Dios habla Hoy (DHH)
38

Enfermedad y muerte

381Respeta al médico por sus servicios,

pues también a él lo instituyó Dios.

2El médico recibe de Dios su ciencia,

y del rey recibe su sustento.

3Gracias a sus conocimientos, el médico goza de prestigio

y puede presentarse ante los nobles.

4Dios hace que la tierra produzca sustancias medicinales,

y el hombre inteligente no debe despreciarlas.

5Dios endulzó el agua con un tronco

38.5
Ex 15.23-25

para mostrar a todos su poder.

6Él dio la inteligencia a los hombres,

para que lo alaben por sus obras poderosas.

7Con esas sustancias, el médico calma los dolores

y el boticario prepara sus remedios.

8Así no desaparecen los seres creados por Dios,

ni falta a los hombres la salud.

9Hijo mío, cuando estés enfermo no seas impaciente;

pídele a Dios, y él te dará la salud.

10Huye del mal y de la injusticia,

y purifica tu corazón de todo pecado.

11Ofrece a Dios sacrificios agradables

y ofrendas generosas de acuerdo con tus recursos.

12Pero llama también al médico;

no lo rechaces, pues también a él lo necesitas.

13Hay momentos en que el éxito depende de él,

14y él también se encomienda a Dios,

para poder acertar en el diagnóstico

y aplicar los remedios eficaces.

15Así que un hombre peca contra su Creador,

cuando se niega a que el médico lo trate.

16Hijo mío, llora por el que muere,

muestra tu dolor y cumple los ritos fúnebres.

Sepúltalo de acuerdo con las costumbres,

no te ausentes de sus funerales.

38.16
Cf.

17Hijo, con amargo llanto y señales de duelo,

hazle un funeral como le corresponde.

Deja correr las lágrimas uno o dos días,

y después consuélate de la pena.

38.17-23
30.21-23

18Porque la pena lleva a la muerte,

y la tristeza desgasta las fuerzas.38.18 La versión griega añade el v. 19: Cuando el hombre muere, termina también el sufrimiento; vivir en la pobreza oprime el corazón.

20No pienses más en él,

aparta su recuerdo y piensa en el futuro.

21No sigas pensando en él, que ya no tiene nada que esperar;

38.21
Véase

a él no le aprovecha, y a ti te hace daño.

22Piensa que tendrás igual destino que él:

ayer él y hoy tú.

23Como descansa el muerto, que así descanse su recuerdo;

y tú consuélate, toda vez que él ya ha muerto.

El trabajo manual y la sabiduría

24La sabiduría del literato crece con sus tiempos libres;

el que tiene pocas ocupaciones puede hacerse sabio.

25No puede hacerse sabio quien pasa su tiempo arando,

quien pone su orgullo en manejar bien la aguijada,

quien no hace más que dirigir los bueyes,

y solamente se ocupa del ganado,

26y se desvela por arreglar el establo,

y toda su preocupación es trazar los surcos.

27Otro tanto hay que decir de todo obrero y artesano

que trabaja de noche lo mismo que de día,

que talla relieves para sellos

y constantemente cambia los diseños.

Se esfuerza por representar al vivo las imágenes

y se desvela para terminar su trabajo.

28Así también el herrero sentado junto al yunque,

concentrado en trabajar el hierro.

El humo y el fuego le resecan la piel

mientras lucha con el calor de la fragua.

El ruido del martillo resuena siempre en sus oídos;

tiene los ojos fijos en el modelo que copia.

Se esfuerza por terminar su trabajo,

y se desvela por darle los toques finales.

29Lo mismo es el que trabaja el barro,

que hace girar el torno con los pies,

siempre concentrado en su trabajo

y esforzándose por hacer la cantidad fijada.

30Moldea el barro con las manos,

y con los pies lo ablanda.

Se esfuerza por terminar el barnizado,

y se desvela para dejar limpio el horno.

31Todos ellos son obreros que trabajan con sus manos,

y cada uno en su oficio es un experto.

32Sin ellos no sería posible la vida en sociedad,

nadie viviría ni nadie viajaría.

33Sin embargo nadie los invitará a gobernar el pueblo,

ni descollarán en la asamblea.

No forman parte de ningún tribunal,

ni entienden de asuntos de justicia.

34No demuestran instrucción ni capacidad para juzgar,

ni entienden de proverbios.

Pero ellos contribuyen a la estabilidad del mundo,

ocupándose en su trabajo de artesanos.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.