Dios habla Hoy (DHH)
13

El culto a los astros y a las fuerzas de la naturaleza

131Faltos por completo de inteligencia

son todos los hombres que vivieron sin conocer a Dios;

los cuales, a pesar de ver tantas cosas buenas,

no reconocieron al que verdaderamente existe;

los cuales, a pesar de ver sus obras,

no descubrieron al que las hizo.

13.1
Ro 1.19-20Sal 92.5-6

2En cambio, tuvieron por dioses que gobiernan el mundo

al fuego, al viento,

al aire ligero, a las estrellas del firmamento,

al agua caudalosa y a los astros del cielo.

3Si con la belleza de esos seres tanto se encantaron

que llegaron a tenerlos por dioses,

deberían comprender que mucho más hermoso

es el Señor de todos ellos,

pues él, el autor de la belleza, fue quien los creó.

4Si los asombró el poder y la actividad de aquellos seres,

deberían saber que más poderoso es quien los hizo;

5pues, partiendo de la grandeza y la belleza de lo creado,

se puede reflexionar y llegar a conocer a su creador.

6A esos hombres, sin embargo, no se les puede culpar del todo,

porque quizá se equivocaron

en su afán mismo de buscar a Dios y querer encontrarlo.

13.6
Hch 17.27

7Pasan la vida en medio de las obras de Dios, tratando de estudiarlas,

y se dejan engañar por su apariencia,

ya que las cosas que ven son efectivamente bellas.

8Sin embargo, no tienen excusa,

9porque si fueron capaces de saber tanto,

hasta el punto de investigar el universo,

¿por qué no descubrieron antes al Señor de todos?

El culto a los ídolos

10¡Pero qué desgraciados son

los que llaman dioses a cosas hechas por los hombres,

a objetos de oro y plata, artísticamente trabajados,

a figuras de animales,

a una piedra sin valor, tallada hace mucho por un escultor,

pues ponen su esperanza en cosas muertas!

11Pongamos por ejemplo un carpintero:

corta un árbol fácil de manejar,

con habilidad le quita toda la corteza,

lo labra con cuidado

y hace un objeto útil para las necesidades ordinarias;

12la madera que le sobra

la usa para preparar toda la comida que quiere.

13Y lo que queda todavía,

un palo torcido y nudoso, que no sirve para nada,

lo toma, lo labra, simplemente por pasar el tiempo,

y lo modela, con habilidad y sin esfuerzo,

hasta sacar la imagen de un hombre

14o lograr el parecido de un animal despreciable.

Lo cubre luego con pintura roja,

tapando así todas las imperfecciones;

15y le hace entonces un nicho conveniente,

lo coloca en la pared y lo sujeta con un clavo.

16Tiene que tomar precauciones para que no se caiga,

porque sabe que el ídolo mismo no puede valerse:

no es más que una imagen, y necesita ayuda.

17Y a pesar de todo, le pide por sus bienes de fortuna,

por su esposa y por sus hijos;

no le da vergüenza dirigir la palabra

a un objeto que no tiene vida.

Para pedir la salud, acude a un ser que no la tiene;

18para pedir la vida, acude a un ser muerto;

para conseguir protección, recurre al más incapaz;

para pedir buen viaje, a un ser que ni siquiera puede andar;

19para tener éxito en sus negocios, actividades y trabajos,

pide ayuda a quien no tiene la menor fuerza en sus manos.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.