Dios habla Hoy (DHH)
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El falso ayuno

71El día cuatro del mes noveno (llamado Quisleu), del cuarto año del gobierno del rey Darío,7.1 La fecha corresponde a noviembre-diciembre del 518 a.C., cuando ya había comenzado la reconstrucción del templo. el Señor dirigió un mensaje al profeta Zacarías. 2En aquel tiempo, el pueblo de Betel había enviado a Sarézer y a Réguem-mélec, con sus hombres, a pedir la ayuda del Señor 3y a preguntar a los profetas y a los sacerdotes del templo del Señor todopoderoso: «¿Habremos de seguir guardando luto y ayuno el quinto mes7.3 En el quinto mes, junio-julio, se recordaba el aniversario de la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén por los babilonios en el 587 a.C. (2~R 25.8-9). de cada año, tal como lo hemos hecho hasta ahora?»

4Entonces el Señor todopoderoso se dirigió a mí, y me dijo: 5«Di a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes: “Ustedes hacen ayuno y guardan luto el quinto y el séptimo mes desde hace setenta años.7.5 Los ayunos y lutos del séptimo mes (agosto-septiembre) rememoraban el aniversario del asesinato de Guedalías, que fue gobernador de Judá en el año 587 a.C. (2~R 25.25; Jer 41.1-3). Los judíos habían recordado los acontecimientos trágicos del 587 a.C. por unos setenta años. Pero no lo hacen para honrarme a mí, 6sino que cuando ustedes comen y beben, lo hacen para su propio provecho.”» 7¿Acaso no son estas las mismas palabras que el Señor pronunció por medio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén estaba en paz y llena de gente, y lo estaban también las ciudades de alrededor, y las regiones del Négueb y la llanura?

La desobediencia, causa del destierro

8El Señor se dirigió al profeta Zacarías, y le dijo: 9«Esto es lo que yo ordeno: Sean ustedes rectos en sus juicios, y bondadosos y compasivos unos con otros. 10No opriman a las viudas, ni a los huérfanos, ni a los extranjeros, ni a los pobres. No piensen en cómo hacerse daño unos a otros.» 11Pero el pueblo se negó a obedecer. Todos volvieron la espalda y se hicieron los sordos. 12Endurecieron su corazón como el diamante, para no escuchar la enseñanza y los mandatos que el Señor todopoderoso comunicó por su espíritu, por medio de los antiguos profetas.

Por eso el Señor se enojó mucho, 13y dijo: «Así como ellos no quisieron escucharme cuando yo los llamaba, tampoco yo los escucharé cuando ellos me invoquen. 14Por eso los dispersé como por un torbellino entre todas esas naciones que ellos no conocían, y tras ellos quedó el país convertido en un desierto donde nadie podía vivir. ¡Un país tan hermoso, y ellos lo convirtieron en desolación!»

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Promesa del Señor

81El Señor todopoderoso me dio este mensaje: 2«Esto es lo que yo, el Señor todopoderoso, digo: Siento por Sión grandes celos, celos furiosos. 3Y he de volver a Jerusalén, para vivir allí. Entonces Jerusalén será llamada Ciudad Fiel, y el monte del Señor todopoderoso será llamado Monte Santo. 4Ancianos y ancianas se sentarán de nuevo en las plazas de Jerusalén, apoyado cada cual en su bastón a causa de su mucha edad. 5Niños y niñas llenarán las plazas de la ciudad y jugarán en ellas. 6En aquel tiempo todo esto parecerá imposible a los ojos de los que queden de mi pueblo; pero a mí no me lo parecerá. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo: 7Yo libertaré a mi pueblo del poder del país de oriente y del país de occidente, 8y lo traeré a Jerusalén para que viva allí. Ellos serán entonces mi pueblo, y yo seré su Dios, con fidelidad y justicia.»

9Esto dice el Señor todopoderoso: «Esfuércense, ustedes que en estos días han oído las palabras dichas por los profetas, desde el día en que se pusieron los cimientos para la reconstrucción del templo del Señor todopoderoso.

8.9
Cf.
10Porque hasta estos días no había paga para los hombres ni para las bestias. Y a causa del enemigo, tampoco había paz para los habitantes; y yo había puesto a los unos en contra de los otros. 11Pero ahora, para los que queden de este pueblo, ya no voy a ser como en los primeros días. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo. 12Porque la paz estará sembrada entre ellos. Los viñedos darán su fruto; la tierra, sus productos; y el cielo, su rocío. Y yo les daré todo eso en posesión a los que queden de este pueblo. 13Y así como ustedes, los de Judá y los de Israel, fueron maldición entre las demás naciones, así yo ahora los salvaré y haré que sean bendición. ¡No tengan miedo! ¡Esfuércense!»

14Esto dice el Señor todopoderoso: «Yo había decidido castigar a los antepasados de ustedes cuando me hicieron enojar, y mantuve mi decisión. 15Ahora, en cambio, he decidido hacerles bien a Jerusalén y a Judá. Por lo tanto, no tengan miedo. 16Esto es lo que siempre deben hacer ustedes: Díganse siempre la verdad unos a otros, juzguen con justicia y procuren la paz en los tribunales; 17no se hagan daño unos a otros ni juren en falso. Porque yo odio todo eso. Yo, el Señor, lo afirmo.»

18El Señor todopoderoso se dirigió a mí, y me dijo: 19«Los ayunos8.19 En estos ayunos, el pueblo se lamentaba por la conquista de Jerusalén y la destrucción del templo (Zac 7.3,5). En el mes cuarto se recordaba la entrada de Nabucodonosor a la ciudad; en el décimo, el comienzo del asedio. Cf. 2~R 24.1-4; Jer 39.1-2; 52.4-7. de los meses cuarto, quinto, séptimo y décimo se convertirán en motivo de alegría, en fiestas felices para los descendientes de Judá. ¡Amen ustedes, pues, la verdad y la paz!»

20Esto dice el Señor todopoderoso: «Todavía han de venir gentes y habitantes de muchas ciudades. 21Entonces los de una ciudad se dirigirán a los de otra, y les dirán: “¡Vamos a buscar al Señor todopoderoso y a pedirle que nos bendiga!” Y los otros les contestarán: “¡Nosotros también iremos!” 22Y vendrán a Jerusalén muchos pueblos y naciones numerosas, a buscar al Señor todopoderoso y a pedirle que los bendiga. 23En aquel tiempo, diez extranjeros de las demás naciones agarrarán por la ropa a un judío, y le dirán: “¡Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes!”»

8.20-23
Cf.

9

El castigo de las naciones vecinas

91Este es el mensaje que el Señor comunicó contra el país de Hadrac y la ciudad de Damasco: «Las ciudades de Siria9.1 Las ciudades de Siria: texto probable. Heb. el ojo del hombre. pertenecen al Señor, lo mismo que todas las tribus de Israel. 2También le pertenecen Hamat, vecina de aquellas ciudades, y Tiro y Sidón con toda su cultura. 3Tiro construyó fortificaciones, y amontonó oro y plata como quien amontona barro. 4Pero el Señor se lo quitará todo, y echará al mar su riqueza, y quemará por completo la ciudad.

5»Cuando la ciudad de Ascalón vea esto, se llenará de espanto. Gaza también sufrirá mucho, y las esperanzas de Ecrón quedarán por los suelos. ¡Gaza quedará sin rey, y Ascalón quedará sin habitantes! 6En Asdod vivirá una raza mezclada, y así humillaré el orgullo de los filisteos. 7Les quitaré de la boca la carne con sangre que comen, y de entre los dientes, los alimentos prohibidos.9.7 El texto se refiere a la práctica filistea de comer carne con sangre, es decir, carne que no había sido desangrada adecuadamente, según lo establecido por la ley de Moisés; cf. Gn 9.4; Lv 17.10-12; Dt 12.23-24. Pero de esa gente habrá algunos que quedarán para mí; llegarán a ser parte de Judá, y Ecrón será como los jebuseos.9.7 Los jebuseos: antiguos habitantes de Jerusalén, integrados al pueblo de Dios cuando David conquistó la ciudad (2~S 5.6-9). 8Y yo estaré atento para defender a los míos frente a cualquiera que pase por aquí. El opresor no volverá a oprimirlos, porque ahora yo vigilo con mis propios ojos.»

El futuro rey de Israel

9¡Alégrate mucho, ciudad de Sión!

¡Canta de alegría, ciudad de Jerusalén!

Tu rey viene a ti, justo y victorioso,

pero humilde, montado en un burro,

en un burrito, cría de una burra.9.9 Este pasaje, citado en Mt 21.5 y Jn 12.15, destaca el carácter humilde del Mesías, a pesar de estar investido de dignidad real. Su entrada montado en un burro, y no en un caballo o en un carro de guerra, pone de relieve el carácter pacífico del monarca (cf. Is 9.6), ya que el caballo era la montura del guerrero (cf. Ex 14.9; Zac 1.7-11).

10Él destruirá los carros de Efraín,

los caballos de Jerusalén

y los arcos de guerra.

Anunciará paz a las naciones

y gobernará de mar a mar,

del Éufrates al último rincón del mundo.9.10 Ese reinado será universal (cf. Sal 46.8-10; 72.7-8; Is 2.1-5; 11.6-9; Os 2.18; Miq 4.1-4; cf. Ef 2.14-18).

La restauración de Israel

11Esto dice el Señor:

«Jerusalén, por la sangre de tu alianza,9.11 La sangre de tu alianza: Ex 24.5-8; cf. Mt 26.28; Mc 14.24; Heb 9.20.

yo sacaré del pozo sin agua9.11 Pozo sin agua: fosa usada como calabozo; aquí alude a Babilonia, donde habían estado los judíos durante el exilio.

a tus presos que están en él.

12¡Ustedes, cautivos que mantienen la esperanza,

regresen a su fortaleza!

Les digo que voy a darles en bendición

el doble de cuanto tuvieron que sufrir.

13Pues he tendido mi arco de guerra, que es Judá,

y le he puesto una flecha, que es Efraín.

De ti, Sión, haré una espada,

y levantaré a tus hijos contra los hijos de Grecia.»

14El Señor se mostrará sobre su pueblo;

disparará sus flechas como rayos.

Dios, el Señor, tocará la trompeta

y avanzará entre las tempestades del sur.

15El Señor todopoderoso protegerá a los suyos,

y ellos pisotearán las piedras de los honderos

y devorarán a sus enemigos;

beberán su sangre como vino,

se llenarán de ella como un tazón,

como los cuernos del altar.

16En aquel día, el Señor su Dios

salvará a su pueblo como a un rebaño,

y brillarán los suyos en su propio país

como las piedras preciosas de una corona.

17¡Qué bueno, qué hermoso será el país!

Con la abundancia de su trigo y su vino,

nuestros muchachos y muchachas crecerán hermosos.