Dios habla Hoy (DHH)
5

Visión del rollo escrito

51Tuve otra visión. Vi un rollo escrito, que volaba. 2El ángel me preguntó: «¿Qué ves?» Le contesté: «Veo un rollo escrito, que vuela; mide nueve metros de largo por cuatro metros y medio de ancho.»

3Me dijo entonces: «Ahí está escrita la maldición que alcanza a todo el país. Según lo escrito por ambos lados, nadie que robe o que jure en falso puede quedar sin castigo.5.3 La maldición que se incluye en el rollo puede referirse a las que se enumeran en Dt 27.14-26; 28.15-19. Esa maldición alcanzará a todo el que robe o jure en falso (Ex 20.7,15). 4El Señor todopoderoso afirma: “Yo envío esta maldición para que entre en casa del que roba y en casa del que jura en falso por mi nombre. Y la maldición permanecerá allí hasta que no queden ni vigas ni piedras.”»

Visión de la medida y la mujer

5Luego salió el ángel que hablaba conmigo, y me dijo: «¡Fíjate en eso que aparece ahora!» 6Le pregunté: «¿Qué es eso?» Él me contestó: «Es una medida. Es la medida del pecado de los que viven en el país.»

7La medida estaba cubierta con una tapa de plomo. Y fue levantada la tapa, y había una mujer sentada dentro de la medida. 8Me dijo el ángel: «Esa mujer es la maldad.» Y la empujó adentro de la medida, y la cerró con la tapa de plomo.

9Miré otra vez, y vi aparecer dos mujeres. Tenían alas, y el viento las impulsaba. Eran alas como de cigüeña, y llevaban la medida por los aires.

10Pregunté entonces al ángel que hablaba conmigo: «¿A dónde llevan esa medida?» 11Y él me contestó: «Van a construirle un templo en Babilonia. Cuando ya esté terminado el templo, la instalarán allí, sobre un pedestal.»

6

Visión de los cuatro carros de guerra

61Tuve otra visión. Vi aparecer cuatro carros de guerra por entre dos montañas de bronce. 2El primer carro iba tirado por caballos rojos; el segundo, por caballos negros; 3el tercero, por caballos blancos; y el cuarto, por caballos tordillos.

4Pregunté al ángel que hablaba conmigo: «Mi señor, ¿qué significa esto?» 5El ángel me contestó: «Estos son los cuatro vientos, que salen de delante del Señor de toda la tierra. 6El carro tirado por caballos negros va al país del norte; el tirado por caballos blancos, al país del poniente; y el tirado por caballos tordillos, al país del sur.»

7Y salieron los caballos tordillos, ansiosos de recorrer toda la tierra. El ángel les dijo: «Recorran toda la tierra.» Y ellos lo hicieron así.

8Después de esto, el ángel me gritó: «¡Mira, los que fueron al país del norte van a calmar el enojo del Señor en ese país!»

9El Señor me dio este mensaje: 10«Recoge una colecta entre los desterrados que ya han regresado de Babilonia: Heldai, Tobías y Jedaías. Luego, en el mismo día, vete a casa de Josías, hijo de Sofonías. 11Con la plata y el oro que hayas recogido, haz coronas,6.11 La corona, símbolo de realeza, debía estar destinada a Zorobabel, el legítimo representante de la dinastía de David (3.8). Aquí la recibe el sumo sacerdote, porque este pasaje recibió su redacción final cuando Zorobabel ya había desaparecido de la escena y el gobierno del pueblo judío estaba en manos de los sacerdotes. y ponle una en la cabeza al sumo sacerdote Josué, hijo de Josadac. 12Y dile: “El Señor todopoderoso afirma que el varón llamado Retoño6.12 Zorobabel, llamado aquí Retoño (cf. 3.8) reconstruirá el templo y junto al sacerdote gobernará en paz la ciudad restaurada (v. 13). brotará de sus propias raíces y reconstruirá el templo del Señor. 13Reconstruirá el templo del Señor y recibirá los honores propios de un rey. Se sentará en su trono a gobernar, y al lado de su trono se sentará el sacerdote, y habrá paz entre los dos. 14Y las coronas serán un recuerdo que quedará en el templo del Señor en honor de Heldai, Tobías, Jedaías y Josías, hijo de Sofonías.”»6.14 Heldai y Josías: según el v. 10 y una versión antigua. Heb. Helom y Hen respectivamente.

15Vendrá gente de lejos, para ayudar a reconstruir el templo del Señor; y entonces reconocerán ustedes que el Señor todopoderoso fue quien me envió. Esto sucederá cuando ustedes escuchen la voz del Señor su Dios y le obedezcan.

7

El falso ayuno

71El día cuatro del mes noveno (llamado Quisleu), del cuarto año del gobierno del rey Darío,7.1 La fecha corresponde a noviembre-diciembre del 518 a.C., cuando ya había comenzado la reconstrucción del templo. el Señor dirigió un mensaje al profeta Zacarías. 2En aquel tiempo, el pueblo de Betel había enviado a Sarézer y a Réguem-mélec, con sus hombres, a pedir la ayuda del Señor 3y a preguntar a los profetas y a los sacerdotes del templo del Señor todopoderoso: «¿Habremos de seguir guardando luto y ayuno el quinto mes7.3 En el quinto mes, junio-julio, se recordaba el aniversario de la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén por los babilonios en el 587 a.C. (2~R 25.8-9). de cada año, tal como lo hemos hecho hasta ahora?»

4Entonces el Señor todopoderoso se dirigió a mí, y me dijo: 5«Di a todo el pueblo del país, y a los sacerdotes: “Ustedes hacen ayuno y guardan luto el quinto y el séptimo mes desde hace setenta años.7.5 Los ayunos y lutos del séptimo mes (agosto-septiembre) rememoraban el aniversario del asesinato de Guedalías, que fue gobernador de Judá en el año 587 a.C. (2~R 25.25; Jer 41.1-3). Los judíos habían recordado los acontecimientos trágicos del 587 a.C. por unos setenta años. Pero no lo hacen para honrarme a mí, 6sino que cuando ustedes comen y beben, lo hacen para su propio provecho.”» 7¿Acaso no son estas las mismas palabras que el Señor pronunció por medio de los antiguos profetas, cuando Jerusalén estaba en paz y llena de gente, y lo estaban también las ciudades de alrededor, y las regiones del Négueb y la llanura?

La desobediencia, causa del destierro

8El Señor se dirigió al profeta Zacarías, y le dijo: 9«Esto es lo que yo ordeno: Sean ustedes rectos en sus juicios, y bondadosos y compasivos unos con otros. 10No opriman a las viudas, ni a los huérfanos, ni a los extranjeros, ni a los pobres. No piensen en cómo hacerse daño unos a otros.» 11Pero el pueblo se negó a obedecer. Todos volvieron la espalda y se hicieron los sordos. 12Endurecieron su corazón como el diamante, para no escuchar la enseñanza y los mandatos que el Señor todopoderoso comunicó por su espíritu, por medio de los antiguos profetas.

Por eso el Señor se enojó mucho, 13y dijo: «Así como ellos no quisieron escucharme cuando yo los llamaba, tampoco yo los escucharé cuando ellos me invoquen. 14Por eso los dispersé como por un torbellino entre todas esas naciones que ellos no conocían, y tras ellos quedó el país convertido en un desierto donde nadie podía vivir. ¡Un país tan hermoso, y ellos lo convirtieron en desolación!»