Dios habla Hoy (DHH)
56

SALMO 56 (55)

Confío en Dios y alabo su palabra
Salmo 56
1~S 21.10-15
27
29

1 (1) Del maestro de coro, según la melodía de «La paloma de los dioses lejanos». Poema de David, cuando los filisteos lo capturaron en Gat.

561 1 (2) Ten compasión de mí, Dios mío,

pues hay gente que me persigue;

a todas horas me atacan y me oprimen.

2 2 (3) A todas horas me persiguen mis enemigos;

son muchos los que me atacan con altanería.

3 3 (4) Cuando tengo miedo, confío en ti.

4 4 (5) Confío en Dios y alabo su palabra;

confío en Dios y no tengo miedo.

¿Qué me puede hacer el hombre?

5 5 (6) A todas horas me hieren con palabras;

solo piensan en hacerme daño.

6 6 (7) Andan escondiéndose aquí y allá,

siguiéndome los pasos,

esperando el momento de matarme.

7 7 (8) ¿Acaso escaparán de su propia maldad?

Oh, Dios, humilla a los pueblos con tu enojo.

8 8 (9) Tú llevas la cuenta de mis huidas;

tú recoges cada una de mis lágrimas.

¿Acaso no las tienes anotadas en tu libro?56.8 Tu libro: El salmista habla como si Dios fuera anotando en un libro las acciones buenas o malas de los hombres, con vistas al día del juicio (Dn 7.10; Mal 3.16; Ap 20.12; 21.27).

9 9 (10) Mis enemigos se pondrán en retirada

cuando yo te pida ayuda.

Yo sé muy bien que Dios está de mi parte.

10 10 (11) Confío en Dios y alabo su palabra;

confío en el Señor y alabo su palabra;

11 11 (12) confío en Dios y no tengo miedo.

¿Qué me puede hacer el hombre?

12 12 (13) Las promesas que te hice, oh Dios,

te las cumpliré con alabanzas,

13 13 (14) porque me has salvado de la muerte,

porque me has librado de caer,

a fin de que yo ande en la luz de la vida,

en la presencia de Dios.

57

SALMO 57 (56)

Oración en que se pide la ayuda divina
Salmo 57
Cf.

(Sal 108.1-5[2-6])

1 (1) Del maestro de coro. «No destruyas». Poema de David, cuando huyó de Saúl y se escondió en la cueva.

571 1 (2) Ten compasión de mí, Dios mío, ten compasión de mí,

pues en ti busco protección.

Quiero protegerme debajo de tus alas57.1 Debajo de tus alas: Véase 17.8 n.

hasta que el peligro haya pasado.

2 2 (3) Voy a clamar al Dios altísimo,

al Dios que en todo me ayuda.

3 3 (4) Él enviará desde el cielo su amor y su verdad,

y me salvará de quienes con rabia me persiguen.

4 4 (5) Tendido estoy, por el suelo,

entre leones que se comen a la gente;

sus dientes son como lanzas y flechas,

su lengua es una espada afilada.

5 5 (6) Dios mío, tú estás por encima del cielo.

¡Tu gloria llena toda la tierra!

6 6 (7) Mis enemigos me pusieron una trampa

para doblegar mi ánimo;

hicieron un hoyo a mi paso,

pero ellos mismos cayeron en él.

7 7 (8) Mi corazón está dispuesto, Dios mío,

mi corazón está dispuesto a cantarte himnos.

8 8 (9) Despierta, alma mía;

despierten, arpa y salterio;

¡despertaré al nuevo día!

9 9 (10) Te alabaré con himnos, Señor,

en medio de pueblos y naciones.

10 10 (11) Pues tu amor es grande hasta los cielos;

tu lealtad alcanza al cielo azul.

11 11 (12) Dios mío, tú estás por encima del cielo.

¡Tu gloria llena toda la tierra!

58

SALMO 58 (57)

Clamor de justicia

1 (1) Del maestro de coro. «No destruyas». Poema de David.

581 1 (2) Ustedes, los poderosos,

¿en verdad dictan sentencias justas

y juzgan rectamente a los hombres?

2 2 (3) Al contrario, actúan con mala intención;

abren camino a la violencia en el país.

3 3 (4) Los malvados se pervierten desde el vientre;

los mentirosos se descarrían desde antes de nacer.

4 4 (5) Son venenosos como víboras;

son como una serpiente venenosa

que se hace la sorda, que se tapa los oídos58.4 Como una serpiente… que se tapa los oídos: Esta comparación un poco extraña tiene un sentido claro: los jueces injustos se niegan obstinadamente a escuchar el clamor de los que piden justicia.

5 5 (6) para no oír la música del mago,

del experto en encantamientos.

6 6 (7) Dios mío, ¡rómpeles los dientes!

Señor, ¡rómpeles los colmillos a esos leones!

7 7 (8) Que desaparezcan, como el agua que se escurre;

que se sequen, como la hierba del camino;

8 8 (9) que se deshagan, como el caracol en su baba,

¡como el niño abortado que nunca vio la luz!,

9 9 (10) que ardan como espinos antes que se den cuenta;

que sean arrancados con furia, como hierba verde.

10 10 (11) El que es fiel se alegrará de verse vengado;

¡empapará sus pies en la sangre del malvado!

11 11 (12) Y entonces se dirá:

«¡Vale la pena ser fiel!

¡Hay un Dios que juzga al mundo!»