Biblia Reina Valera 1960 (RVR60)
37

371Por eso también se estremece mi corazón,

Y salta de su lugar.

2Oíd atentamente el estrépito de su voz,

Y el sonido que sale de su boca.

3Debajo de todos los cielos lo dirige,

Y su luz hasta los fines de la tierra.

4Después de ella brama el sonido,

Truena él con voz majestuosa;

Y aunque sea oída su voz, no los detiene.

5Truena Dios maravillosamente con su voz;

Él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.

6Porque a la nieve dice: Desciende a la tierra;

También a la llovizna, y a los aguaceros torrenciales.

7Así hace retirarse a todo hombre,

Para que los hombres todos reconozcan su obra.

8Las bestias entran en su escondrijo,

Y se están en sus moradas.

9Del sur viene el torbellino,

Y el frío de los vientos del norte.

10Por el soplo de Dios se da el hielo,

Y las anchas aguas se congelan.

11Regando también llega a disipar la densa nube,

Y con su luz esparce la niebla.

12Asimismo por sus designios se revuelven las nubes en derredor,

Para hacer sobre la faz del mundo,

En la tierra, lo que él les mande.

13Unas veces por azote, otras por causa de su tierra,

Otras por misericordia las hará venir.

14Escucha esto, Job;

Detente, y considera las maravillas de Dios.

15¿Sabes tú cómo Dios las pone en concierto,

Y hace resplandecer la luz de su nube?

16¿Has conocido tú las diferencias de las nubes,

Las maravillas del Perfecto en sabiduría?

17¿Por qué están calientes tus vestidos

Cuando él sosiega la tierra con el viento del sur?

18¿Extendiste tú con él los cielos,

Firmes como un espejo fundido?

19Muéstranos qué le hemos de decir;

Porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas.

20¿Será preciso contarle cuando yo hablare?

Por más que el hombre razone, quedará como abismado.

21Mas ahora ya no se puede mirar la luz esplendente en los cielos,

Luego que pasa el viento y los limpia,

22Viniendo de la parte del norte la dorada claridad.

En Dios hay una majestad terrible.

23Él es Todopoderoso, al cual no alcanzamos, grande en poder;

Y en juicio y en multitud de justicia no afligirá.

24Lo temerán por tanto los hombres;

Él no estima a ninguno que cree en su propio corazón ser sabio.

38

Jehová convence a Job de su ignorancia

381Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo:

2¿Quién es ese que oscurece el consejo

Con palabras sin sabiduría?

3Ahora ciñe como varón tus lomos;

Yo te preguntaré, y tú me contestarás.

4¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?

Házmelo saber, si tienes inteligencia.

5¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes?

¿O quién extendió sobre ella cordel?

6¿Sobre qué están fundadas sus bases?

¿O quién puso su piedra angular,

7Cuando alababan todas las estrellas del alba,

Y se regocijaban todos los hijos de Dios?

8¿Quién encerró con puertas el mar,

Cuando se derramaba saliéndose de su seno,

9Cuando puse yo nubes por vestidura suya,

Y por su faja oscuridad,

10Y establecí sobre él mi decreto,

Le puse puertas y cerrojo,

11Y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante,

Y ahí parará el orgullo de tus olas?

38.8-11:
Jer. 5.22

12¿Has mandado tú a la mañana en tus días?

¿Has mostrado al alba su lugar,

13Para que ocupe los fines de la tierra,

Y para que sean sacudidos de ella los impíos?

14Ella muda luego de aspecto como barro bajo el sello,

Y viene a estar como con vestidura;

15Mas la luz de los impíos es quitada de ellos,

Y el brazo enaltecido es quebrantado.

16¿Has entrado tú hasta las fuentes del mar,

Y has andado escudriñando el abismo?

17¿Te han sido descubiertas las puertas de la muerte,

Y has visto las puertas de la sombra de muerte?

18¿Has considerado tú hasta las anchuras de la tierra?

Declara si sabes todo esto.

19¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz,

Y dónde está el lugar de las tinieblas,

20Para que las lleves a sus límites,

Y entiendas las sendas de su casa?

21¡Tú lo sabes! Pues entonces ya habías nacido,

Y es grande el número de tus días.

22¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve,

O has visto los tesoros del granizo,

23Que tengo reservados para el tiempo de angustia,

Para el día de la guerra y de la batalla?

24¿Por qué camino se reparte la luz,

Y se esparce el viento solano sobre la tierra?

25¿Quién repartió conducto al turbión,

Y camino a los relámpagos y truenos,

26Haciendo llover sobre la tierra deshabitada,

Sobre el desierto, donde no hay hombre,

27Para saciar la tierra desierta e inculta,

Y para hacer brotar la tierna hierba?

28¿Tiene la lluvia padre?

¿O quién engendró las gotas del rocío?

29¿De qué vientre salió el hielo?

Y la escarcha del cielo, ¿quién la engendró?

30Las aguas se endurecen a manera de piedra,

Y se congela la faz del abismo.

31¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades,

O desatarás las ligaduras de Orión?

38.31:
Job 9.9
Am. 5.8

32¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos,

O guiarás a la Osa Mayor con sus hijos?

33¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos?

¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?

34¿Alzarás tú a las nubes tu voz,

Para que te cubra muchedumbre de aguas?

35¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan?

¿Y te dirán ellos: Henos aquí?

36¿Quién puso la sabiduría en el corazón?

¿O quién dio al espíritu inteligencia?

37¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría?

Y los odres de los cielos, ¿quién los hace inclinar,

38Cuando el polvo se ha convertido en dureza,

Y los terrones se han pegado unos con otros?

39¿Cazarás tú la presa para el león?

¿Saciarás el hambre de los leoncillos,

40Cuando están echados en las cuevas,

O se están en sus guaridas para acechar?

41¿Quién prepara al cuervo su alimento,

Cuando sus polluelos claman a Dios,

Y andan errantes por falta de comida?

39

391¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses?

¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?

2¿Contaste tú los meses de su preñez,

Y sabes el tiempo cuando han de parir?

3Se encorvan, hacen salir sus hijos,

Pasan sus dolores.

4Sus hijos se fortalecen, crecen con el pasto;

Salen, y no vuelven a ellas.

5¿Quién echó libre al asno montés,

Y quién soltó sus ataduras?

6Al cual yo puse casa en la soledad,

Y sus moradas en lugares estériles.

7Se burla de la multitud de la ciudad;

No oye las voces del arriero.

8Lo oculto de los montes es su pasto,

Y anda buscando toda cosa verde.

9¿Querrá el búfalo servirte a ti,

O quedar en tu pesebre?

10¿Atarás tú al búfalo con coyunda para el surco?

¿Labrará los valles en pos de ti?

11¿Confiarás tú en él, por ser grande su fuerza,

Y le fiarás tu labor?

12¿Fiarás de él para que recoja tu semilla,

Y la junte en tu era?

13¿Diste tú hermosas alas al pavo real,

O alas y plumas al avestruz?

14El cual desampara en la tierra sus huevos,

Y sobre el polvo los calienta,

15Y olvida que el pie los puede pisar,

Y que puede quebrarlos la bestia del campo.

16Se endurece para con sus hijos, como si no fuesen suyos,

No temiendo que su trabajo haya sido en vano;

17Porque le privó Dios de sabiduría,

Y no le dio inteligencia.

18Luego que se levanta en alto,

Se burla del caballo y de su jinete.

19¿Diste tú al caballo la fuerza?

¿Vestiste tú su cuello de crines ondulantes?

20¿Le intimidarás tú como a langosta?

El resoplido de su nariz es formidable.

21Escarba la tierra, se alegra en su fuerza,

Sale al encuentro de las armas;

22Hace burla del espanto, y no teme,

Ni vuelve el rostro delante de la espada.

23Contra él suenan la aljaba,

El hierro de la lanza y de la jabalina;

24Y él con ímpetu y furor escarba la tierra,

Sin importarle el sonido de la trompeta;

25Antes como que dice entre los clarines: ¡Ea!

Y desde lejos huele la batalla,

El grito de los capitanes, y el vocerío.

26¿Vuela el gavilán por tu sabiduría,

Y extiende hacia el sur sus alas?

27¿Se remonta el águila por tu mandamiento,

Y pone en alto su nido?

28Ella habita y mora en la peña,

En la cumbre del peñasco y de la roca.

29Desde allí acecha la presa;

Sus ojos observan de muy lejos.

30Sus polluelos chupan la sangre;

Y donde hubiere cadáveres, allí está ella.