Dios habla Hoy (DHH)
16

SALMO 16 (15)

No hay mejor herencia

1a (1a) Poema de David.

161 1 (1b) ¡Cuida, oh Dios, de mí, pues en ti busco protección!

2Yo te he dicho:

«Tú eres mi Señor, mi bien;

nada es comparable a ti.»

3Los dioses del país son poderosos,

según dicen los que en ellos se complacen,

4los que aumentan el número de sus ídolos16.4 Los que aumentan el número de sus ídolos:otra posible traducción: ¡que aumenten sus dolores! La ambigüedad del texto original permite al salmista sugerir al mismo tiempo estas dos ideas.

y los siguen con gran devoción.

¡Jamás tomaré parte en sus sangrientos sacrificios!

¡Jamás pronunciaré sus nombres con mis labios!

5Tú, Señor, eres mi todo;16.5 Mi todo: lit. la porción de mi herencia y mi copa. La copa de vino distribuida entre los comensales era un símbolo del destino y de la suerte de cada uno. La parte que al salmista le ha tocado en suerte es la posesión de Dios. Cf. Nm 18.20; Sal 73.26; 142.5.

tú me colmas de bendiciones;

mi vida está en tus manos.

6Primoroso lugar me ha tocado en suerte;

¡hermosa es la herencia que me ha correspondido!

7Bendeciré al Señor, porque él me guía,

y en lo íntimo de mi ser me corrige por las noches.

8Siempre tengo presente al Señor;

con él a mi derecha, nada me hará caer.

9Por eso, dentro de mí,

mi corazón está lleno de alegría.

Todo mi ser vivirá confiadamente,

10pues no me dejarás en el sepulcro,

¡no abandonarás en la fosa a tu amigo fiel!

11Me mostrarás el camino de la vida.

Hay gran alegría en tu presencia;

hay dicha eterna junto a ti.

17

SALMO 17 (16)

Oración pidiendo justicia

1a (1a) Oración de David.

171 1 (1b) Señor, escucha mi causa justa,

atiende a mi clamor,

presta oído a mi oración,

pues no sale de labios mentirosos.

2¡Que venga de ti mi sentencia,

pues tú sabes lo que es justo!

3Tú has penetrado mis pensamientos;

de noche has venido a vigilarme;

me has sometido a pruebas de fuego,

y no has encontrado maldad en mí.

No he dicho cosas indebidas,

4como hacen los demás;

me he alejado de caminos de violencia,

de acuerdo con tus mandatos.

5He seguido firme en tus caminos;

jamás me he apartado de ellos.

6Oh Dios, a ti mi voz elevo,

porque tú me contestas;

préstame atención, escucha mis palabras.

7Dame una clara muestra de tu amor,

tú, que salvas de sus enemigos

a los que buscan protección en tu poder.

8Cuídame como a la niña de tus ojos;

protégeme bajo la sombra de tus alas17.8 Alas: Probablemente se alude a los querubines o seres alados cuyas alas extendidas protegían el arca de la alianza en el templo de Jerusalén (1~R 8.6-7).

9de los malvados que me atacan,

¡de los enemigos mortales que me rodean!

10Son engreídos, hablan con altanería;

11han seguido de cerca mis pasos

esperando el momento de echarme por tierra.

12Parecen leones, feroces leones

que agazapados en su escondite

esperan con ansias dar el zarpazo.

13Levántate, Señor, ¡enfréntate con ellos!

¡Hazles doblar las rodillas!

Con tu espada, ponme a salvo del malvado;

14con tu poder, Señor, líbrame de ellos;

¡arrójalos de este mundo,

que es su herencia en esta vida!

Deja que ellos se llenen de riquezas,

que sus hijos coman hasta que revienten,

y que aún sobre para sus nietos.

15Pero yo, en verdad, quedaré satisfecho

con mirarte cara a cara,

¡con verme ante ti cuando despierte!

18

SALMO 18 (17)

Un canto de victoria

(2~S 22.1-51)

1 (1) Del maestro de coro. De David, el servidor del Señor, que entonó este canto cuando el Señor lo libró de caer en manos de Saúl y de todos sus enemigos. 2a (2a) Él dijo:

181 1 (2b) Tú, Señor, eres mi fuerza;

¡yo te amo!

2 2 (3) Tú eres mi protector,

mi lugar de refugio,

mi libertador,

mi Dios,

la roca que me protege,

mi escudo,

el poder que me salva,

mi más alto escondite.

3 3 (4) Tú, Señor, eres digno de alabanza:

cuando te llamo, me salvas de mis enemigos.

4 4 (5) La muerte me enredó en sus lazos;

sentí miedo ante el torrente destructor.

5 5 (6) La muerte me envolvió en sus lazos;

¡me encontré en trampas mortales!

6 6 (7) En mi angustia llamé al Señor,

pedí ayuda a mi Dios,

y él me escuchó desde su templo;

¡mis gritos llegaron a sus oídos!

7 7 (8) Hubo entonces un fuerte temblor de tierra:

los montes se estremecieron hasta sus bases;

fueron sacudidos por la furia del Señor.

8 8 (9) De su nariz brotaba humo,

y de su boca un fuego destructor;

¡por la boca lanzaba carbones encendidos!

9 9 (10) Descorrió la cortina del cielo, y descendió.

¡Debajo de sus pies había grandes nubarrones!

10 10 (11) Montó en un ser alado,18.10 Ser alado: lit. querubín. Los antiguos israelitas se representaban a los querubines como seres alados que sostenían el trono invisible del Señor (Ez 10.1-22). Véase 80.1 n. y voló

deslizándose sobre las alas del viento.

11 11 (12) Tomó como escondite,

como tienda de campaña,

la densa oscuridad que lo rodeaba

y los nubarrones cargados de agua.

12 12 (13) Un fulgor relampagueante salió de su presencia;

brotaron de las nubes granizos y carbones encendidos.

13 13 (14) El Señor, el Altísimo,

hizo oír su voz de trueno desde el cielo;

granizos y carbones encendidos.

14 14 (15) Lanzó sus rayos como flechas,

y a mis enemigos hizo huir en desorden.

15 15 (16) El fondo del mar quedó al descubierto;

las bases del mundo18.15 Las bases del mundo: Los antiguos hebreos se imaginaban el mundo como una masa de tierra seca asentada sobre unas bases o fundamentos que se hundían en las profundidades del gran océano subterráneo. Cf. Sal 24.2. quedaron a la vista

por la voz amenazante del Señor,

por el fuerte soplo que lanzó.

16 16 (17) Dios me tendió la mano desde lo alto,

y con su mano me sacó del mar inmenso.

17 17 (18) Me salvó de enemigos poderosos

que me odiaban y eran más fuertes que yo.

18 18 (19) Me atacaron cuando yo estaba en desgracia,

pero el Señor me dio su apoyo:

19 19 (20) me sacó a la libertad;

¡me salvó porque me amaba!

20 20 (21) El Señor me ha dado la recompensa

que merecía mi limpia conducta,

21 21 (22) pues yo he seguido el camino del Señor;

¡jamás he renegado de mi Dios!

22 22 (23) Yo tengo presentes todos sus decretos;

¡jamás he rechazado sus leyes!

23 23 (24) Me he conducido ante él sin tacha alguna;

me he alejado de la maldad.

24 24 (25) El Señor me ha recompensado

por mi limpia conducta en su presencia.

25 25 (26) Tú, Señor, eres fiel con el que es fiel,

irreprochable con el que es irreprochable,

26 26 (27) sincero con el que es sincero,

pero sagaz con el que es astuto.

27 27 (28) Tú salvas a los humildes,

pero humillas a los orgullosos.

28 28 (29) Tú, Señor, me das luz;

tú, Dios mío, alumbras mi oscuridad.

29 29 (30) Con tu ayuda atacaré al enemigo,

y sobre el muro de sus ciudades pasaré.

30 30 (31) El camino de Dios es perfecto;

la promesa del Señor es digna de confianza;

¡Dios protege a cuantos en él confían!

31 31 (32) ¿Quién es Dios, fuera del Señor?

¿Qué otro dios hay que pueda protegernos?

32 32 (33) Dios es quien me da fuerzas,

quien hace intachable mi conducta,

33 33 (34) quien me da pies ligeros, como de ciervo,

quien me hace estar firme en las alturas,

34 34 (35) quien me entrena para la batalla,

quien me da fuerzas para tensar arcos de bronce.

35 35 (36) Tú me proteges y me salvas,

me sostienes con tu mano derecha;

tu bondad me ha hecho prosperar.

36 36 (37) Has hecho fácil mi camino,

y mis pies no han resbalado.

37 37 (38) Perseguí a mis enemigos y los alcancé,

y sólo volví después de destruirlos.

38 38 (39) Los hice pedazos. Ya no se levantaron.

¡Cayeron debajo de mis pies!

39 39 (40) Tú me diste fuerza en la batalla;

hiciste que los rebeldes se inclinaran ante mí,

40 40 (41) y que delante de mí huyeran mis enemigos.

Así pude destruir a los que me odiaban.

41 41 (42) Pedían ayuda, y nadie los ayudó;

llamaban al Señor, y no les contestó.

42 42 (43) ¡Los deshice como a polvo que se lleva el viento!

¡Los pisoteé como a barro de las calles!

43 43 (44) Me libraste de un pueblo rebelde,

me hiciste jefe de naciones

y me sirve gente que yo no conocía.

44 44 (45) En cuanto me oyen, me obedecen;

gente extranjera me halaga,

45 45 (46) gente extranjera se acobarda

y sale temblando de sus refugios.

46 46 (47) ¡Viva el Señor! ¡Bendito sea mi protector!

¡Sea enaltecido Dios mi salvador!

47 47 (48) Él es el Dios que me ha vengado

y que me ha sometido los pueblos.

48 48 (49) Él me salva de la furia de mis enemigos,

de los rebeldes que se alzaron contra mí.

¡Tú, Señor, me salvas de los hombres violentos!

49 49 (50) Por eso te alabo entre las naciones

y canto himnos a tu nombre.

50 50 (51) Concedes grandes victorias al rey que has escogido;

siempre tratas con amor a David y a su descendencia.