Dios habla Hoy (DHH)
17

Oscuridad y luz

171Tus juicios son grandiosos e inexplicables.

Por eso, la gente que no aprende se equivoca.

2Los malvados pensaron que podían oprimir

al pueblo consagrado a ti,

pero fueron ellos los que, aprisionados por la oscuridad

y cautivos de una noche interminable,

17.2-20
Ex 10.21-23

tuvieron que quedarse encerrados en sus casas,

sin gozar de la luz que tú, en tu providencia, siempre das.

3Pensaron que los pecados que cometían en secreto

quedarían ocultos

bajo el oscuro manto del olvido,

pero, en realidad, tuvieron que huir en todas direcciones,

terriblemente asustados por apariciones

que los llenaban de terror.

4De hecho, ni siquiera escondiéndose en sus casas

pudieron librarse de ese miedo.

Por todas partes oían ruidos que los aterraban,

y se les aparecían figuras espantosas de aspecto horrible.

5El fuego no tenía fuerza suficiente para darles luz,

ni el resplandor brillante de los astros

lograba iluminar aquella horrible noche.

6Para ellos brillaba solamente

un fuego que los espantaba y que ardía por sí solo;

y era tal el miedo, que cuando la visión desaparecía de su vista

todavía les parecía más terrible.

7Los trucos de la magia fracasaron,

y la ciencia de que presumían quedó en ridículo,

17.7
Ex 8.18
9.11

8pues los que prometían librar de temores y angustias

a los hombres enfermos,

estaban a su vez enfermos de un miedo ridículo.

9Y aunque no hubiera nada terrible que los asustara,

los pasos de los animales

y el silbido de las serpientes

los llenaban de pavor;

se morían de miedo,

y ni siquiera se atrevían a mirar el aire,

del que es imposible escapar.

10Ciertamente la maldad es cobarde,

pues tiene en sí misma un testigo que la condena;

acosada por la conciencia,

siempre imagina lo peor.

11El miedo, en realidad, no es otra cosa

que no querer servirse de la ayuda de la razón.

12Mientras menores son los recursos interiores,

peor parece la causa desconocida del tormento.

13Los egipcios, en medio de aquella oscuridad

que, en realidad, no tenía ningún poder,

pues venía de las profundidades

del reino impotente de la muerte,

aunque dormían como de costumbre,

14se veían perseguidos por horribles fantasmas,

o se sentían paralizados y sin fuerzas,

a causa del terror que, de repente

y sin que lo esperaran, los había invadido.

15Así, todos por igual, donde estuvieran,

caían como presos en una cárcel sin rejas:

16lo mismo agricultores que pastores,

o los que trabajaban en los campos solitarios,

todos, de improviso, sufrían este castigo,

sin poder escapar,

pues la oscuridad los tenía presos a todos por igual.

17El silbido del viento,

el melodioso canto de los pájaros en las ramas de los árboles,

el rumor acompasado del agua que corría con fuerza,

el ruido seco de las piedras al caer,

18la invisible carrera de los animales que brincaban,

el rugido de las fieras salvajes

o el eco en las cavernas de los montes

los paralizaban de terror.

19El resto del mundo,

iluminado por una luz resplandeciente,

se entregaba libremente a sus tareas;

20solo sobre los egipcios se extendía una pesada noche,

imagen de la oscuridad en que iban a caer;

pero ellos eran para sí mismos

más insoportables que la oscuridad.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.