Dios habla Hoy (DHH)
5

51En aquel día el bueno estará de pie, sin miedo,

frente a los que lo hicieron sufrir

y despreciaron sus trabajos.

2Al verlo, se estremecerán de espanto y sorpresa,

ya que no esperaban que se hubiera salvado.

3Dirán entre sí, arrepentidos,

gimiendo llenos de dolor:

4«Este es aquel de quien en otro tiempo nos reímos,

aquel a quien convertimos en blanco de nuestras burlas.

¡Qué tontos fuimos!

Pensamos que su vida era una locura

y su muerte una deshonra.

5¡Miren cómo ahora es tenido por hijo de Dios

y comparte la herencia de su pueblo santo!

6¡Qué lejos anduvimos del camino de la verdad!

¡La luz de la justicia no brilló para nosotros,

ni nos iluminó la luz del sol!

7Anduvimos por caminos de maldad y perdición,

caminando por desiertos sin senderos,

y no reconocimos el camino del Señor.

8¿De qué nos sirvió nuestro orgullo?

¿De qué nos valió el presumir de ricos?

9Todo eso pasó como una sombra,

como palabra que se lleva el viento,

10como barco que cruza las olas del mar

sin que queden huellas de su travesía

ni rastro de su quilla entre las olas;

11como pájaro que vuela por el aire

sin dejar señales de su paso:

con sus alas azota el aire ligero,

con fuerte silbido lo rasga,

se abre camino aleteando,

y después no quedan rastros de su vuelo;

12como flecha disparada al blanco:

el aire se rasga, y vuelve en seguida a juntarse,

sin que se sepa el camino seguido por la flecha.

13Lo mismo nosotros: a poco de nacer ya dejamos de existir;

no hemos dejado ninguna huella de virtud,

pues nos hemos consumido en nuestra maldad.»

14En realidad, la esperanza del malvado

es como paja que arrebata el viento,

como espuma ligera que la tempestad arrastra;

se desvanece como humo llevado por el viento

y pasa como el recuerdo de un viajero

que solamente se hospedó una noche.

Los buenos viven eternamente

15Los buenos viven eternamente;

su recompensa está en las manos del Señor;

el Altísimo cuida de ellos.

16Por lo tanto, recibirán de manos del Señor

un reino glorioso y una hermosa corona;

5.16
Cf.

él los protegerá con su mano

y los defenderá con su brazo.

17El Señor se vestirá de su ira, como de una armadura,

y se armará de la creación, para castigar a sus enemigos;

18se revestirá de justicia, como de una coraza;

se pondrá como casco el juicio sincero,

19tomará su santidad como escudo impenetrable,

20afilará como una espada su ira inflexible

y el universo combatirá a su lado contra los insensatos.

21Desde las nubes saldrán certeros relámpagos y rayos,

como de un arco bien templado,

y volarán hacia el blanco;

22y con furor saldrá el granizo

disparado como piedras.

Las olas del mar se embravecerán contra ellos,

y los ríos los arrollarán sin compasión;

23un viento poderoso se levantará

y los barrerá como un huracán.

Así la iniquidad convertirá toda la tierra en un desierto,

y la maldad hará caer los tronos de los poderosos.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.