Dios habla Hoy (DHH)
29

Los préstamos son fuente de enemistades

291El hombre compasivo presta a su prójimo;

dar ayuda es cumplir los mandamientos.

2Presta a tu prójimo cuando esté en necesidad,

y, por tu parte, devuelve a tiempo lo que te hayan prestado.

3Cumple tu palabra y sé fiel a los demás,

y siempre que lo necesites encontrarás ayuda.

4Muchos se creen dueños del dinero que les han prestado

y causan molestias a quienes les ayudaron.

5Antes de recibir el dinero, le besan al prójimo la mano

y le hablan con humildad de sus riquezas;

pero cuando deben devolver dan largas al asunto,

dicen que lo sienten mucho y le echan la culpa al tiempo.

6Si el que prestó insiste, logrará que le paguen la mitad,

y hará de cuenta que tiene mucha suerte.

Si no, que dé su dinero por perdido,

y se habrá ganado un enemigo gratuito.

Le pagará con injurias e insultos,

y con ofensas en vez de respeto.

7Muchos se niegan a prestar, no por maldad,

sino porque no quieren perder sin más ni más sus bienes.

La limosna y las fianzas

8Pero tú, sé paciente con el pobre

y no le hagas esperar tu limosna.

9En atención a los mandamientos,

29.9
Cf.
socorre al pobre;

si está en necesidad, no lo despidas con las manos vacías.

10Pierde dinero dándoselo a un hermano o un amigo,

y no lo dejes perder enmoheciéndose debajo de una piedra.

11Hazte un tesoro de limosna y caridad,

y te será más útil que el oro.

12Guarda limosnas en tu despensa,

y ellas te librarán de cualquier calamidad.

13Te ayudarán a luchar contra tus enemigos

con más fuerza que un escudo y una lanza.

14El bondadoso da fianza por su prójimo,

pero el que no tiene vergüenza lo abandona.

15Si alguien sale fiador por ti, quédale agradecido,

pues se arriesgó a sí mismo por ti.

16El pecador arruina los bienes del fiador;

el desagradecido abandona al que lo salvó.

17Muchos ricos se han arruinado por las fianzas,

y se han visto arrollados como por las olas del mar.

18Personas poderosas perdieron sus hogares

y tuvieron que irse a países extranjeros.

19El pecador se pone a dar fianzas,

y por buscar ganancias se enreda en pleitos.

20Ayuda a tu prójimo en la medida en que puedas,

pero ten cuidado de no caer en una trampa.

Pobre, pero contento

21Lo esencial en la vida es el pan, el agua y la ropa,

y un hogar que proteja de miradas indiscretas.

22Más vale vivir pobre en choza propia

que banquetear en casa ajena.

23Conténtate con lo que tengas, poco o mucho,

para que no te reprochen el vivir a costa de otros.

24Triste vida es andar de casa en casa;

donde eres forastero, no puedes chistar palabra.

25Atiendes y das de beber a otros huéspedes, y no te lo agradecen,

y oyes que, encima, te dicen de mala manera:

26«Ven, forastero, prepara la mesa,

dame de comer lo que tengas.»

27O bien, «vete, forastero, hay alguien más importante que tú;

vino mi hermano y necesito el cuarto de huéspedes.»

28¡Qué duro es para una persona sensata escuchar

que lo injurian por vivir en casa ajena

y le hacen reproches por deber dinero!

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.