Dios habla Hoy (DHH)
2

21Razonando equivocadamente se han dicho:

«Corta y triste es nuestra vida;

la muerte del hombre es inevitable,

y no se sabe de nadie que haya vuelto de la tumba.

2Nacimos casualmente, y luego pasaremos,

como si no hubiéramos existido,

pues nuestro aliento es como el humo,

y el pensamiento, como una chispa

alimentada por el latido de nuestro corazón.

3Cuando esta chispa se apague,

el cuerpo se convertirá en ceniza,

y el espíritu se desvanecerá como aire ligero.

4Con el paso del tiempo,

nuestro nombre caerá en el olvido,

y nadie recordará nuestras acciones.

Nuestra vida pasará como el rastro de una nube

y se desvanecerá como neblina

perseguida por los rayos del sol

y vencida por su calor.

5Nuestra vida es como el paso de una sombra;

cuando llega nuestro fin, no podemos regresar.

El destino del hombre queda sellado;

nadie puede ya volver atrás.

6¡Por eso, disfrutemos de los bienes presentes

2.6
Cf.

y gocemos de este mundo

con todo el ardor de la juventud!

7¡Embriaguémonos del vino más costoso y de perfumes!

¡No dejemos pasar las flores de la primavera!

8Coronémonos de rosas antes de que se marchiten;

9que en nuestras orgías no falte ninguno de nosotros.

Dejemos por todas partes huellas de nuestra alegría:

¡eso es vivir; para eso estamos aquí!

10¡Aplastemos al hombre honrado que no tiene dinero;

no tengamos compasión de la viuda,

ni respetemos las canas del anciano!

11Que la fuerza sea para nosotros la norma de la justicia,

ya que la debilidad no sirve para nada.

12Pongamos trampas al bueno, pues nos es molesto;

se opone a nuestras acciones,

nos reprocha que no cumplamos la ley

y nos echa en cara que no vivamos según la educación que recibimos.

13Dice que conoce a Dios,

y se llama a sí mismo hijo del Señor.

14Es un reproche a nuestra manera de pensar;

su sola presencia nos molesta.

15Su vida es distinta a la de los demás,

y su proceder es diferente.

16Nos rechaza como a moneda falsa,

y se aparta de nuestra compañía

como si fuéramos impuros.

Dice que los buenos, al morir, son dichosos,2.16 En el judaísmo tardío, especialmente en el helenístico, se fue abriendo paso cada vez más claramente la conciencia de que la fidelidad a Dios no podía quedar frustrada con la muerte. Después de su muerte, el bueno encuentra su felicidad en Dios (cf. 3.1-9; 5.4-5,15-16). Esta idea se desarrollará plenamente en el NT (cf. Mt 25.31-46; Jn 11.25; 1~Ts 4.16-17).

y se siente orgulloso de tener a Dios por padre.

17Veamos si es cierto lo que dice

y comprobemos en qué va a parar su vida.

18Si el bueno es realmente hijo de Dios,

Dios lo ayudará y lo librará

de las manos de sus enemigos.

19Sometámoslo a insultos y torturas,

para conocer su paciencia

y comprobar su resistencia.

20Condenémoslo a una muerte deshonrosa,

pues, según dice, tendrá quien lo defienda.»

2.18-20
Sal 22.8
Is 50.7-9
Mt 27.43Ro 8.31

Error de los malos

21Así piensan los malos, pero se equivocan;

su propia maldad los ha vuelto ciegos.

22No entienden los planes secretos de Dios,

ni esperan que una vida santa tenga recompensa;

no creen que los inocentes recibirán su premio.

23En verdad, Dios creó al hombre para que no muriera,

y lo hizo a imagen de su propio ser;

2.23
Gn 1.26-27

24sin embargo, por la envidia del diablo2.24 La serpiente de Gn 3 se entendió como imagen del diablo. Cf. Ap 12.9.

entró la muerte en el mundo,

2.24
Cf.

y la sufren los que del diablo son.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.