Dios habla Hoy (DHH)
87

SALMO 87 (86)

Alabanza a la ciudad de DiosSalmo 87 El salmista celebra a Jerusalén como ciudad de Dios y madre espiritual de todos los pueblos. Cf. Is 2.2-5; Miq 4.1-3; Zac 8.20-23.

1a (1a) Salmo y cántico de los hijos de Coré.

871 1 (1b) Los cimientos de la ciudad de Dios

están sobre los montes santos.

2El Señor ama las puertas de Sión

más que a todas las casas de Jacob.87.2 Las casas de Jacob: designación de los antiguos y venerables santuarios israelitas, como Betel, Siquem y Siló.

3Ciudad de Dios,

qué cosas tan hermosas se dicen de ti:

4«Entre los pueblos que me conocen

puedo nombrar a Egipto y Babilonia,

Filistea, Tiro y Etiopía;

todos ellos nacieron en ti.»87.4 Los pueblos aquí mencionados representan a todas las naciones de la tierra, incluyendo a algunos de los más encarnizados enemigos de Israel.

5De la ciudad de Sión dirán:

«Este y aquel nacieron en ella.»

El Altísimo mismo la ha afirmado.

6El Señor escribe en el libro

donde constan los nombres de los pueblos:

«Este nació en ella.»87.6 Todos estos pueblos pasarán a ser considerados ciudadanos nativos de Jerusalén, de manera que ella se convertirá en la verdadera patria de todos los hombres.

7Y los que cantan y los que bailan dicen:

«Mi hogar87.7 Mi hogar: traducción posible, basada en la versión griega (LXX). Heb. mis fuentes. está en ti.»

88

SALMO 88 (87)

Señor, ¿por qué me desprecias?

1 (1) Cántico y salmo de los hijos de Coré. Del maestro de coro, para la enfermedad. Instrucción de Hemán el ezrahíta, para ser entonada.

881 1 (2) Señor, mi Dios y Salvador,

día y noche te pido ayuda,

2 2 (3) ¡acepta mi oración!,

¡atiende a mi plegaria!

3 3 (4) Tanto es el mal que ha caído sobre mí,

que me encuentro al borde de la muerte;

4 4 (5) ¡ya me pueden contar entre los muertos,

pues me he quedado sin fuerzas!

5 5 (6) Estoy abandonado entre difuntos;

soy como los que han muerto en combate

y ya han sido enterrados;

como los que han perdido tu protección

y ya han sido olvidados por ti.

6 6 (7) Me has echado en lo más hondo del hoyo,

en lugares oscuros y profundos.

7 7 (8) Has descargado tu enojo sobre mí,

¡me has hundido bajo el peso de tus olas!88.6-7 El hoyo, los lugares oscuros y profundos, las olas: todas estas son expresiones metafóricas que designan el sheol o morada de los muertos. Véase 6.5 n.

8 8 (9) Has hecho que mis amigos me abandonen;

me has hecho insoportable para ellos.

¡Soy como un preso que no puede escapar!

9 9 (10) De tanto llorar me estoy quedando ciego.

¡Todos los días clamo a ti, Señor,

y a ti levanto las manos!

10 10 (11) ¿Acaso harás milagros por los muertos?

¿Acaso podrán los muertos darte gracias?

11 11 (12) ¿Acaso se hablará de tu verdad y de tu amor

en el sepulcro, en el reino de la muerte?88.11 El reino de la muerte: heb. Abadón. Es sinónimo de sheol. Cf. Ap 9.11.

12 12 (13) En las sombras de la muerte, donde todo se olvida,

¿habrá quién reconozca tu rectitud y maravillas?

13 13 (14) Pero yo, Señor, a ti clamo;

de mañana elevo a ti mi oración.

14 14 (15) ¿Por qué me desprecias, Señor?

¿Por qué te escondes de mí?

15 15 (16) Desde los días de mi juventud

he estado afligido y al borde de la muerte;

he soportado cosas terribles de tu parte,

y ya no puedo más.

16 16 (17) Tu furor terrible ha pasado sobre mí,

y me ha vencido;

17 17 (18) me rodea por completo a todas horas,

como una inundación.

18 18 (19) Has alejado de mí amigos y compañeros,

y ahora solo tengo amistad con las tinieblas.

89

SALMO 89 (88)

El pacto de Dios con DavidSalmo 89 Este salmo fue compuesto probablemente hacia fines de la época de los reyes, cuando el creciente poderío de Babilonia se había convertido en una grave amenaza para el reino de Judá. Cf. 2~R 24.

1 (1) Instrucción de Etán el ezrahíta.

891 1 (2) Señor, siempre diré en mi canto

que tú eres bondadoso;

constantemente contaré

que tú eres fiel.

2 2 (3) Proclamaré que tu amor es eterno;

que tu fidelidad es invariable,

invariable como el mismo cielo.

3 3 (4) Hiciste una alianza con David;

prometiste a tu siervo escogido:

4 4 (5) «Haré que tus descendientes

reinen siempre en tu lugar.»

89.3-4
2~S 7.12-16

5 5 (6) Oh Señor,

todos los seres celestiales

alaban tu fidelidad y tus maravillas.

6 6 (7) ¡Ningún dios, nadie en el cielo

puede compararse a ti, Señor!

7 7 (8) Dios grande y terrible,

rodeado de seres celestiales.

8 8 (9) Señor, Dios todopoderoso,

todo el poder es tuyo y la verdad te rodea;

¡no hay nadie igual a ti!

9 9 (10) Tú dominas el mar embravecido

y aquietas sus olas encrespadas;

10 10 (11) aplastaste al monstruo marino89.10 Monstruo marino: lit. Rahab (Job 9.13; 26.12; Is 51.9). Sobre esta figura mitológica, véase 74.13 n.

como si fuera un cadáver;

dispersaste a tus enemigos

con la fuerza de tu brazo.

11 11 (12) El cielo y la tierra son tuyos;

tú formaste el mundo y todo lo que hay en él.

12 12 (13) Tú creaste el norte y el sur;

los montes Tabor y Hermón cantan alegres a tu nombre.

13 13 (14) Tu brazo es poderoso;

tu mano derecha es fuerte y victoriosa.

14 14 (15) Tu trono está afirmado en la justicia y el derecho;

el amor y la fidelidad salen a tu encuentro.

15 15 (16) Oh Señor,

feliz el pueblo que sabe alabarte con alegría

y camina alumbrado por tu luz,

16 16 (17) que en tu nombre se alegra todo el tiempo

y se entusiasma por tu rectitud.

17 17 (18) En verdad, tú eres su fuerza y hermosura;

nuestro poder aumenta por tu buena voluntad.

18 18 (19) ¡Nuestro escudo es el Señor!

¡Nuestro Rey es el Santo de Israel!89.18 ¡Nuestro escudo… el Santo de Israel!: otra posible traducción: Del Señor es nuestro escudo y del Santo de Israel es nuestro rey.

19 19 (20) En otro tiempo hablaste en una visión,

y dijiste a tus siervos fieles:

89.19
2~S 7.4-16

«He escogido a un valiente de mi pueblo,

lo he puesto en alto y lo he ayudado.

20 20 (21) ¡He encontrado a mi siervo David!

Con mi aceite sagrado lo he designado rey,

21 21 (22) y nunca le faltará mi ayuda.

Con mi poder lo fortaleceré,

22 22 (23) y no lo atacarán sus enemigos

ni lo vencerán los malvados.

23 23 (24) Aplastaré a sus enemigos;

¡los quitaré de su vista!

¡Destrozaré a los que lo odian!

24 24 (25) Él contará con mi amor y fidelidad,

y por mí aumentará su poder.

25 25 (26) Afirmaré su poder y dominio

desde el Mediterráneo hasta el Éufrates.

26 26 (27) Él me dirá: “Tú eres mi Padre;

eres mi Dios, que me salva y me protege.”

27 27 (28) Y yo le daré los derechos de hijo mayor,

por encima de los reyes del mundo.

28 28 (29) Mi amor por él será constante,

y mi alianza con él será firme.

29 29 (30) Sus descendientes reinarán en su lugar

siempre, mientras el cielo exista.

30 30 (31) »Pero si ellos abandonan mi enseñanza

y no viven de acuerdo con mis mandatos,

31 31 (32) si faltan a mis leyes

y no obedecen mis mandamientos,

32 32 (33) castigaré su rebelión y maldad

con golpes de vara;

33 33 (34) pero no dejaré de amar a David,

ni faltaré a mi fidelidad hacia él.

34 34 (35) No romperé mi alianza

ni faltaré a mi palabra.

35 35 (36) Una vez le he jurado por mi santidad,

y no le mentiré:

36 36 (37) sus descendientes reinarán en su lugar,

siempre, mientras el sol exista.

37 37 (38) ¡Siempre firmes, como la luna!

¡Siempre firmes, mientras el cielo exista!»

38 38 (39) Sin embargo, has rechazado y despreciado

al rey que tú escogiste;

¡te has enojado con él!

39 39 (40) Has roto la alianza con tu siervo;

has arrojado al suelo su corona.

40 40 (41) Abriste brechas en todos sus muros;

¡convertiste en ruinas sus ciudades!

41 41 (42) Todo el mundo pasa y roba lo que quiere;

sus vecinos se burlan de él.

42 42 (43) Has hecho que sus enemigos

levanten la mano alegres y triunfantes.

43 43 (44) Le quitaste el filo a su espada

y no lo sostuviste en la batalla.

44 44 (45) Has apagado su esplendor;

has arrojado su trono por los suelos;

45 45 (46) le has quitado años de vida

y lo has llenado de vergüenza.

46 46 (47) Oh Señor,

¿hasta cuándo estarás escondido?

¿Arderá siempre tu enojo, como el fuego?

47 47 (48) Señor, recuerda que mi vida es corta;

que el hombre, que tú has creado, vive poco tiempo.

48 48 (49) ¡Nadie puede vivir y no morir nunca!

¡Nadie puede librarse del poder de la muerte!

49 49 (50) Señor,

¿dónde está tu amor primero,

que en tu fidelidad prometiste a David?

50 50 (51) Señor, recuerda que a tus siervos

los ofende mucha gente;

que llevo esos insultos en mi pecho.

51 51 (52) Oh Señor,

¡así nos ofenden tus enemigos!

¡Así ofenden a tu escogido a cada paso!

52 52 (53) Bendito sea el Señor por siempre.

¡Amén!89.52 Con esta alabanza concluye el Libro III de los Salmos.