Biblia Reina Valera 1960 (RVR60)
12

Job proclama el poder y la sabiduría de Dios

121Respondió entonces Job, diciendo:

2Ciertamente vosotros sois el pueblo,

Y con vosotros morirá la sabiduría.

3También tengo yo entendimiento como vosotros;

No soy yo menos que vosotros;

¿Y quién habrá que no pueda decir otro tanto?

4Yo soy uno de quien su amigo se mofa,

Que invoca a Dios, y él le responde;

Con todo, el justo y perfecto es escarnecido.

5Aquel cuyos pies van a resbalar

Es como una lámpara despreciada de aquel que está a sus anchas.

6Prosperan las tiendas de los ladrones,

Y los que provocan a Dios viven seguros,

En cuyas manos él ha puesto cuanto tienen.

7Y en efecto, pregunta ahora a las bestias, y ellas te enseñarán;

A las aves de los cielos, y ellas te lo mostrarán;

8O habla a la tierra, y ella te enseñará;

Los peces del mar te lo declararán también.

9¿Qué cosa de todas estas no entiende

Que la mano de Jehová la hizo?

10En su mano está el alma de todo viviente,

Y el hálito de todo el género humano.

11Ciertamente el oído distingue las palabras,

Y el paladar gusta las viandas.

12En los ancianos está la ciencia,

Y en la larga edad la inteligencia.

13Con Dios está la sabiduría y el poder;

Suyo es el consejo y la inteligencia.

14Si él derriba, no hay quien edifique;

Encerrará al hombre, y no habrá quien le abra.

15Si él detiene las aguas, todo se seca;

Si las envía, destruyen la tierra.

16Con él está el poder y la sabiduría;

Suyo es el que yerra, y el que hace errar.

17Él hace andar despojados de consejo a los consejeros,

Y entontece a los jueces.

18Él rompe las cadenas de los tiranos,

Y les ata una soga a sus lomos.

19Él lleva despojados a los príncipes,

Y trastorna a los poderosos.

20Priva del habla a los que dicen verdad,

Y quita a los ancianos el consejo.

21Él derrama menosprecio sobre los príncipes,

Y desata el cinto de los fuertes.

22Él descubre las profundidades de las tinieblas,

Y saca a luz la sombra de muerte.

23Él multiplica las naciones, y él las destruye;

Esparce a las naciones, y las vuelve a reunir.

24Él quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra,

Y los hace vagar como por un yermo sin camino.

25Van a tientas, como en tinieblas y sin luz,

Y los hace errar como borrachos.

13

Job defiende su integridad

131He aquí que todas estas cosas han visto mis ojos,

Y oído y entendido mis oídos.

2Como vosotros lo sabéis, lo sé yo;

No soy menos que vosotros.

3Mas yo hablaría con el Todopoderoso,

Y querría razonar con Dios.

4Porque ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira;

Sois todos vosotros médicos nulos.

5Ojalá callarais por completo,

Porque esto os fuera sabiduría.

6Oíd ahora mi razonamiento,

Y estad atentos a los argumentos de mis labios.

7¿Hablaréis iniquidad por Dios?

¿Hablaréis por él engaño?

8¿Haréis acepción de personas a su favor?

¿Contenderéis vosotros por Dios?

9¿Sería bueno que él os escudriñase?

¿Os burlaréis de él como quien se burla de algún hombre?

10Él os reprochará de seguro,

Si solapadamente hacéis acepción de personas.

11De cierto su alteza os habría de espantar,

Y su pavor habría de caer sobre vosotros.

12Vuestras máximas son refranes de ceniza,

Y vuestros baluartes son baluartes de lodo.

13Escuchadme, y hablaré yo,

Y que me venga después lo que viniere.

14¿Por qué quitaré yo mi carne con mis dientes,

Y tomaré mi vida en mi mano?

15He aquí, aunque él me matare, en él esperaré;

No obstante, defenderé delante de él mis caminos,

16Y él mismo será mi salvación,

Porque no entrará en su presencia el impío.

17Oíd con atención mi razonamiento,

Y mi declaración entre en vuestros oídos.

18He aquí ahora, si yo expusiere mi causa,

Sé que seré justificado.

19¿Quién es el que contenderá conmigo?

Porque si ahora yo callara, moriría.

20A lo menos dos cosas no hagas conmigo;

Entonces no me esconderé de tu rostro:

21Aparta de mí tu mano,

Y no me asombre tu terror.

22Llama luego, y yo responderé;

O yo hablaré, y respóndeme tú.

23¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo?

Hazme entender mi transgresión y mi pecado.

24¿Por qué escondes tu rostro,

Y me cuentas por tu enemigo?

25¿A la hoja arrebatada has de quebrantar,

Y a una paja seca has de perseguir?

26¿Por qué escribes contra mí amarguras,

Y me haces cargo de los pecados de mi juventud?

27Pones además mis pies en el cepo, y observas todos mis caminos,

Trazando un límite para las plantas de mis pies.

28Y mi cuerpo se va gastando como de carcoma,

Como vestido que roe la polilla.

14

Job discurre sobre la brevedad de la vida

141El hombre nacido de mujer,

Corto de días, y hastiado de sinsabores,

2Sale como una flor y es cortado,

Y huye como la sombra y no permanece.

3¿Sobre este abres tus ojos,

Y me traes a juicio contigo?

4¿Quién hará limpio a lo inmundo?

Nadie.

5Ciertamente sus días están determinados,

Y el número de sus meses está cerca de ti;

Le pusiste límites, de los cuales no pasará.

6Si tú lo abandonares, él dejará de ser;

Entre tanto deseará, como el jornalero, su día.

7Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza;

Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.

8Si se envejeciere en la tierra su raíz,

Y su tronco fuere muerto en el polvo,

9Al percibir el agua reverdecerá,

Y hará copa como planta nueva.

10Mas el hombre morirá, y será cortado;

Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?

11Como las aguas se van del mar,

Y el río se agota y se seca,

12Así el hombre yace y no vuelve a levantarse;

Hasta que no haya cielo, no despertarán,

Ni se levantarán de su sueño.

13¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol,

Que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira,

Que me pusieses plazo, y de mí te acordaras!

14Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?

Todos los días de mi edad esperaré,

Hasta que venga mi liberación.

15Entonces llamarás, y yo te responderé;

Tendrás afecto a la hechura de tus manos.

16Pero ahora me cuentas los pasos,

Y no das tregua a mi pecado;

17Tienes sellada en saco mi prevaricación,

Y tienes cosida mi iniquidad.

18Ciertamente el monte que cae se deshace,

Y las peñas son removidas de su lugar;

19Las piedras se desgastan con el agua impetuosa, que se lleva el polvo de la tierra;

De igual manera haces tú perecer la esperanza del hombre.

20Para siempre serás más fuerte que él, y él se va;

Demudarás su rostro, y le despedirás.

21Sus hijos tendrán honores, pero él no lo sabrá;

O serán humillados, y no entenderá de ello.

22Mas su carne sobre él se dolerá,

Y se entristecerá en él su alma.