Dios habla Hoy (DHH)
8

81Ella se extiende con fuerza de un extremo a otro de la tierra,

y gobierna bien todas las cosas.

En la sabiduría están todos los bienes

2Yo la amé y la busqué desde mi juventud,

me enamoré de su belleza

y quise que fuera mi esposa.

3La nobleza de su origen resplandece porque vive junto a Dios

y porque la ama el que es Señor de todos.

4Ella conoce los secretos de Dios

y elige lo que él hace.

5Si en esta vida la riqueza es un bien deseable,

¿quién es más rico que la sabiduría, que lo realiza todo?

6Y si es la prudencia la que todo lo realiza,

¿quién, sino la sabiduría, es la autora de todo cuanto existe?

8.4-6
Cf.

7Si alguien ama la justicia,

las virtudes serán el fruto de sus esfuerzos.

Pues la sabiduría enseña la moderación y la prudencia,

la justicia y la fortaleza,

que son más útiles para los hombres

que cualquier otra cosa en esta vida.

8Si alguien desea alcanzar gran experiencia,

ella conoce el pasado y adivina el futuro,

sabe entender el lenguaje figurado

y dar respuesta a las preguntas difíciles,

prevé los sucesos más maravillosos

y lo que ha de suceder en los diversos tiempos.

9Por eso decidí tomarla como compañera de mi vida,

sabiendo que sería mi compañera en la prosperidad

y mi alivio en las preocupaciones y tristezas.

10«Gracias a ella —pensé yo— conseguiré fama entre la gente,

y, aunque soy joven, los ancianos me respetarán;

11al hacer justicia mostraré mi aguda inteligencia,

y seré admirado por los poderosos.

12Cuando yo calle, esperarán a que hable;

cuando abra la boca, prestarán atención;

y si me alargo hablando, me escucharán admirados.

13Gracias a la sabiduría, tendré la inmortalidad

y dejaré un recuerdo eterno a los que vengan después.

14Gobernaré pueblos y someteré naciones;

15los terribles tiranos se asustarán cuando oigan hablar de mí;

con mi pueblo me mostraré bueno y, en la guerra, valiente.

16Cuando regrese a casa, descansaré al lado de ella,

pues su compañía no produce amargura

ni se sufre al vivir con ella;

por el contrario, se experimenta placer y alegría.»

17Cuando reflexioné sobre todo esto,

comprendí que la inmortalidad consiste

en tener parentesco con la sabiduría

18y que su amistad produce un gran gozo.

Comprendí también que haciendo lo que ella ordena

se encuentra una riqueza inagotable,

que en el trato familiar con ella se halla la prudencia,

y que conversar con ella trae fama.

Por eso me puse a buscarla

para llevármela conmigo.

19Yo era un niño, bueno por naturaleza,

que había recibido un alma buena,

20o más bien, siendo bueno, entré en un cuerpo puro.

21Pero vi que no podría alcanzar la sabiduría

si Dios no me la daba,

y ya era señal de inteligencia saber quién era

el que concedía tan grande beneficio.

Entonces me dirigí al Señor

y le supliqué de todo corazón:

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.