Dios habla Hoy (DHH)
6

Los gobernantes deben buscar la sabiduría

61Escuchen, reyes, y entiendan;

aprendan, gobernantes de todo el mundo;

2pongan atención, ustedes que dominan multitudes

y presumen de gobernar a muchos pueblos.

3El Señor, Dios altísimo,

les ha dado poder y autoridad;

él examinará las obras de ustedes

e investigará sus intenciones,

4porque, estando al servicio del reino de Dios,

no han juzgado con rectitud, ni han cumplido la ley,

ni se han portado según la voluntad de Dios.

5El Señor vendrá sobre ustedes

de manera terrible y repentina,

porque él juzga con severidad a los poderosos.

6De los humildes tiene compasión y los perdona,

pero a los fuertes les pedirá cuentas con rigor.

7Él es Señor de todos y no tiene preferencias por ninguno,

ni siente miedo ante la grandeza.

Él hizo a los grandes y también a los pequeños,

y se preocupa de todos por igual;

8pero a los poderosos los examina con mayor rigor.

9Esto se lo digo a ustedes, gobernantes,

para que adquieran sabiduría y no pierdan el camino.

10Los que cumplen santamente las santas leyes,

serán contados entre el pueblo santo;

los que se dejaron instruir por ellas,

tendrán cómo defenderse.

11Tengan, pues, vivos deseos de mis palabras;

búsquenlas con avidez y recibirán instrucción.

12La sabiduría resplandece con brillo que no se empaña;

los que la aman, la descubren fácilmente,

y los que la buscan, la encuentran;

13ella misma se da a conocer a los que la desean.

14Quien madruga a buscarla no se cansa:

la encuentra sentada a la puerta de su propia casa.

15Tener la mente puesta en ella es prudencia consumada;

el que trasnocha por hallarla,

pronto se verá libre de preocupaciones.

16Ella misma va de un lado a otro

buscando a quienes son dignos de ella;

se les manifiesta con bondad en el camino

y les sale al encuentro en todo lo que piensan.

17El comienzo de la sabiduría

es el deseo sincero de instruirse;

tener deseo de instruirse ya es amar la sabiduría;

18amarla es cumplir sus leyes;

cumplir sus leyes es asegurarse la inmortalidad,

19y la inmortalidad acerca a Dios.

20Por tanto, el deseo de la sabiduría

es lo que hace de uno un verdadero rey.

21Gobernantes de los pueblos,

si estiman los tronos y los cetros,

aprecien la sabiduría,

para que puedan reinar eternamente.

Descripción de la sabiduría

22Voy a decirles en qué consiste la sabiduría

y de dónde viene,

sin ocultarles ningún secreto.

Llegaré hasta el comienzo mismo de ella

y la daré a conocer con toda claridad,

sin pasar por alto la verdad.

23No me dejaré guiar por la podrida envidia,

pues nada tiene que ver con la sabiduría.

24En que haya muchos sabios está la salvación del mundo,

y un rey prudente trae bienestar a su pueblo.

25Por tanto, déjense instruir por mis palabras

y sacarán provecho.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.