Dios habla Hoy (DHH)
11

111¡Abre, Líbano, tus puertas,

y que el fuego consuma tus cedros!

2¡Llora, oh pino,

porque cayó el cedro,

porque aquellos árboles hermosos

han quedado destruidos!

¡Giman ustedes, encinas de Basán,

porque el bosque espeso ha sido derribado!

3Lloran a gritos los pastores,

porque la hermosura de los pastos

ha quedado destruida.

Se oye el rugido del león,

porque la espesura del Jordán

ha quedado destruida.

Los dos pastores

411.4-17 Las ovejas representan al pueblo de Israel, víctima de la codicia y opresión por parte de sus malos pastores, es decir, de sus reyes o gobernantes.Esto me dijo el Señor mi Dios: «Cuida las ovejas destinadas al matadero. 5Los compradores las matan sin sentirse culpables, y los vendedores dicen: “¡Gracias al Señor, ya soy rico!” Ni siquiera sus propios pastores tienen compasión de ellas.11.5 Los compradores podrían representar a los gobernantes extranjeros después de la conquista de Alejandro Magno (9.1-8); los vendedores o tratantes (v. 7), a los funcionarios judíos puestos al servicio de los poderes extranjeros. 6Pues, del mismo modo, tampoco yo volveré a tener compasión de la gente que vive en este país, sino que voy a entregar a cada uno en manos de su prójimo y en manos de su rey. Estos destruirán el país, y no salvaré de sus manos a nadie. Yo, el Señor, lo afirmo.»

7Entonces me puse a cuidar las ovejas destinadas al matadero. Lo hice por cuenta de los tratantes.11.7 Por cuenta de los tratantes: según la versión griega. Heb. por tanto los humildes del rebaño. Y me conseguí dos bastones: al uno lo llamé «Bienestar» y al otro «Unión». 8Y en un solo mes despedí a tres pastores que habían agotado mi paciencia y que me odiaban.

9Y a las ovejas les dije: «¡No volveré a ser el pastor de ustedes! ¡Si alguna ha de morir, que muera! ¡Si a alguna la matan, que la maten! ¡Y las que queden, que se coman unas a otras!»

10Tomé entonces mi bastón llamado «Bienestar» y lo rompí en señal de que quedaba anulada la alianza que Dios había hecho con todas las naciones.11.10 El hecho de romper el bastón llamado «Bienestar» y de anular la alianza, equivale a afirmar que Dios ha retirado la protección a su pueblo. Cf. Os 1.9. 11Aquel día quedó anulada la alianza, y los tratantes de ovejas, que me estaban observando, comprendieron que era el Señor quien hablaba por medio de lo que yo hacía. 12Les dije entonces: «Si les parece bien, páguenme mi salario; y si no, déjenlo.» Y me pagaron treinta monedas de plata.

13El Señor me dijo: «Toma esas monedas, el espléndido precio que me han puesto, y échalas en el tesoro del templo.»11.13 Échalas en el tesoro del templo: según algunas versiones antiguas; heb. dáselas al alfarero. Yo tomé las treinta monedas y las eché en el tesoro del templo.11.12-13 Como treinta monedas de plata era el precio de un esclavo (Ex 21.32), el pastor se consideraba mal pagado. La expresión el espléndido precio tiene, por lo tanto, un sentido irónico. Cf. Mt 26.15; 27.9-10. 14Rompí después el segundo bastón, el llamado «Unión», y así quedó destruida la hermandad entre Judá e Israel.11.14 Algunos intérpretes han visto aquí una referencia muy antigua al cisma entre judíos y samaritanos. Hacia el 328 a.C., los samaritanos construyeron un templo en Guerizim, para rivalizar con el templo de Jerusalén.

15El Señor me dijo: «Y ahora hazte pasar por un pastor irresponsable. 16Porque voy a poner sobre este país un pastor que no se preocupará por la oveja descarriada, ni buscará a la perdida, ni curará a la herida, ni dará de comer a la debilitada, sino que se comerá la carne de las más gordas y no dejará de ellas ni las pezuñas. 17¡Ay del pastor inútil que abandona el rebaño! ¡Que caiga la espada sobre su brazo y su ojo derecho! ¡Que se le quede seco el brazo y completamente ciego el ojo!»

12

La liberación de Jerusalén

121Este es un mensaje del Señor acerca de Israel. El Señor, que ha extendido el cielo, y ha puesto base a la tierra, y ha dado vida al hombre, afirma: 2«Yo hago de Jerusalén una copa de vino12.2 Copa de vino: imagen común para designar la ira de Dios (Sal 75.8; Is 51.17-23; Jer 25.15-29; Ez 23.31-34). que emborrachará a todas las naciones vecinas. Cuando ellas pongan sitio a Jerusalén, también las otras ciudades de Judá serán atacadas.

3»En aquel día convertiré a Jerusalén en una piedra muy pesada para todas las naciones. Herirá a cualquiera de ellas que intente levantarla. Todas las naciones se juntarán en contra de Jerusalén, 4pero entonces yo espantaré a todos los caballos y volveré locos a sus jinetes. Cuidaré de los descendientes de Judá, y dejaré ciegos a todos los caballos de las naciones. 5Al ver esto, los jefes de Judá dirán para sí: “El Señor todopoderoso es el Dios de los que viven en Jerusalén, y el que les da fuerzas.”

6»En aquel día haré que los jefes de Judá sean como un brasero encendido entre la leña, como un fuego entre manojos de espigas. Devorarán a derecha e izquierda a todas las naciones vecinas, mientras que los habitantes de Jerusalén vivirán otra vez en su ciudad. 7Pero primero yo, el Señor, salvaré a las familias de Judá, para que no crezca el prestigio de los descendientes de David y de los habitantes de Jerusalén por encima de los demás descendientes de Judá. 8Yo, el Señor, protegeré a los que viven en Jerusalén. Los más débiles de ellos serán tan fuertes como el rey David, y los descendientes de David serán como Dios, como el ángel del Señor, que va al frente de ellos.

9»En aquel día destruiré a cualquier nación que ataque a Jerusalén. 10Llenaré de espíritu de bondad y oración a los descendientes de David y a los habitantes de Jerusalén. Entonces mirarán al que traspasaron,12.10 Entonces mirarán al que traspasaron: otra posible traducción Entonces mirarán hacia mí -es decir, hacia el Señor-, a quienes ellos traspasaron (o profanaron). y harán duelo y llorarán por él como por la muerte del hijo único o del hijo mayor.12.10 Al que traspasaron: alusión a algún rey o profeta asesinado por el pueblo, aunque no hay información suficiente para identificarlo con precisión. Algunos lo relacionan con el pastor de 11.7-14; otros, con el siervo del Señor de Is 52.13—53.12; cf. Zac 13.3; cf. Jn 19.37; Ap 1.7. 11Se hará en Jerusalén un duelo tan grande como el duelo que se hace por el dios Hadad-rimón12.11 Hadad-rimón: dios fenicio de la vegetación (2~R 5.18). En su honor se celebraba anualmente una lamentación ritual en la llanura de Meguido. en la llanura de Meguido. 12Familia por familia, cada una por su lado, hará duelo en el país: los descendientes de David, y también sus mujeres; los descendientes de Natán, y también sus mujeres; 13los descendientes de Leví, y también sus mujeres; los descendientes de Simí, y también sus mujeres; 14y así todas las otras familias, cada una por su lado, y también sus mujeres.

13

131»En aquel día se abrirá un manantial, para que en él puedan lavar sus pecados y su impureza los descendientes de David y los habitantes de Jerusalén.

13.1
Sal 46.4
Ez 47.1-12
Jl 3.18Jn 4.10-14
7.37-38
Ap 21.6
22.1-2
2Y en todo este país destruiré hasta los nombres de los ídolos, para que no sigan siendo invocados. Y también quitaré del país a los profetas y a todo espíritu impuro. Yo, el Señor, doy mi palabra. 3Entonces, cuando alguno quiera profetizar, sus propios padres le dirán: “¡Tú has de morir, porque pretendes hacer pasar tus mentiras por mensajes del Señor!” ¡Sus propios padres lo apuñalarán cuando se esté haciendo pasar por profeta!

4»En aquel día, los profetas tendrán vergüenza de sus visiones cuando profeticen. Ninguno engañará poniéndose el manto de pieles de los profetas,13.4 El manto de pieles era un especie de capa rústica que solían usar los profetas (2~R 1.8; Mt 3.4; Mc 1.6). 5sino que cada cual dirá: “Yo no soy profeta, sino labrador. Desde niño me he dedicado a trabajar en el campo.” 6Y si alguien le pregunta: “¿Pues qué heridas son esas que traes en el cuerpo?”, él contestará: “Me las hicieron en casa de mis amigos.”»13.6 Los antiguos profetas de Canaán se hacían incisiones o heridas en el cuerpo (lit. entre tus manos o brazos) en medio del frenesí o trance profético (1~R 18.28-29; Os 7.14). En este v., el hombre que lleva tales heridas es acusado de ser profeta, pero él, para defenderse, alega un altercado con amigos.

El Señor es mi Dios13.7-9 El pastor representa aquí al lugarteniente o ayudante del Señor. Con su espada ejecutará la prueba final, que precederá a la purificación o salvación definitiva del pueblo.

7El Señor todopoderoso afirma:

«¡Levántate, espada, contra mi pastor

y contra mi ayudante!

¡Mata al pastor, y el rebaño se dispersará,13.7 Mata al pastor… dispersará: Mt 26.31; Mc 14.27; Jn 16.32.

y yo me volveré contra los corderos!

8-9Morirán dos terceras partes

de los que habitan en este país:

solo quedará con vida la tercera parte.

Y a esa parte que quede

la haré pasar por el fuego;

la purificaré como se purifica la plata,

la afinaré como se afina el oro.

Entonces ellos me invocarán,

y yo les contestaré.

Los llamaré “Pueblo mío”,

y ellos responderán: “El Señor es nuestro Dios.”

Yo, el Señor, doy mi palabra.»