Dios habla Hoy (DHH)
4

41Es mejor no tener hijos y tener virtud;

pues la virtud que deja un buen recuerdo

es una especie de inmortalidad:

Dios y los hombres la aprecian.

2Cuando está presente, los hombres la imitan;

cuando está ausente, la echan de menos;

desfila por la eternidad, coronada como vencedora,

por haber alcanzado el triunfo

luchando limpiamente por el premio.

3La innumerable familia de los malos no prosperará;

los hijos nacidos del adulterio son como una planta que no echa raíces profundas

ni tiene bases firmes.

4Aunque por un tiempo sus ramas reverdezcan,

como no tiene fundamento sólido

será sacudida por el viento

y arrancada por la violencia de los huracanes.

5Sus ramas se troncharán antes de tiempo,

su fruto será inútil, no servirá de nada:

no madurará ni podrá comerlo nadie.

6Los hijos que nacen de relaciones prohibidas

serán prueba de la perversidad de sus padres,

cuando Dios llame a estos a juicio.

La muerte prematura del bueno

7El bueno, aunque muera antes de tiempo, tendrá descanso,

8pues la vejez que merece respeto

no es la que dura mucho tiempo,

ni se mide por el número de años.

9La prudencia vale tanto como las canas,

y una vida intachable es como una edad avanzada.

10El bueno agradó a Dios, y Dios lo amó;

vivía entre pecadores, y Dios se lo llevó;

11lo arrebató para que el mal no pervirtiera su mente,

para que el error no sedujera su alma,

12pues, como un hechizo, la maldad oscurece el bien

y el vértigo de la pasión pervierte al espíritu inocente.

13Él consiguió en poco tiempo

la perfección que se logra en muchos años.

14Como su alma era agradable a Dios,

Dios se apresuró a sacarlo de la maldad.

La gente ve esto, pero no lo entiende;

no comprende 15que aquellos a quienes Dios ha escogido

gozan de su amor y su misericordia,

y que él vela por su pueblo santo.

16El bueno que muere condena a los malos que todavía viven,

y la juventud que pronto llega a la perfección

condena a la prolongada vejez del malvado.

17La gente verá la muerte del sabio

y no comprenderá lo que el Señor quería de él,

ni por qué lo puso en un lugar seguro.

18Lo mirarán y lo despreciarán,

pero el Señor se reirá de ellos.

19Cuando ellos mueran, nadie les rendirá honores,

y serán despreciados para siempre entre los muertos.

Sin dejarlos hablar, el Señor los lanzará de cabeza,

los arrancará de sus cimientos

y los arruinará completamente.

Estarán llenos de angustia,

y no quedará recuerdo de ellos.

Juicio sobre los buenos y los malos

20Cuando Dios haga el balance de los pecados de los malos,

estos se presentarán llenos de miedo,

y sus malas acciones aparecerán allí para acusarlos.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.