Dios habla Hoy (DHH)
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81¡Ojalá fueras tú un hermano mío,8.1 ¡Ojalá fueras tú un hermano mío…!: La joven desearía abrazar a su amado públicamente, pero las severas costumbres de la época solo permitían dar esas pruebas de afecto a un pariente cercano.

criado a los pechos de mi madre!

Así, al encontrarte en la calle,

podría besarte y nadie se burlaría de mí;

2podría llevarte a la casa de mi madre,

te haría entrar en ella,

y tú serías mi maestro.

Yo te daría a beber del mejor vino

y del jugo de mis granadas.

3¡Que ponga él su izquierda bajo mi cabeza,

y que con su derecha me abrace!

Él

4Prométanme, mujeres de Jerusalén,

no interrumpir el sueño de mi amor.

¡Déjenla dormir hasta que quiera despertar!

Sexto canto

Coro

5¿Quién es esta que viene del desierto,

recostada en el hombro de su amado?

Él

Bajo un manzano interrumpí tu sueño:

allí donde tu madre tuvo dolores;

allí donde tu madre te dio a luz.

Ella

6Llévame grabada8.6 Grabada: lit. como un sello. Los sellos se hacían de metal o de piedra y servían para certificar la autenticidad de un documento escrito. El propietario llevaba su sello como anillo (Jer 22.24) o atado al cuello (Gn 38.18), y no se separaba de él por ningún motivo (cf. Hag 2.23). en tu corazón,

¡llévame grabada en tu brazo!

El amor es inquebrantable como la muerte;

la pasión, inflexible como el sepulcro.

¡El fuego ardiente del amor

es una llama divina!

7El agua de todos los mares8.7 El agua de todos los mares: alusión a las aguas del océano primordial, que en algunos textos del AT aparecen asociadas a la muerte (cf. 2~S 22.5-6,17; Sal 18.4-5,16; Jon 2.2-3). De ahí la conexión de esta frase con las del v. anterior.

no podría apagar el amor;

tampoco los ríos podrían extinguirlo.

Si alguien ofreciera todas sus riquezas

a cambio del amor,

burlas tan solo recibiría.

Coro

8Nuestra hermanita no tiene pechos.

¿Qué vamos a hacer con ella

cuando vengan a pedirla?

9Si fuera una muralla,

construiríamos sobre ella almenas de plata;

si fuera una puerta,

la recubriríamos con tablas de cedro.

Ella

10Yo soy como una muralla,

y mis pechos como torres.

Por eso, a los ojos de él,

ya he encontrado la felicidad.

11Salomón tenía un viñedo en Baal-hamón.

Lo dejó al cuidado de unos guardianes,

que al llegar la cosecha le entregaban

mil monedas de plata cada uno.

12Las mil monedas son para ti, Salomón,

y doscientas para los guardianes;

¡yo cuido mi propia viña!

Él

13¡Déjame oír tu voz,

oh reina de los jardines!

¡Nuestros amigos esperan escucharla!

Ella

14¡Corre, amado mío,

corre como un venado,

como el hijo de una gacela

sobre los montes llenos de aromas!