Dios habla Hoy (DHH)
43

431¡Qué bella y pura es la bóveda del cielo!

¡Qué espectáculo tan grandioso el firmamento!

2Brilla el sol, y el calor se va extendiendo;

¡qué maravillosa obra del Señor!

3A mediodía hace arder el mundo;

¿quién puede resistir su calor?

4Como el horno ardiente derrite los metales,

así el sol con sus rayos abrasa las montañas.

Una llamarada luminosa consume la tierra,

y su luz ciega los ojos.

5¡Qué grande es el Señor, que lo creó!

Por orden suya, el sol avanza en su carrera.

6También hace salir la luna en los diversos tiempos,

y ella, como señal eterna, dirige los periodos.

7Por ella sabemos las fiestas y otras fechas señaladas;

al recorrer su órbita, su brillo es menor.

8Sin embargo, se renueva cada mes;

¡qué admirable manera de cambiar!

Señal para los ejércitos del cielo,

que ilumina con su brillo la bóveda celeste.

9Las estrellas son belleza y adorno del cielo;

su luz ilumina las alturas infinitas.

10Por orden de Dios se mantienen en su puesto

y no se cansan de hacer guardia.

11Mira el arco iris y bendice a su Creador;

¡qué maravillosa belleza!

12Con su esplendor abarca el horizonte,

cuando Dios lo extiende con su mano.

13Dios con su poder traza el camino a los relámpagos

y manda los rayos como castigo.

14Con el mismo fin abre los depósitos del cielo

y hace que las nubes vuelen como buitres.

15Con su poder condensa las nubes

y desmenuza las piedras de granizo.

16El estrépito de su trueno hace que tiemble la tierra,

y con su poder, que se estremezcan los montes.

17Con una orden suya incita al viento sur,

al tempestuoso viento norte, al huracán y a la tormenta.

18Esparce la nieve como pájaros en vuelo;

cae la nieve como bandada de langostas.

El resplandor de su blancura ciega los ojos,

y al verla caer se conmueve el corazón.

19Esparce la escarcha como si fuera sal,

y la hace florecer como zafiros.

20Hace que sople el helado viento norte,

y congela el agua de los manantiales.

Una costra se extiende por todos los estanques;

los cubre una coraza.

21Quema y reseca, como el fuego,

el verdor de las montañas y la hierba de los prados.

22Pero todo lo sana el rocío que cae de las nubes

y que se extiende para fecundar la tierra seca.

23Dios, con su sabiduría, aplaca el océano

y planta las islas en el mar.

24Los navegantes describen su extensión,

y al oírlos quedamos asombrados.

25Allí están sus obras más maravillosas,

toda clase de animales y de monstruos.

26Con la ayuda de Dios tienen éxito sus mensajeros,

y cuando les da una orden, cumplen su voluntad.

27No es necesario añadir más a lo ya dicho:

en resumen, Dios lo es todo.

28Alabemos más y más su insondable grandeza;

él es más grande que todo lo creado.

29El Señor es sumamente temible,

y su poder, maravilloso.

30Levanten la voz para alabarlo

todo lo que puedan, y no será bastante;

glorifíquenlo con fuerzas siempre nuevas,

y no se cansen, pues nunca llegarán al término.

31¿Quién lo ha visto, que pueda describirlo?

¿Quién podrá alabar su grandeza tal cual es?

32Más grandes todavía son las cosas escondidas;

solo he visto unas pocas de sus obras.

33El Señor lo ha hecho todo,

y a sus fieles les da sabiduría.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.