Dios habla Hoy (DHH)
25

Personas que merecen alabanza

251Hay tres cosas25.1 Tres cosas: Un procedimiento tradicional en la literatura sapiencial es el de los proverbios numéricos: se enumeran seres, actitudes o cualidades con números convencionales (tres, cuatro, siete, ocho, diez). Tales enumeraciones tienen valor representativo, no siempre exhaustivo. Cf. Pr 6.16-19; 30.15-31; Eclo 23.16; 26.5,28. que me gustan

y que agradan a Dios y a los hombres:

la concordia entre los hermanos, la amistad entre los vecinos

y la armonía entre los esposos.

2Y hay tres clases de personas que detesto,

cuyo modo de vivir me molesta mucho:

el pobre orgulloso, el rico tacaño

y el viejo mujeriego y tonto.

3Si no buscas la sabiduría siendo joven,

¿cómo la vas a encontrar cuando ya seas viejo?

4¡Qué bien queda a las canas el juzgar,

y a los ancianos el dar buenos consejos!

5¡Qué bien queda a los ancianos el ser sabios,

y a los respetables dar consejos acertados!

6La experiencia es la corona de los viejos,

y su mayor gloria es honrar a Dios.

7Hay nueve y hasta diez personas

que declaro dichosas:

¡Dichoso el hombre que se alegra con sus hijos,

y el que vive hasta ver la caída de sus enemigos!

8¡Dichoso el hombre casado con mujer sensata,

y el que no ara con yunta formada por buey y burro!

25.8
Dt 22.10

¡Dichoso el que no peca con la lengua,

y el que no sirve a uno menos respetable que él!

9¡Dichoso el que encuentra un amigo,

y el que no habla a oídos sordos!

10¡Grandemente dichoso es el que encuentra la sabiduría,

pero nunca comparable a quien respeta al Señor!

11El respeto al Señor está por encima de todo;

nadie puede compararse a quien lo tiene.25.11 Algunos mss. añaden el v. 12: Comienza por respetar al Señor y lo amarás; si comienzas por serle fiel, estarás unido a él.

La mala y la buena mujer

13¡No hay peor herida que la del corazón,

ni peor maldad que la de la mujer!

14¡No hay peor sufrimiento que el causado por el odio,

ni peor venganza que la venganza de rivales!

15¡No hay veneno como el de la serpiente,

ni enojo como el de la mujer!

16Prefiero vivir con un león o un dragón,

que vivir con una mujer malvada.

17La maldad de la mujer hace que el marido

ponga peor cara que un oso.

18Cuando él se encuentra entre sus amigos,

suspira sin querer.

19Cualquier maldad es poca, comparada con la de la mujer;

ese será el castigo para el pecador.

20Como cuesta arenosa para los pies de un viejo

es la mujer charlatana para un hombre tranquilo.

21No te dejes seducir por la belleza de una mujer

ni codicies lo que posee,

22porque es muy feo y vergonzoso

que la mujer mantenga a su marido.

23Manos débiles, rodillas temblorosas:

así es el hombre a quien su mujer no hace feliz.

24Por una mujer comenzó el pecado,

25.24
Gn 3.1-6
1~Ti 2.14

y por ella todos morimos.

25No des salida al agua de un río,

ni libertad a una mujer malvada.

26Si no se somete a ti,

apártala de tu compañía.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.