Biblia Reina Valera 1960 (RVR60)
21

211Como los repartimientos de las aguas,

Así está el corazón del rey en la mano de Jehová;

A todo lo que quiere lo inclina.

2Todo camino del hombre es recto en su propia opinión;

Pero Jehová pesa los corazones.

3Hacer justicia y juicio es a Jehová

Más agradable que sacrificio.

4Altivez de ojos, y orgullo de corazón,

Y pensamiento de impíos, son pecado.

5Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia;

Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza.

6Amontonar tesoros con lengua mentirosa

Es aliento fugaz de aquellos que buscan la muerte.

7La rapiña de los impíos los destruirá,

Por cuanto no quisieron hacer juicio.

8El camino del hombre perverso es torcido y extraño;

Mas los hechos del limpio son rectos.

9Mejor es vivir en un rincón del terrado

Que con mujer rencillosa en casa espaciosa.

10El alma del impío desea el mal;

Su prójimo no halla favor en sus ojos.

11Cuando el escarnecedor es castigado, el simple se hace sabio;

Y cuando se le amonesta al sabio, aprende ciencia.

12Considera el justo la casa del impío,

Cómo los impíos son trastornados por el mal.

13El que cierra su oído al clamor del pobre,

También él clamará, y no será oído.

14La dádiva en secreto calma el furor,

Y el don en el seno, la fuerte ira.

15Alegría es para el justo el hacer juicio;

Mas destrucción a los que hacen iniquidad.

16El hombre que se aparta del camino de la sabiduría

Vendrá a parar en la compañía de los muertos.

17Hombre necesitado será el que ama el deleite,

Y el que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá.

18Rescate del justo es el impío,

Y por los rectos, el prevaricador.

19Mejor es morar en tierra desierta

Que con la mujer rencillosa e iracunda.

20Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio;

Mas el hombre insensato todo lo disipa.

21El que sigue la justicia y la misericordia

Hallará la vida, la justicia y la honra.

22Tomó el sabio la ciudad de los fuertes,

Y derribó la fuerza en que ella confiaba.

23El que guarda su boca y su lengua,

Su alma guarda de angustias.

24Escarnecedor es el nombre del soberbio y presuntuoso

Que obra en la insolencia de su presunción.

25El deseo del perezoso le mata,

Porque sus manos no quieren trabajar.

26Hay quien todo el día codicia;

Pero el justo da, y no detiene su mano.

27El sacrificio de los impíos es abominación;

¡Cuánto más ofreciéndolo con maldad!

28El testigo mentiroso perecerá;

Mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho.

29El hombre impío endurece su rostro;

Mas el recto ordena sus caminos.

30No hay sabiduría, ni inteligencia,

Ni consejo, contra Jehová.

31El caballo se alista para el día de la batalla;

Mas Jehová es el que da la victoria.

22

221De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas,

Y la buena fama más que la plata y el oro.

2El rico y el pobre se encuentran;

A ambos los hizo Jehová.

3El avisado ve el mal y se esconde;

Mas los simples pasan y reciben el daño.

4Riquezas, honra y vida

Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.

5Espinos y lazos hay en el camino del perverso;

El que guarda su alma se alejará de ellos.

6Instruye al niño en su camino,

Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

7El rico se enseñorea de los pobres,

Y el que toma prestado es siervo del que presta.

8El que sembrare iniquidad, iniquidad segará,

Y la vara de su insolencia se quebrará.

9El ojo misericordioso será bendito,

Porque dio de su pan al indigente.

10Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la contienda,

Y cesará el pleito y la afrenta.

11El que ama la limpieza de corazón,

Por la gracia de sus labios tendrá la amistad del rey.

12Los ojos de Jehová velan por la ciencia;

Mas él trastorna las cosas de los prevaricadores.

13Dice el perezoso: El león está fuera;

Seré muerto en la calle.

14Fosa profunda es la boca de la mujer extraña;

Aquel contra el cual Jehová estuviere airado caerá en ella.

15La necedad está ligada en el corazón del muchacho;

Mas la vara de la corrección la alejará de él.

16El que oprime al pobre para aumentar sus ganancias,

O que da al rico, ciertamente se empobrecerá.

Preceptos y amonestaciones

17Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios,

Y aplica tu corazón a mi sabiduría;

18Porque es cosa deliciosa, si las guardares dentro de ti;

Si juntamente se afirmaren sobre tus labios.

19Para que tu confianza sea en Jehová,

Te las he hecho saber hoy a ti también.

20¿No te he escrito tres veces

En consejos y en ciencia,

21Para hacerte saber la certidumbre de las palabras de verdad,

A fin de que vuelvas a llevar palabras de verdad a los que te enviaron?

22No robes al pobre, porque es pobre,

Ni quebrantes en la puerta al afligido;

23Porque Jehová juzgará la causa de ellos,

Y despojará el alma de aquellos que los despojaren.

24No te entremetas con el iracundo,

Ni te acompañes con el hombre de enojos,

25No sea que aprendas sus maneras,

Y tomes lazo para tu alma.

26No seas de aquellos que se comprometen,

Ni de los que salen por fiadores de deudas.

27Si no tuvieres para pagar,

¿Por qué han de quitar tu cama de debajo de ti?

28No traspases los linderos antiguos

Que pusieron tus padres.

29¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará;

No estará delante de los de baja condición.

23

231Cuando te sientes a comer con algún señor,

Considera bien lo que está delante de ti,

2Y pon cuchillo a tu garganta,

Si tienes gran apetito.

3No codicies sus manjares delicados,

Porque es pan engañoso.

4No te afanes por hacerte rico;

Sé prudente, y desiste.

5¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas?

Porque se harán alas

Como alas de águila, y volarán al cielo.

6No comas pan con el avaro,

Ni codicies sus manjares;

7Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.

Come y bebe, te dirá;

Mas su corazón no está contigo.

8Vomitarás la parte que comiste,

Y perderás tus suaves palabras.

9No hables a oídos del necio,

Porque menospreciará la prudencia de tus razones.

10No traspases el lindero antiguo,

Ni entres en la heredad de los huérfanos;

11Porque el defensor de ellos es el Fuerte,

El cual juzgará la causa de ellos contra ti.

12Aplica tu corazón a la enseñanza,

Y tus oídos a las palabras de sabiduría.

13No rehúses corregir al muchacho;

Porque si lo castigas con vara, no morirá.

14Lo castigarás con vara,

Y librarás su alma del Seol.

15Hijo mío, si tu corazón fuere sabio,

También a mí se me alegrará el corazón;

16Mis entrañas también se alegrarán

Cuando tus labios hablaren cosas rectas.

17No tenga tu corazón envidia de los pecadores,

Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo;

18Porque ciertamente hay fin,

Y tu esperanza no será cortada.

19Oye, hijo mío, y sé sabio,

Y endereza tu corazón al camino.

20No estés con los bebedores de vino,

Ni con los comedores de carne;

21Porque el bebedor y el comilón empobrecerán,

Y el sueño hará vestir vestidos rotos.

22Oye a tu padre, a aquel que te engendró;

Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.

23Compra la verdad, y no la vendas;

La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.

24Mucho se alegrará el padre del justo,

Y el que engendra sabio se gozará con él.

25Alégrense tu padre y tu madre,

Y gócese la que te dio a luz.

26Dame, hijo mío, tu corazón,

Y miren tus ojos por mis caminos.

27Porque abismo profundo es la ramera,

Y pozo angosto la extraña.

28También ella, como robador, acecha,

Y multiplica entre los hombres los prevaricadores.

29¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas?

¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde?

¿Para quién lo amoratado de los ojos?

30Para los que se detienen mucho en el vino,

Para los que van buscando la mistura.

31No mires al vino cuando rojea,

Cuando resplandece su color en la copa.

Se entra suavemente;

32Mas al fin como serpiente morderá,

Y como áspid dará dolor.

33Tus ojos mirarán cosas extrañas,

Y tu corazón hablará perversidades.

34Serás como el que yace en medio del mar,

O como el que está en la punta de un mastelero.

35Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió;

Me azotaron, mas no lo sentí;

Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.