mi cama con colchas

Recamadas con cordoncillo de Egipto;

17He perfumado mi cámara

Con mirra, áloes y canela.

18Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana;

Alegrémonos en amores.

19Porque el marido no está en casa;

Se ha ido a un largo viaje.

20La bolsa de dinero llevó en su mano;

El día señalado volverá a su casa.

21Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras,

Le obligó con la zalamería de sus labios.

22Al punto se marchó tras ella,

Como va el buey al degolladero,

Y como el necio a las prisiones para ser castigado;

23Como el ave que se apresura a la red,

Y no sabe que es contra su vida,

Hasta que la saeta traspasa su corazón.

24Ahora pues, hijos, oídme,

Y estad atentos a las razones de mi boca.

25No se aparte tu corazón a sus caminos;

No yerres en sus veredas.

26Porque a muchos ha hecho caer heridos,

Y aun los más fuertes han sido muertos por ella.

27Camino al Seol es su casa,

Que conduce a las cámaras de la muerte.

8

Excelencia y eternidad de la Sabiduría

81¿No clama la sabiduría,

Y da su voz la inteligencia?

2En las alturas junto al camino,

A las encrucijadas de las veredas se para;

3En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad,

A la entrada de las puertas da voces:

8.1-3:
Pr. 1.20-21

4Oh hombres, a vosotros clamo;

Dirijo mi voz a los hijos de los hombres.

5Entended, oh simples, discreción;

Y vosotros, necios, entrad en cordura.

6Oíd, porque hablaré cosas excelentes,

Y abriré mis labios para cosas rectas.

7Porque mi boca hablará verdad,

Y la impiedad abominan mis labios.

8Justas son todas las razones de mi boca;

No hay en ellas cosa perversa ni torcida.

9Todas ellas son rectas al que entiende,

Y razonables a los que han hallado sabiduría.

10Recibid mi enseñanza, y no plata;

Y ciencia antes que el oro escogido.

11Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas;

Y todo cuanto se puede desear, no es de compararse con ella.

12Yo, la sabiduría, habito con la cordura,

Y hallo la ciencia de los consejos.

13El temor de Jehová es aborrecer el mal;

La soberbia y la arrogancia, el mal camino,

Y la boca perversa, aborrezco.

14Conmigo está el consejo y el buen juicio;

Yo soy la inteligencia; mío es el poder.

15Por mí reinan los reyes,

Y los príncipes determinan justicia.

16Por mí dominan los príncipes,

Y todos los gobernadores juzgan la tierra.

17Yo amo a los que me aman,

Y me hallan los que temprano me buscan.

18Las riquezas y la honra están conmigo;

Riquezas duraderas, y justicia.

19Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado;

Y mi rédito mejor que la plata escogida.

20Por vereda de justicia guiaré,

Por en medio de sendas de juicio,

21Para hacer que los que me aman tengan su heredad,

Y que yo llene sus tesoros.

22Jehová me poseía en el principio,

Ya de antiguo, antes de sus obras.

8.22:
Ap. 3.14

23Eternamente tuve el principado, desde el principio,

Antes de la tierra.

24Antes de los abismos fui engendrada;

Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.

25Antes que los montes fuesen formados,

Antes de los collados, ya había sido yo engendrada;

26No había aún hecho la tierra, ni los campos,

Ni el principio del polvo del mundo.

27Cuando formaba los cielos, allí estaba yo;

Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;

28Cuando afirmaba los cielos arriba,

Cuando afirmaba las fuentes del abismo;

29Cuando ponía al mar su estatuto,

Para que las aguas no traspasasen su mandamiento;

Cuando establecía los fundamentos de la tierra,

30Con él estaba yo ordenándolo todo,

Y era su delicia de día en día,

Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.

31Me regocijo en la parte habitable de su tierra;

Y mis delicias son con los hijos de los hombres.

32Ahora, pues, hijos, oídme,

Y bienaventurados los que guardan mis caminos.

33Atended el consejo, y sed sabios,

Y no lo menospreciéis.

34Bienaventurado el hombre que me escucha,

Velando a mis puertas cada día,

Aguardando a los postes de mis puertas.

35Porque el que me halle, hallará la vida,

Y alcanzará el favor de Jehová.

36Mas el que peca contra mí, defrauda su alma;

Todos los que me aborrecen aman la muerte.

9

La Sabiduría y la mujer insensata

91La sabiduría edificó su casa,

Labró sus siete columnas.

2Mató sus víctimas, mezcló su vino,

Y puso su mesa.

3Envió sus criadas;

Sobre lo más alto de la ciudad clamó.

4Dice a cualquier simple: Ven acá.

A los faltos de cordura dice:

5Venid, comed mi pan,

Y bebed del vino que yo he mezclado.

6Dejad las simplezas, y vivid,

Y andad por el camino de la inteligencia.

7El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta;

El que reprende al impío, se atrae mancha.

8No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca;

Corrige al sabio, y te amará.

9Da al sabio, y será más sabio;

Enseña al justo, y aumentará su saber.

10El temor de Jehová es el principio de la sabiduría,

9.10:
Job 28.28
Sal. 111.10
Pr. 1.7

Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia.

11Porque por mí se aumentarán tus días,

Y años de vida se te añadirán.

12Si fueres sabio, para ti lo serás;

Y si fueres escarnecedor, pagarás tú solo.

13La mujer insensata es alborotadora;

Es simple e ignorante.

14Se sienta en una silla a la puerta de su casa,

En los lugares altos de la ciudad,

15Para llamar a los que pasan por el camino,

Que van por sus caminos derechos.

16Dice a cualquier simple: Ven acá.

A los faltos de cordura dijo:

17Las aguas hurtadas son dulces,

Y el pan comido en oculto es sabroso.

18Y no saben que allí están los muertos;

Que sus convidados están en lo profundo del Seol.