Dios habla Hoy (DHH)
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SALMO 40 (39)

Me agrada hacer tu voluntad, Dios mío

(Sal 70)

1 (1) Del maestro de coro. Salmo de David.

401 1 (2) Puse mi esperanza en el Señor,

y él se inclinó para escuchar mis gritos;

2 2 (3) me salvó de la fosa mortal,

me libró de hundirme en el pantano.40.2 Pantano: símbolo de la muerte. Sal 69.2.

Afirmó mis pies sobre una roca;

dio firmeza a mis pisadas.

3 3 (4) Hizo brotar de mis labios un nuevo canto,

un canto de alabanza a nuestro Dios.

Muchos, al ver esto, se sintieron conmovidos

y pusieron su confianza en el Señor.

4 4 (5) ¡Feliz el hombre que confía en el Señor

y no busca a los insolentes

ni a los que adoran a dioses falsos!40.4 Adoran a dioses falsos: lit. se desvían (tras la) mentira. Falsedad, mentira y otros sinónimos sirven con frecuencia, en el texto hebreo, para designar a los falsos dioses de los pueblos paganos.

5 5 (6) Señor y Dios mío,

muchas son las maravillas que tú has hecho

y las consideraciones que nos tienes.

¡Nada es comparable a ti!

Quisiera anunciarlas, hablar de ellas,

pero son más de las que puedo contar.

6 6 (7) Tú no te complaces en los sacrificios

ni en las ofrendas de cereales;

tampoco has pedido holocaustos

ni ofrendas para quitar el pecado.40.6 El fiel cumplimiento de la voluntad de Dios es más importante que las ofrendas y los sacrificios (1~S 15.22; cf. Mt 9.13). Este mismo tema es tratado frecuentemente por los profetas (Is 1.11-17; Jer 6.20; 7.21-23; Os 6.6; Am 5.21-25; Miq 6.6-8) y también se encuentra en los escritos sapienciales (Pr 15.8; 21.3,27; Eclo 34.18-20; 35.1-3). Cf. Sal 50.8; 51.16-17.

En cambio, me has abierto los oídos.40.6 Me has abierto los oídos: Esta expresión se refiere a la acción de Dios que predispone para escuchar atentamente la palabra divina y para cumplirla con fidelidad. Algunos mss. de la versión griega (LXX) traducen: me has dado un cuerpo. Cf. Heb 10.5.

7 7 (8) Por eso he dicho: Aquí estoy,

tal como el libro dice de mí.

8 8 (9) A mí me agrada hacer tu voluntad, Dios mío;

¡llevo tu enseñanza en el corazón!

9 9 (10) En presencia de tu pueblo numeroso

he dado a conocer lo que es justo.

¡Tú bien sabes, Señor, que no he guardado silencio!

10 10 (11) No me he quedado callado acerca de tu justicia;

he hablado de tu fidelidad y salvación.

Jamás he ocultado tu amor y tu verdad

ante tu pueblo numeroso.

11 11 (12) Y tú, Señor, ¡no me niegues tu ternura!

¡Que siempre me protejan tu amor y tu fidelidad!

12 12 (13) Pues me han pasado tantas desgracias

que ni siquiera las puedo contar.

Me han atrapado mis propias maldades;

¡hasta he perdido la vista!

Son más que los pelos de mi cabeza,

y hasta el ánimo he perdido.

13 13 (14) Señor, por favor, ¡ven a librarme!

Señor, ¡ven pronto en mi ayuda!

14 14 (15) ¡Que sean puestos en completo ridículo

los que tratan de acabar con mi vida!

¡Que huyan en forma vergonzosa

los que quieren hacerme daño!

15 15 (16) ¡Que huyan avergonzados

los que se burlan de mí!

16 16 (17) Pero que todos los que te buscan

se llenen de alegría;

que cuantos desean tu salvación

digan siempre: «¡El Señor es grande!»

17 17 (18) Y a mí, que estoy pobre y afligido,

no me olvides, Señor.

Tú eres quien me ayuda y me liberta;

¡no te tardes, Dios mío!

41

SALMO 41 (40)

Oración de un hombre enfermo

1 (1) Del maestro de coro. Salmo de David.

411 1 (2) Dichoso el que piensa en el débil y pobre;41.1 Pobre: Falta en hebreo. Añadido según el griego, porque así parece exigirlo el ritmo de la frase.

el Señor lo librará en tiempos malos.

2 2 (3) El Señor lo protegerá,

le dará vida y felicidad en la tierra,

y no lo abandonará al capricho de sus enemigos.

3 3 (4) El Señor le dará fuerzas en el lecho del dolor;

¡convertirá su enfermedad en salud!

4 4 (5) Yo he dicho:

«Señor, tenme compasión;

cúrame, aunque he pecado contra ti.»

5 5 (6) Mis enemigos me desean lo peor:

«¿Cuándo morirá y se perderá su recuerdo?»

6 6 (7) Vienen a verme, y no son sinceros;

guardan en su memoria todo lo malo,

y al salir a la calle lo dan a saber.

7 7 (8) Los que me odian se juntan y hablan de mí;

piensan que estoy sufriendo por mi culpa,

8 8 (9) y dicen:

«Su enfermedad es cosa del demonio;

ha caído en cama y no volverá a levantarse.»

9 9 (10) Aun mi mejor amigo, en quien yo confiaba,

el que comía conmigo, se ha vuelto contra mí.

10 10 (11) Pero tú, Señor, tenme compasión;

haz que me levante y les dé su merecido.

11 11 (12) En esto conoceré que te he agradado:

en que mi enemigo no cante victoria sobre mí.

12 12 (13) En cuanto a mí, que he vivido una vida sin tacha,

tómame en tus manos,

manténme siempre en tu presencia.

13 13 (14) ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

ahora y siempre!

¡Amén!41.13 Con esta alabanza al Señor concluye el Libro I de los Salmos.

42

SALMO 42-43 (41-42)Salmos 42.1—43.5 (41—42) Los salmos 42(41) y 43(42) forman en realidad un solo poema, como lo indica la repetición del mismo estribillo (42.5,11; 43.5) y la presencia de otras expresiones que también se repiten (42.9; 43.2).

42

Mi esperanza está en Dios

1 (1) Del maestro de coro. Poemas de los hijos de Coré.

421 1 (2) Como ciervo sediento en busca de un río,

así, Dios mío, te busco a ti.

2 2 (3) Tengo sed de Dios, del Dios de la vida.

¿Cuándo volveré a presentarme ante Dios?

3 3 (4) Día y noche, mis lágrimas son mi alimento,

mientras a todas horas me preguntan:

«¿Dónde está tu Dios?»

4 4 (5) Cuando pienso en estas cosas,

doy rienda suelta a mi dolor.

Recuerdo cuando yo iba con la gente,

conduciéndola al templo de Dios

entre gritos de alegría y gratitud.

¡Qué gran fiesta entonces!

5 5 (6) ¿Por qué voy a desanimarme?

¿Por qué voy a estar preocupado?

Mi esperanza he puesto en Dios,

a quien todavía seguiré alabando.

¡Él es mi Dios y Salvador!

6 6 (7) Me siento muy desanimado.

Por eso pienso tanto en ti

desde la región del río Jordán,

desde los montes Hermón y Misar.42.6 El monte Misar (o monte insignificante), de ubicación incierta. Quizá se trata de un monte cercano al Hermón, en la región donde nace el río Jordán.

7 7 (8) Se escucha en los precipicios

el eco atronador de tus cascadas;

los torrentes de agua que tú mandas

han pasado sobre mí.

8 8 (9) De día el Señor me envía su amor,

y de noche no cesa mi canto

ni mi oración al Dios de mi vida.

9 9 (10) Le digo a Dios, mi defensor:

«¿Por qué me has olvidado?

¿Por qué tengo que andar triste

y oprimido por mis enemigos?»

10 10 (11) Hasta los huesos me duelen

por las ofensas de mis enemigos,

que a todas horas me preguntan:

«¿Dónde está tu Dios?»

11 11 (12) ¿Por qué voy a desanimarme?

¿Por qué voy a estar preocupado?

Mi esperanza he puesto en Dios,

a quien todavía seguiré alabando.

¡Él es mi Dios y Salvador!