Dios habla Hoy (DHH)
18

La caída de Babilonia
18.1—19.5
Cf.

181Después de esto, vi otro ángel que bajaba del cielo; tenía mucha autoridad, y la tierra quedó iluminada con su resplandor. 2Con fuerte voz gritaba:

«¡Ya cayó, ya cayó la gran Babilonia!

¡Se ha vuelto vivienda de demonios,

guarida de toda clase de espíritus impuros,

nido de toda clase de aves impuras

y de fieras impuras y odiosas!

3Pues todas las naciones se emborracharon

con el vino de su prostitución;

los reyes del mundo

se prostituyeron con ella,

y los comerciantes del mundo

se hicieron ricos con su exagerado derroche.»

4Oí otra voz del cielo, que decía:

«Salgan de esa ciudad, ustedes que son mi pueblo,

para que no participen en sus pecados

ni los alcancen sus calamidades;

5pues sus pecados se han amontonado hasta el cielo,

y Dios ha tenido presentes sus maldades.

6Denle lo mismo que ella ha dado a otros;

páguenle el doble de lo que ha hecho;

mézclenle una bebida dos veces más fuerte

que la que ella mezcló para otros;

7denle tormento y sufrimiento

en la medida en que se entregó al orgullo y al derroche.

Pues dice en su corazón:

“Aquí estoy sentada como una reina.

No soy viuda, ni sufriré.”

8Por eso, en un solo día le vendrán sus calamidades:

muerte, aflicción y hambre,

y será quemada en el fuego;

porque poderoso es Dios, el Señor, que la ha condenado.»

9Los reyes del mundo que se prostituyeron con ella y se entregaron al derroche, llorarán y harán lamentación por ella cuando vean el humo de su incendio. 10Se quedarán lejos por miedo a su castigo, y dirán:

«¡Ay, ay de ti, la gran ciudad,

Babilonia, la ciudad poderosa!

Porque en un instante llegó tu castigo.»

11Los comerciantes del mundo también llorarán y harán lamentación por esa ciudad, porque ya no habrá quien les compre sus cargamentos: 12cargamentos de oro, plata, piedras preciosas, perlas, telas de lino fino y de seda, de color púrpura y rojo; toda clase de maderas aromáticas; objetos de marfil, de maderas preciosas, de bronce, de hierro y de mármol; 13cargamentos de canela y especias aromáticas; incienso, perfumes y resinas; vino, aceite, harina fina y trigo; animales de carga, ovejas, caballos, carros y hasta esclavos, que son vidas humanas. 14Y dirán a la ciudad:

«¡Ya no tienes las ricas frutas

que tanto te gustaban;

para siempre has perdido

todos tus lujos y riquezas!»

15Los que negociaban con esas cosas y se hicieron ricos a costa de la ciudad, se quedarán lejos por miedo a su castigo, llorando y lamentándose, 16y dirán:

«¡Ay, ay de la gran ciudad!

Vestida de lino fino,

con ropas de color púrpura y rojo,

adornada con oro, perlas y piedras preciosas.

17¡Y en un instante se ha acabado tanta riqueza!»

Todos los capitanes de barco y los que navegan por la costa, los marineros y todos los que se ganan la vida en el mar, se quedaron lejos 18y, al ver el humo del incendio de la ciudad, gritaron: «¿Qué otra ciudad podía compararse a esta gran ciudad?» 19Y se echaron polvo en la cabeza, llorando y lamentándose, y gritaron:

«¡Ay, ay de la gran ciudad!

Con su riqueza se hicieron ricos

todos los que tenían barcos en el mar.

¡Y en un instante ha quedado destruida!»

20Tú, oh cielo, alégrate

por causa de esa ciudad;

y alégrense ustedes, los del pueblo santo,

y los apóstoles y los profetas,

porque Dios, al condenarla,

les ha hecho justicia a ustedes.

21Entonces un ángel poderoso levantó una piedra, que era como una gran piedra de molino, y lanzándola al mar dijo:

«Así serás tú echada abajo,

Babilonia, la gran ciudad,

y nunca más te volverán a ver.

22Nunca más se oirá en tus calles

música de arpas, flautas y trompetas,

ni habrá en ti trabajadores de ningún oficio,

ni se oirá en ti el ruido de la piedra del molino.

23Nunca más brillará en ti la luz de una lámpara,

ni se oirá en ti el bullicio de las fiestas de bodas.

Porque tus comerciantes eran los poderosos del mundo

y engañaste a todas las naciones con tus brujerías.»

24Pues en esa ciudad se ha encontrado la sangre de los profetas y del pueblo santo, y de todos los que han sido asesinados en el mundo.

19

191Después de esto, oí las fuertes voces de una gran multitud que decía en el cielo:

«¡Aleluya!

La salvación, la gloria y el poder

son de nuestro Dios,

2porque él juzga rectamente y con verdad;

pues ha condenado a la gran prostituta

que con su prostitución corrompió al mundo;

ha vengado en ella

la muerte de los siervos de Dios.»

3Luego volvieron a decir:

«¡Aleluya!

El humo de ella nunca dejará de subir.»

4Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron hasta el suelo y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono. Y decían: «¡Amén! ¡Aleluya!» 5Desde el trono se oyó entonces una voz, que decía:

«¡Alaben a nuestro Dios

todos ustedes, pequeños y grandes,

todos ustedes que lo sirven

y le tienen reverencia!»

Canto de alabanza

6Oí también algo como las voces de mucha gente, como el sonido de una cascada y de fuertes truenos. Decían:

«¡Aleluya!

Porque ha comenzado a gobernar el Señor,

nuestro Dios todopoderoso.

7Alegrémonos,

llenémonos de gozo y démosle gloria,

porque ha llegado el momento

de las bodas del Cordero.

Su esposa19.7-8 Su esposa: Cf. Is 54.5-6; 62.5; Jer 2.2; Ez 16; Os 2.19-20; 2~Co 11.2; Ef 5.23-32. se ha preparado:

8se le ha permitido vestirse

de lino fino, limpio y brillante,

porque ese lino es la recta conducta

del pueblo santo.»

9El ángel me dijo: «Escribe: “Felices los que han sido invitados al banquete de bodas del Cordero.”» Y añadió: «Estas son palabras verdaderas de Dios.»

10Me arrodillé a los pies del ángel, para adorarlo, pero él me dijo: «No hagas eso, pues yo soy siervo de Dios, lo mismo que tú y tus hermanos que siguen fieles al testimonio de Jesús. Adora a Dios.»

Pues ese testimonio de Jesús es el que inspira a los profetas.

El jinete vencedor

11Vi el cielo abierto; y apareció un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, porque con rectitud gobernaba y hacía la guerra. 12Sus ojos brillaban como llamas de fuego,

19.12
Ap 1.14
2.18Dn 10.6
llevaba en la cabeza muchas coronas y tenía un nombre escrito que solamente él conocía. 13Iba vestido con ropa teñida de sangre,
19.13
Cf.
y su nombre era: La Palabra de Dios.
19.13
Cf.
14Lo seguían los ejércitos del cielo, vestidos de lino fino, blanco y limpio, y montados en caballos blancos. 15Le salía de la boca una espada afilada,
19.15
Ap 1.16
para herir con ella a las naciones. Las gobernará con cetro de hierro.
19.15
Ap 2.27-28
12.5Sal 2.9
Y él mismo pisará las uvas para sacar el vino de la ira terrible del Dios todopoderoso.
19.15
Cf.
16En su manto y sobre el muslo llevaba escrito este título: «Rey de reyes y Señor de señores.»
19.16
Ap 17.14Dt 10.17

La victoria sobre el monstruo

17Y vi un ángel que, puesto de pie en el sol, gritaba con fuerza a todas las aves de rapiña que vuelan en medio del cielo: «¡Vengan y reúnanse para la gran cena de Dios, 18para que coman carne de reyes, de jefes militares y de hombres valientes, carne de caballos y de sus jinetes, carne de todos: de libres y de esclavos, de pequeños y de grandes!»

19Vi al monstruo y a los reyes del mundo con sus ejércitos, que se habían reunido para pelear contra el que montaba aquel caballo y contra su ejército. 20El monstruo19.20 El monstruo: Cf. Ap 13.1-18. fue apresado, junto con el falso profeta19.20 El falso profeta: Cf. Ap 13.11-17. que había hecho señales milagrosas en su presencia. Por medio de esas señales, el falso profeta había engañado a los que se dejaron poner la marca del monstruo y adoraron su imagen. Entonces el monstruo y el falso profeta fueron arrojados vivos al lago de fuego donde arde el azufre. 21Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves de rapiña se hartaron de la carne de ellos.

20

La victoria sobre el diablo

201Vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una gran cadena en la mano. 2Este ángel sujetó al dragón, aquella serpiente antigua que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años. 3Lo arrojó al abismo, donde lo encerró, y puso un sello sobre la puerta para que no engañara a las naciones hasta que pasaran los mil años, al cabo de los cuales habrá de ser soltado por un poco de tiempo.

4Vi tronos, y en ellos estaban sentados los que habían recibido autoridad para juzgar. Vi también las almas de aquellos a quienes les cortaron la cabeza por haber sido fieles al testimonio de Jesús y al mensaje de Dios. Ellos no habían adorado al monstruo ni a su imagen, ni se habían dejado poner su marca en la frente o en la mano. Y vi que volvieron a vivir y que reinaron con Cristo mil años. 5Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta después de los mil años. Esta es la primera resurrección. 6¡Dichosos los que tienen parte en la primera resurrección, pues pertenecen al pueblo santo! La segunda muerte20.6 La segunda muerte: Ap 2.11. no tiene ningún poder sobre ellos, sino que serán sacerdotes

20.6
Ap 1.6
5.101~P 2.5,9
de Dios y de Cristo, y reinarán con él los mil años.

7Cuando hayan pasado los mil años, Satanás será soltado de su prisión, 8y saldrá a engañar a las naciones de los cuatro extremos de la tierra, a Gog y a Magog,20.8 Gog y a Magog: Cf. Ez 38—39. cuyos ejércitos, numerosos como la arena del mar, reunirá para la batalla.

9Y subieron por lo ancho de la tierra, y rodearon el campamento del pueblo santo, y la ciudad que él ama. Pero cayó fuego del cielo y los quemó por completo. 10Y el diablo, que los había engañado, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también habían sido arrojados el monstruo y el falso profeta. Allí serán atormentados día y noche por todos los siglos.

El juicio

11Vi un gran trono blanco, y al que estaba sentado en él.

20.11
Cf.
Delante de su presencia desaparecieron completamente la tierra y el cielo, y no se los volvió a ver por ninguna parte. 12Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono; y fueron abiertos los libros, y también otro libro, que es el libro de la vida.20.12 El libro de la vida: Ap 3.5. Los muertos fueron juzgados de acuerdo con sus hechos y con lo que estaba escrito en aquellos libros.
20.11-12
Dn 7.9-10
13El mar entregó sus muertos, y el reino de la muerte entregó los muertos que había en él; y todos fueron juzgados, cada uno conforme a lo que había hecho. 14Luego el reino de la muerte fue arrojado al lago de fuego. Este lago de fuego es la muerte segunda,20.14 La muerte segunda: Ap 2.11; 21.8. 15y allí fueron arrojados los que no tenían su nombre escrito en el libro de la vida.