Dios habla Hoy (DHH)
24

Alabanza de la sabiduría

241La sabiduría se alaba a sí misma,

habla con orgullo en medio de su pueblo;

2delante de la asamblea del Altísimo

y de sus ángeles, dice con orgullo:

3«Yo salí de la boca del Altísimo

y cubrí la tierra como bruma.

4En el cielo tenía mi habitación;

mi trono estaba sobre una columna de nubes.

5Yo sola recorrí la bóveda celeste

y atravesé lo más hondo del abismo.

6Reiné sobre las olas del mar, en la tierra entera

y en todos los pueblos y naciones.

7En todos esos lugares busqué un hogar,

un sitio donde poner mi residencia.

8Entonces el que me hizo a mí y a las demás cosas

decidió dónde debía yo residir, y me dijo:

“Pon tu residencia en Israel,

vive en el pueblo de Jacob.”

9Él me creó al comienzo, antes del mundo,

24.9
Pr 8.22-31

y nunca dejaré de existir.

10He servido ante él en el santuario,

y en Sión me establecí.

11Me hizo residir en la ciudad amada,

y en Jerusalén está mi autoridad.

12Eché raíces en este pueblo glorioso,

posesión escogida del Señor.

13Crecí como cedro del Líbano,

como ciprés de la montaña de Hermón,

14como palmera de En-gadi,

como rosal de Jericó,

como olivo hermoso en la llanura;

crecí como castaño.

15Esparcí perfume como árbol de canela,

como caña aromática y mirra escogida,

como las resinas más olorosas,

como el incienso que se quema en el santuario.

16Extendí mis ramas como terebinto:

ramas bellas y frondosas.

17Eché hermosos retoños como vid,

y mis flores y frutos son bellos y abundantes.24.17 Algunos mss. añaden el v. 18: Yo soy la madre del amor hermoso, de la belleza, del temor, del conocimiento, de la santa esperanza. Yo, que nací desde la eternidad, soy el regalo que recibirán todos mis hijos, los hijos que Dios me ha asignado.

19Acérquense a mí los que me desean,

y coman todo lo que quieran de mis frutos,

20pues conocerme es más dulce que la miel,

y poseerme, más dulce que un panal.

21El que me coma querrá comer más,

y el que me beba querrá beber más.

22El que me hace caso no fracasará;

el que se conduce con sabiduría no pecará.»

23Todo esto es el libro de la alianza del Dios altísimo,

la ley que promulgó Moisés para nosotros,

la herencia del pueblo de Jacob.24.23 Algunos mss. añaden el v. 24: No se cansen de buscar fuerza en el Señor; permanezcan unidos a él, para que él los fortalezca. El Señor todopoderoso es el único Dios, y fuera de él no hay nadie que pueda salvar.

25Esta ley está llena de sabiduría como el río Pisón,

24.25
Cf.

o como el Tigris en la primavera;

26rebosa sensatez como el Éufrates,

o como el Jordán cuando más crece;

27da instrucción tan abundante como el Nilo,

o como el río Gihón en tiempo de creciente.

28Nadie, del primero al último,

ha conocido a fondo la sabiduría,

29pues sus pensamientos abarcan más que el océano

y sus designios son más profundos que el inmenso abismo.

30Yo, por mi parte, soy como un canal que sale de un río,

como una acequia que lleva agua a un jardín.

31Dije: «Voy a regar mi jardín,

voy a empapar mis prados.»

Y mi canal se convirtió en un río,

y mi río se convirtió en un mar.

32Haré que mi instrucción resplandezca como la aurora,

y que su luz llegue hasta muy lejos;

33daré mi enseñanza como los profetas

y la dejaré a las generaciones venideras.

34Vean que no he trabajado solo para mí,

sino para todos los que buscan la sabiduría.

1

Saludo

11Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto ha de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a su siervo Juan, 2el cual ha dicho la verdad de todo lo que vio, y es testigo del mensaje de Dios confirmado por Jesucristo.

3Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan la lectura de este mensaje profético, y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque ya se acerca el tiempo.

4Juan saluda a las siete1.4 Siete: El número siete es símbolo de totalidad y perfección; las siete iglesias representan a todas las iglesias. iglesias de la provincia de Asia. Reciban ustedes gracia y paz de parte del que es y era y ha de venir,1.4 El que es y era y ha de venir: alusión al nombre divino revelado en Ex 3.14-15. y de parte de los siete espíritus1.4 Los siete espíritus: Cf. Ap 3.1; 4.5; 5.6. La mención de los siete espíritus junto con el Padre y con Jesucristo sugiere que estos espíritus simbolizan al Espíritu de Dios en sus múltiples manifestaciones (cf. Is 11.2). que están delante de su trono, 5y también de parte de Jesucristo, testigo fiel, que fue el primero en resucitar y tiene autoridad sobre los reyes de la tierra. Cristo nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados derramando su sangre, 6y ha hecho de nosotros un reino; nos ha hecho sacerdotes al servicio de su Dios y Padre. ¡Que la gloria y el poder sean suyos para siempre! Amén.

7¡Cristo viene en las nubes!

Todos lo verán,

incluso los que lo traspasaron;

y todos los pueblos del mundo

harán duelo por él.

1.7
Cf.

Sí, amén.

8«Yo soy el alfa y la omega,»1.8 Alfa y la omega son, respectivamente, la primera y la última letra del alfabeto griego, y la frase equivale a decir el principio y el fin (cf. Ap 21.6; 22.13). dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.

Visión preparatoria

9Yo, Juan, soy hermano de ustedes, y por mi unión con Jesús tengo parte con ustedes en el reino de Dios, en los sufrimientos y en la fortaleza para soportarlos. Por haber anunciado el mensaje de Dios confirmado por Jesús, me encontraba yo en la isla llamada Patmos. 10Y sucedió que en el día del Señor1.10 Día del Señor: el primer día de la semana, es decir, el domingo; cf. Jn 20.19; Hch 20.7. quedé bajo el poder del Espíritu, y oí detrás de mí una fuerte voz, como un toque de trompeta, 11que me decía: «Escribe en un libro lo que ves, y mándalo a las siete iglesias de la provincia de Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea.»

12Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba; y al hacerlo vi siete candelabros de oro, 13y en medio de los siete candelabros vi a alguien que parecía ser un hijo de hombre,1.13 Un hijo de hombre: Ap 14.14; cf. Dn 7.13. Véase Hijo del hombre en el Índice temático. vestido con una ropa que le llegaba hasta los pies y con un cinturón de oro a la altura del pecho. 14Sus cabellos eran blancos como la lana,1.14 Sus cabellos eran blancos como la lana: Cf. Dn 7.9. o como la nieve, y sus ojos parecían llamas de fuego. 15Sus pies brillaban como bronce pulido, fundido en un horno; y su voz era tan fuerte como el ruido de una cascada.

1.13-15
Cf.
16En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos. Su cara era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.

17Al verlo, caí a sus pies como muerto. Pero él, poniendo su mano derecha sobre mí, me dijo: «No tengas miedo; yo soy el primero y el último,

1.17
Cf.
18y el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre. Yo tengo las llaves del reino de la muerte. 19Escribe lo que has visto: lo que ahora hay y lo que va a haber después. 20Este es el secreto de las siete estrellas que has visto en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas representan a los ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros representan a las siete iglesias.