Dios habla Hoy (DHH)
30

La educación de los hijos

301El que ama a su hijo no deja de castigarlo,

y al final encontrará en él su alegría.

2El que educa a su hijo quedará satisfecho,

y ante sus conocidos estará orgulloso de él.

3El que instruye a su hijo causa envidia a su enemigo,

pero ante sus amigos se mostrará contento de él.

4Si el padre muere, es como si no hubiera muerto,

porque deja a uno semejante a él.

5Cuando vivía, se sentía feliz al verlo,

y al morir no siente tristeza.

6Deja alguien que lo vengará de sus enemigos

y que con sus amigos será agradecido.

7El que mima a su hijo, después tendrá que vendarle las heridas,

y al oírlo gritar se le partirá el corazón.

8Caballo sin amansar se vuelve terco,

e hijo dejado a sus anchas se desboca.

9Sé blando con tu hijo, y te hará temblar;

bromea con él, y te hará llorar.

10No te diviertas con él, si no quieres sufrir con él

y terminar lamentándolo terriblemente.

11No le des autoridad en su juventud

ni le perdones sus malas acciones.

12Mientras es joven, haz que se someta,

y dale azotes mientras es muchacho,

para que no se obstine y se rebele contra ti

y te cause grandes disgustos.

13Corrige a tu hijo y somételo con energía,

para que en su necedad no se rebele contra ti.

Salud y felicidad

14Más vale pobre con buena salud

que rico con el cuerpo enfermo.

15Prefiero la buena salud al oro,

y el buen ánimo a las perlas.

16No hay riqueza mayor que la buena salud,

ni bien más grande que la felicidad.

17Preferible la muerte a una vida infeliz,

y el descanso eterno a estar siempre sufriendo.

18Dar ricas comidas al que no puede comer

es como llevar ofrendas a un ídolo pagano.

19¿De qué les sirve eso a los ídolos,

que no comen ni huelen?

Así le pasa a quien tiene riquezas

pero no las puede gozar.

20Las mira y suspira,

como un eunuco abrazando a una joven.

21No te entregues a la tristeza,

ni te atormentes con tus pensamientos.

22La alegría del corazón es la vida del hombre,

la dicha le alarga los años.

23Cálmate, tranquiliza tu corazón

y aleja de ti el enojo,

pues los pleitos han causado la muerte a muchos

y el enojo no trae ningún provecho.

24La envidia y los pleitos acortan la vida,

y las preocupaciones hacen viejo antes de tiempo.

25Un corazón contento es como un banquete

que trae buen provecho al que lo come.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.