Dios habla Hoy (DHH)
18

181Para tu pueblo santo, en cambio, brillaba una luz intensa.

18.1-2
Ex 10.23

Los egipcios, al oírlos hablar, aunque sin poder verlos,

envidiaban su felicidad por no sufrir como ellos;

2les agradecían que, a pesar de los malos tratos recibidos,

no hubieran tomado venganza contra ellos,

y les pedían perdón por haberlos tratado como enemigos.

3A tu pueblo, en vez de tinieblas,

le diste una columna de fuego,

18.3
Ex 13.21-22

como un sol que no hacía daño,

para que lo guiara en su desconocido viaje,

en su gloriosa expedición.

4Los egipcios merecieron quedarse sin luz,

esclavos de la oscuridad,

por haber tenido presos a tus hijos,

que tenían la misión de trasmitir al mundo

la luz inagotable de tu ley.

La muerte

5Los egipcios decidieron matar a los niños de tu pueblo santo,

y solo se salvó Moisés, que fue abandonado.

18.5
Ex 1.15—2.10

Pero, en castigo, les quitaste a ellos muchos hijos

e hiciste que se ahogaran todos juntos

en el agua enfurecida.

18.5
Ex 14.26-28

6Lo que aquella noche había de suceder,

nuestros antepasados lo supieron de antemano,

para que, teniendo tal seguridad,

se sintieran animados

por las promesas en que habían creído.

18.6-19
Ex 12.29-30

7Tu pueblo esperó al mismo tiempo

la salvación de los inocentes

y la perdición de sus enemigos,

8pues con los mismos medios castigaste a estos

y nos honraste llamándonos a ti.

18.8
Ex 19.4

9Los piadosos herederos de tus bendiciones

ofrecieron sacrificios a escondidas;

de común acuerdo se comprometieron a cumplir la ley divina

y a compartir la prosperidad y los peligros,

y cantaron ya los himnos tradicionales.

10Con estos himnos contrastaban

los gritos confusos de los enemigos

y los quejidos dolorosos

de quienes lloraban a sus hijos muertos.

11Señores y esclavos sufrieron igual castigo;

el hombre del pueblo corrió igual suerte que el rey.

12Todos por igual tuvieron innumerables muertos,

que de igual forma perecieron.

Los vivos no se daban abasto para enterrarlos,

pues en un instante pereció lo mejor de su nación.

13Así ellos, que confiados en su magia

no habían creído en ninguna de las advertencias,

reconocieron, al ver muertos a sus hijos mayores,

que nuestro pueblo era hijo de Dios.

18.13
Ex 4.22-23

14Porque a la medianoche,

cuando la paz y el silencio todo lo envolvían,

15tu palabra omnipotente, cual guerrero invencible,

18.15
Cf.

salió del cielo, donde tú reinas como rey,

y cayó en medio de aquella tierra maldita.

Llevando, como afilada espada, tu orden terminante,

16entró en acción y todo lo llenó de muerte;

con su cabeza tocaba el cielo, y con sus pies, la tierra.

17Entonces, horribles pesadillas angustiaron a los egipcios,

y los asaltó un terror que no habían imaginado.

18Y al caer por tierra, moribundos, en diversos sitios,

mostraron claramente quién les había enviado la muerte.

19Los sueños que los atormentaron

habían sido una advertencia,

para que no murieran

sin saber la razón de su desgracia.

20Pero también los justos

tuvieron que experimentar la muerte:

muchos de ellos perecieron en el desierto.

Pero tu ira no duró mucho tiempo,

21pues Aarón, un hombre irreprochable,

se convirtió en su defensor

con las armas de su oficio sacerdotal:

la oración y el incienso con que alcanzó el perdón.

Hizo así frente a tu ira

y puso término a la calamidad,

mostrando que era en verdad tu servidor.

18.21
Nm 16.41-50

22Venció a tu ira, no con la fuerza de su cuerpo

ni con el poder de las armas,

sino que calmó tu enojo con su palabra,

recordándote las alianzas y promesas

que habías hecho a sus antepasados.

23Cuando ya se amontonaban los cadáveres unos sobre otros,

se interpuso, detuvo el avance de tu ira

y le cerró el paso hacia los sobrevivientes.

24En su larga vestidura

estaba representado todo el mundo;

en las cuatro hileras de piedras talladas

estaban los gloriosos nombres de los antepasados;

y sobre el turbante que llevaba en la cabeza

estaba tu majestad.

18.24
Ex 28

25Ante esto, el destructor retrocedió, lleno de miedo,

pues con solo probar tu ira era suficiente.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.