Dios habla Hoy (DHH)
10

La sabiduría desde Adán hasta José

101La sabiduría protegió al hombre que fue creado primero,

al padre del género humano, después de ser formado solo,

y ella lo levantó de su caída

2y le dio el poder de dominarlo todo.

10.1-2
Gn 1.26-28

3En cambio Caín, llevado por su ira, se apartó de ella,

y llevado por el odio dio muerte a su hermano.

10.3
Gn 4.5-16

De ese modo, él mismo pereció.

10.3
Gn 6.9—8.22

4Por culpa del hombre, el agua inundó la tierra,

pero la sabiduría la salvó de nuevo,

guiando al justo Noé en un simple trozo de madera.

5Cuando las naciones se unieron para hacer el mal

y fueron confundidas,

10.5
Gn 11.1-9

la sabiduría escogió a Abraham, hombre justo,

lo conservó irreprochable ante Dios

y lo mantuvo fuerte a pesar del amor que sentía por su hijo.

10.5
Cf.

6Cuando Dios exterminó a los perversos,

la sabiduría libró a Lot, otro hombre justo,

del fuego que cayó sobre las cinco ciudades.10.6 Las cinco ciudades: Sodoma, Gomorra y tres ciudades más, mencionadas en Gn 14.2. La destrucción se describe en Gn 19.1-29.

7En prueba de aquella maldad,

todavía queda el desierto humeante,

plantas cuyos frutos nunca maduran

y una estatua de sal que se levanta

como recuerdo de una persona que no creyó.10.7 Una persona que no creyó: la mujer de Lot: Gn 19.26.

8Por haberse apartado de la sabiduría,

esa gente no solo se hizo incapaz de conocer el bien,

sino que dejó un recuerdo de su poco juicio,

para que no se olvidaran sus errores.

9La sabiduría, en cambio, sacó de apuros a sus servidores.

10Llevó por caminos seguros a Jacob, hombre justo,

que huía de la ira de su hermano;

10.10
Gn 27.41-45

le mostró el reino de Dios

y le dio el conocimiento de las cosas sagradas;10.10 Conocimiento de las cosas sagradas: Gn 28.10-22; 32.30.

le dio éxito en sus trabajos

y multiplicó el fruto de sus fatigas;

10.10-12
Gn 29—33

11lo ayudó ante la codicia de sus opresores

y lo enriqueció;

12lo defendió de sus enemigos,

lo protegió de los ataques de estos

y lo hizo triunfar en el duro combate,10.12 El duro combate: Gn 32.22-30.

para que supiera que nada es tan fuerte como la piedad.

13La sabiduría no abandonó a José, el justo vendido,10.13 José, el justo vendido: Gn 37.

sino que lo libró de caer en pecado;10.13 Lo libró de caer en pecado: Gn 39.

14lo acompañó al calabozo

y no lo dejó en la cárcel,

10.14
Gn 40—41

sino que le entregó el cetro de rey

y le dio poder sobre sus opresores;

demostró la mentira de los que lo acusaron

y le dio gloria eterna.

10.14
Gn 41.37-57

La sabiduría y la salida de Israel de Egipto

15La sabiduría libró a tu pueblo santo,

a tu gente irreprochable,

de la nación que lo oprimía.

10.15-21
Ex 1.1—15.21

16Entró en el alma de Moisés, tu siervo,

y con milagros y prodigios

hizo frente a reyes temibles.

17Dio a tu pueblo santo la recompensa de sus sufrimientos,

y lo condujo por un camino maravilloso;

durante el día le daba sombra,

y de noche era como la luz de las estrellas.

10.17
Ex 13.21-22
Sal 78.14

18Lo hizo atravesar el Mar Rojo a pie,

y lo guió a través de aguas caudalosas;10.18 Ex 14; Sal 78.13.

19a sus enemigos, en cambio, los hundió,

y luego los sacó del fondo del abismo.

10.19
Ex 14.26-30

20Así los justos se apoderaron de las riquezas de los impíos,10.20 Se apoderaron de las riquezas: Cf. Ex 3.22; 12.35-36. Otra posible traducción: se apoderaron de las armas.

alabaron, Señor, tu santo nombre,

y todos a una te dieron gracias porque tú los defendiste:

21la sabiduría enseñó a hablar a los mudos

y soltó la lengua de los niños.10.21 Los niños: Ex 15.1-21; Sal 8.2.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.