Dios habla Hoy (DHH)
7

71Yo también soy un hombre mortal,

y desciendo, como todos,

del primer hombre modelado de la tierra.

En el seno de mi madre se formó mi carne;

2por espacio de diez meses7.2 Diez meses: Se trata de meses lunares de 28 días.

tomé consistencia en su sangre,

gracias a la semilla de mi padre

y al placer que acompaña al sueño.

3Al nacer respiré el aire común,

y fui puesto en la tierra que a todos recibe;

como todos, al nacer lo primero que hice fue llorar.

4Me envolvieron en pañales y me criaron con cariño.

5Ningún rey empezó de otra manera.

6Por un mismo camino entramos todos en la vida,

y por un mismo camino salimos de ella.

Aprecio por la sabiduría

7Por eso supliqué a Dios, y me concedió prudencia;

7.7
1~R 3.5-15

le pedí espíritu de sabiduría, y me lo dio.

8La preferí a los cetros y los tronos;

en comparación con ella, tuve en nada la riqueza.

9Ninguna piedra preciosa me pareció igual a ella,

pues frente a ella todo el oro es como un puñado de arena,

y la plata vale tanto como el barro.

10La amé más que a la salud y a la belleza;

la preferí a la luz del día,

porque su brillo no se apaga.

11Con ella me vinieron a la vez todos los bienes,

pues me trajo incalculables riquezas;

12gocé de todos esos bienes, porque la sabiduría los gobierna,

aunque no sabía que es la madre de todos ellos.

13La alcancé sin malicia, y la comparto sin envidia;

no escondo para mí su riqueza.

14La sabiduría es para los hombres un tesoro inagotable:

quien sabe usar de ella, logra la amistad de Dios,

porque ella, con sus enseñanzas, le sirve de recomendación.

El sabio pide la ayuda de Dios

15Que Dios me conceda hablar con sensatez

y que mis pensamientos sean dignos de sus dones,

pues él es quien guía la sabiduría

y dirige a los sabios.

16En sus manos estamos nosotros y nuestros pensamientos,

y toda prudencia y habilidad práctica.

17Él me dio el verdadero conocimiento de las cosas,

7.17-21
1~R 4.29-34

para conocer cómo está hecho el mundo

y cómo actúan los elementos;

18para conocer el comienzo, el fin y el medio de los tiempos,

las diversas posiciones del sol y los cambios de estaciones;

19los periodos del año y la posición de los astros;

20la naturaleza de los seres vivos

y el comportamiento de las fieras,

el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres;

cómo se distinguen las plantas y para qué sirven las raíces.

21Todo lo aprendí, lo mismo lo oculto que lo visible,

porque la sabiduría, que todo lo hizo, me lo enseñó.

Elogio de la sabiduría

22Hay en la sabiduría un espíritu inteligente, santo,

único, multiforme, sutil, móvil, lúcido, puro,

claro, inofensivo, amante del bien, penetrante,

23independiente, bienhechor, amigo del hombre,

firme, seguro, tranquilo,

que todo lo puede y a todo está atento,

que penetra en todos los espíritus,

los inteligentes, los puros y los más sutiles.

24La sabiduría se mueve mejor que el mismo movimiento,

y, a causa de su pureza, todo lo atraviesa y lo penetra,

25porque es como el aliento del poder de Dios

y una irradiación pura de la gloria del Todopoderoso;

por eso, nada impuro puede entrar en ella.

26Es reflejo de la luz eterna,

espejo sin mancha de la actividad de Dios

e imagen de su bondad.

27Es única y, sin embargo, lo puede todo;

sin cambiar ella misma, todo lo renueva,

y al penetrar a lo largo de la historia en las almas santas,

las hace amigas de Dios, para que hablen en nombre de él,

28pues nada es tan agradable a Dios

como el hombre que vive con la sabiduría.

29Ella es más brillante que el sol

y supera a todas las estrellas;

comparada con la luz del día, es superior,

30pues a la luz sigue la noche,

pero a la sabiduría no la puede dominar el mal.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.