Biblia Reina Valera 1960 (RVR60)
8

Bildad proclama la justicia de Dios

81Respondió Bildad suhita, y dijo:

2¿Hasta cuándo hablarás tales cosas,

Y las palabras de tu boca serán como viento impetuoso?

3¿Acaso torcerá Dios el derecho,

O pervertirá el Todopoderoso la justicia?

4Si tus hijos pecaron contra él,

Él los echó en el lugar de su pecado.

5Si tú de mañana buscares a Dios,

Y rogares al Todopoderoso;

6Si fueres limpio y recto,

Ciertamente luego se despertará por ti,

Y hará próspera la morada de tu justicia.

7Y aunque tu principio haya sido pequeño,

Tu postrer estado será muy grande.

8Porque pregunta ahora a las generaciones pasadas,

Y disponte para inquirir a los padres de ellas;

9Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos,

Siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.

10¿No te enseñarán ellos, te hablarán,

Y de su corazón sacarán palabras?

11¿Crece el junco sin lodo?

¿Crece el prado sin agua?

12Aun en su verdor, y sin haber sido cortado,

Con todo, se seca primero que toda hierba.

13Tales son los caminos de todos los que olvidan a Dios;

Y la esperanza del impío perecerá;

14Porque su esperanza será cortada,

Y su confianza es tela de araña.

15Se apoyará él en su casa, mas no permanecerá ella en pie;

Se asirá de ella, mas no resistirá.

16A manera de un árbol está verde delante del sol,

Y sus renuevos salen sobre su huerto;

17Se van entretejiendo sus raíces junto a una fuente,

Y enlazándose hasta un lugar pedregoso.

18Si le arrancaren de su lugar,

Este le negará entonces, diciendo: Nunca te vi.

19Ciertamente este será el gozo de su camino;

Y del polvo mismo nacerán otros.

20He aquí, Dios no aborrece al perfecto,

Ni apoya la mano de los malignos.

21Aún llenará tu boca de risa,

Y tus labios de júbilo.

22Los que te aborrecen serán vestidos de confusión;

Y la habitación de los impíos perecerá.

9

Incapacidad de Job para responder a Dios

91Respondió Job, y dijo:

2Ciertamente yo sé que es así;

¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?

3Si quisiere contender con él,

No le podrá responder a una cosa entre mil.

4Él es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas;

¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?

5Él arranca los montes con su furor,

Y no saben quién los trastornó;

6Él remueve la tierra de su lugar,

Y hace temblar sus columnas;

7Él manda al sol, y no sale;

Y sella las estrellas;

8Él solo extendió los cielos,

Y anda sobre las olas del mar;

9Él hizo la Osa, el Orión y las Pléyades,

9.9:
Job 38.31
Am. 5.8

Y los lugares secretos del sur;

10Él hace cosas grandes e incomprensibles,

Y maravillosas, sin número.

11He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré;

Pasará, y no lo entenderé.

12He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir?

¿Quién le dirá: Qué haces?

13Dios no volverá atrás su ira,

Y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios.

14¿Cuánto menos le responderé yo,

Y hablaré con él palabras escogidas?

15Aunque fuese yo justo, no respondería;

Antes habría de rogar a mi juez.

16Si yo le invocara, y él me respondiese,

Aún no creeré que haya escuchado mi voz.

17Porque me ha quebrantado con tempestad,

Y ha aumentado mis heridas sin causa.

18No me ha concedido que tome aliento,

Sino que me ha llenado de amarguras.

19Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte;

Si de juicio, ¿quién me emplazará?

20Si yo me justificare, me condenaría mi boca;

Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo.

21Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo;

Despreciaría mi vida.

22Una cosa resta que yo diga:

Al perfecto y al impío él los consume.

23Si azote mata de repente,

Se ríe del sufrimiento de los inocentes.

24La tierra es entregada en manos de los impíos,

Y él cubre el rostro de sus jueces.

Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?

25Mis días han sido más ligeros que un correo;

Huyeron, y no vieron el bien.

26Pasaron cual naves veloces;

Como el águila que se arroja sobre la presa.

27Si yo dijere: Olvidaré mi queja,

Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,

28Me turban todos mis dolores;

Sé que no me tendrás por inocente.

29Yo soy impío;

¿Para qué trabajaré en vano?

30Aunque me lave con aguas de nieve,

Y limpie mis manos con la limpieza misma,

31Aún me hundirás en el hoyo,

Y mis propios vestidos me abominarán.

32Porque no es hombre como yo, para que yo le responda,

Y vengamos juntamente a juicio.

33No hay entre nosotros árbitro

Que ponga su mano sobre nosotros dos.

34Quite de sobre mí su vara,

Y su terror no me espante.

35Entonces hablaré, y no le temeré;

Porque en este estado no estoy en mí.

10

Job lamenta su condición

101Está mi alma hastiada de mi vida;

Daré libre curso a mi queja,

Hablaré con amargura de mi alma.

2Diré a Dios: No me condenes;

Hazme entender por qué contiendes conmigo.

3¿Te parece bien que oprimas,

Que deseches la obra de tus manos,

Y que favorezcas los designios de los impíos?

4¿Tienes tú acaso ojos de carne?

¿Ves tú como ve el hombre?

5¿Son tus días como los días del hombre,

O tus años como los tiempos humanos,

6Para que inquieras mi iniquidad,

Y busques mi pecado,

7Aunque tú sabes que no soy impío,

Y que no hay quien de tu mano me libre?

8Tus manos me hicieron y me formaron;

¿Y luego te vuelves y me deshaces?

9Acuérdate que como a barro me diste forma;

¿Y en polvo me has de volver?

10¿No me vaciaste como leche,

Y como queso me cuajaste?

11Me vestiste de piel y carne,

Y me tejiste con huesos y nervios.

12Vida y misericordia me concediste,

Y tu cuidado guardó mi espíritu.

13Estas cosas tienes guardadas en tu corazón;

Yo sé que están cerca de ti.

14Si pequé, tú me has observado,

Y no me tendrás por limpio de mi iniquidad.

15Si fuere malo, ¡ay de mí!

Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza,

Estando hastiado de deshonra, y de verme afligido.

16Si mi cabeza se alzare, cual león tú me cazas;

Y vuelves a hacer en mí maravillas.

17Renuevas contra mí tus pruebas,

Y aumentas conmigo tu furor como tropas de relevo.

18¿Por qué me sacaste de la matriz?

Hubiera yo expirado, y ningún ojo me habría visto.

19Fuera como si nunca hubiera existido,

Llevado del vientre a la sepultura.

20¿No son pocos mis días?

Cesa, pues, y déjame, para que me consuele un poco,

21Antes que vaya para no volver,

A la tierra de tinieblas y de sombra de muerte;

22Tierra de oscuridad, lóbrega,

Como sombra de muerte y sin orden,

Y cuya luz es como densas tinieblas.