Biblia Reina Valera 1960 (RVR60)
24

Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad

241Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso,

¿Por qué los que le conocen no ven sus días?

2Traspasan los linderos,

Roban los ganados, y los apacientan.

3Se llevan el asno de los huérfanos,

Y toman en prenda el buey de la viuda.

4Hacen apartar del camino a los menesterosos,

Y todos los pobres de la tierra se esconden.

5He aquí, como asnos monteses en el desierto,

Salen a su obra madrugando para robar;

El desierto es mantenimiento de sus hijos.

6En el campo siegan su pasto,

Y los impíos vendimian la viña ajena.

7Al desnudo hacen dormir sin ropa,

Sin tener cobertura contra el frío.

8Con las lluvias de los montes se mojan,

Y abrazan las peñas por falta de abrigo.

9Quitan el pecho a los huérfanos,

Y de sobre el pobre toman la prenda.

10Al desnudo hacen andar sin vestido,

Y a los hambrientos quitan las gavillas.

11Dentro de sus paredes exprimen el aceite,

Pisan los lagares, y mueren de sed.

12Desde la ciudad gimen los moribundos,

Y claman las almas de los heridos de muerte,

Pero Dios no atiende su oración.

13Ellos son los que, rebeldes a la luz,

Nunca conocieron sus caminos,

Ni estuvieron en sus veredas.

14A la luz se levanta el matador; mata al pobre y al necesitado,

Y de noche es como ladrón.

15El ojo del adúltero está aguardando la noche,

Diciendo: No me verá nadie;

Y esconde su rostro.

16En las tinieblas minan las casas

Que de día para sí señalaron;

No conocen la luz.

17Porque la mañana es para todos ellos como sombra de muerte;

Si son conocidos, terrores de sombra de muerte los toman.

18Huyen ligeros como corriente de aguas;

Su porción es maldita en la tierra;

No andarán por el camino de las viñas.

19La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve;

Así también el Seol a los pecadores.

20Los olvidará el seno materno; de ellos sentirán los gusanos dulzura;

Nunca más habrá de ellos memoria,

Y como un árbol los impíos serán quebrantados.

21A la mujer estéril, que no concebía, afligió,

Y a la viuda nunca hizo bien.

22Pero a los fuertes adelantó con su poder;

Una vez que se levante, ninguno está seguro de la vida.

23Él les da seguridad y confianza;

Sus ojos están sobre los caminos de ellos.

24Fueron exaltados un poco, mas desaparecen,

Y son abatidos como todos los demás;

Serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas.

25Y si no, ¿quién me desmentirá ahora,

O reducirá a nada mis palabras?

25

Bildad niega que el hombre pueda ser justificado delante de Dios

251Respondió Bildad suhita, y dijo:

2El señorío y el temor están con él;

Él hace paz en sus alturas.

3¿Tienen sus ejércitos número?

¿Sobre quién no está su luz?

4¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios?

¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?

5He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente,

Ni las estrellas son limpias delante de sus ojos;

6¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano,

Y el hijo de hombre, también gusano?

26

Job proclama la soberanía de Dios

261Respondió Job, y dijo:

2¿En qué ayudaste al que no tiene poder?

¿Cómo has amparado al brazo sin fuerza?

3¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia,

Y qué plenitud de inteligencia has dado a conocer?

4¿A quién has anunciado palabras,

Y de quién es el espíritu que de ti procede?

5Las sombras tiemblan en lo profundo,

Los mares y cuanto en ellos mora.

6El Seol está descubierto delante de él, y el Abadón no tiene cobertura.

7Él extiende el norte sobre vacío,

Cuelga la tierra sobre nada.

8Ata las aguas en sus nubes,

Y las nubes no se rompen debajo de ellas.

9Él encubre la faz de su trono,

Y sobre él extiende su nube.

10Puso límite a la superficie de las aguas,

Hasta el fin de la luz y las tinieblas.

11Las columnas del cielo tiemblan,

Y se espantan a su reprensión.

12Él agita el mar con su poder,

Y con su entendimiento hiere la arrogancia suya.

13Su espíritu adornó los cielos;

Su mano creó la serpiente tortuosa.

14He aquí, estas cosas son solo los bordes de sus caminos;

¡Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él!

Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?