Dios habla Hoy (DHH)
11

El Señor promete carne a los israelitas
11.1-23
Ex 18.13-27

111Un día los israelitas se pusieron a murmurar contra el Señor debido a las dificultades por las que estaban pasando. Al oírlos, el Señor se enojó mucho y les envió un fuego que incendió los alrededores del campamento. 2El pueblo gritó pidiendo ayuda a Moisés, y Moisés rogó al Señor por ellos. Entonces el fuego se apagó. 3Por eso aquel lugar se llamó Taberá,11.3 En hebreo, Taberá significa quema o incendio. porque allí el fuego del Señor ardió contra ellos.

4Entre los israelitas se había mezclado gente de toda clase, que solo pensaba en comer. Y los israelitas, dejándose llevar por ellos, se pusieron a llorar y a decir: «¡Ojalá tuviéramos carne para comer! 5¡Cómo nos viene a la memoria el pescado que comíamos gratis en Egipto! Y también comíamos pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos. 6Pero ahora nos estamos muriendo de hambre, y no se ve otra cosa que maná.»

7(El maná era parecido a la semilla del cilantro; tenía un color amarillento, como el de la resina, 8y sabía a tortas de harina con aceite. La gente salía a recogerlo, y luego lo molían o machacaban, y lo cocinaban o lo preparaban en forma de panes. 9Por la noche, cuando caía el rocío sobre el campamento, caía también el maná.)

10Moisés oyó que los israelitas y sus familiares lloraban a la entrada de sus tiendas. El Señor estaba muy enojado. Y Moisés también se disgustó, 11y le dijo al Señor:

—¿Por qué me tratas mal a mí, que soy tu siervo? ¿Qué tienes contra mí, que me has hecho cargar con este pueblo? 12¿Acaso soy yo su padre o su madre para que me pidas que los lleve en brazos, como a niños de pecho, hasta el país que prometiste a sus antepasados? 13¿De dónde voy a sacar carne para dar de comer a toda esta gente? Vienen llorando a decirme: “Danos carne para comer.” 14Yo no puedo ya encargarme de llevar solo a todo este pueblo; es una carga demasiado pesada para mí. 15Si vas a seguir tratándome así, mejor quítame la vida, si es que de veras me estimas. Así no tendré que verme en tantas dificultades.

16Pero el Señor le contestó:

—Reúneme a setenta ancianos israelitas, de los que sepas que tienen autoridad entre el pueblo, y tráelos a la tienda del encuentro y que esperen allí contigo. 17Yo bajaré y hablaré allí contigo, y tomaré una parte del espíritu que tú tienes y se la daré a ellos para que te ayuden a sobrellevar a este pueblo. Así no estarás solo. 18Luego manda al pueblo que se purifique para mañana, y comerán carne. Ya los he oído llorar y decir: “¡Ojalá tuviéramos carne para comer! ¡Estábamos mejor en Egipto!” Pues bien, yo les voy a dar carne para que coman, 19y no solo un día o dos, ni cinco o diez o veinte. No. 20Comerán carne durante todo un mes, hasta que les salga por las narices y les dé asco, porque me han rechazado a mí, el Señor, que estoy en medio de ellos, y han llorado y han dicho ante mí: “¿Para qué salimos de Egipto?”

21Entonces Moisés respondió:

—El pueblo que viene conmigo es de seiscientos mil hombres de a pie, ¿y dices que nos vas a dar a comer carne durante un mes entero? 22¿Dónde hay tantas ovejas y vacas que se puedan matar y que alcancen para todos? Aun si les diéramos todo el pescado del mar, no les alcanzaría.

23Pero el Señor le contestó:

—¿Crees que es tan pequeño mi poder? Ahora vas a ver si se cumple o no lo que he dicho.

Setenta ancianos hablan como profetas

24Moisés salió y contó al pueblo lo que el Señor le había dicho, y reunió a setenta ancianos israelitas y los colocó alrededor de la tienda. 25Entonces el Señor bajó en la nube y habló con Moisés; luego tomó una parte del espíritu que Moisés tenía y se lo dio a los setenta ancianos. En cuanto el espíritu reposó sobre ellos, comenzaron a hablar como profetas; pero esto no volvió a repetirse.

26Dos hombres, el uno llamado Eldad y el otro Medad, habían sido escogidos entre los setenta, pero no fueron a la tienda sino que se quedaron en el campamento. Sin embargo, también sobre ellos reposó el espíritu, y comenzaron a hablar como profetas en el campamento. 27Entonces un muchacho fue corriendo a decirle a Moisés:

—¡Eldad y Medad están hablando como profetas en el campamento!

28Entonces Josué, hijo de Nun, que desde joven era ayudante de Moisés, dijo:

—¡Señor mío, Moisés, prohíbeles que lo hagan!

29Pero Moisés le contestó:

—¿Ya estás celoso por mí? ¡Ojalá el Señor le diera su espíritu a todo su pueblo, y todos fueran profetas!

30Entonces Moisés y los ancianos de Israel volvieron al campamento.

El Señor envía codornices

31El Señor hizo que soplara del mar un viento que trajo bandadas de codornices, las cuales cayeron en el campamento y sus alrededores, cubriendo una distancia de hasta un día de camino alrededor del campamento, y formando un tendido de casi un metro de altura.11.31 Formando un tendido de casi un metro de altura: también puede traducirse volando como a un metro de altura. 32Todo ese día y toda la noche y todo el día siguiente la gente estuvo recogiendo codornices. El que menos recogió, recogió diez montones de codornices, que pusieron a secar en los alrededores del campamento. 33Pero apenas estaban masticando los israelitas la carne de las codornices, cuando el Señor se enfureció contra ellos y los castigó, haciendo morir a mucha gente. 34Por eso le pusieron a ese lugar el nombre de Quibrot-hataavá,11.34 En hebreo, Quibrot-hataavá significa tumbas del apetito (o de la gula). porque allí enterraron a los que solo pensaban en comer.

35De Quibrot-hataavá siguió el pueblo su camino hasta Haserot, y allí se quedó.

12

María y Aarón critican a Moisés

121María y Aarón empezaron a hablar mal de Moisés, porque este se había casado con una mujer etiope. 2Además dijeron: «El Señor no ha hablado solamente con Moisés; también ha hablado con nosotros.»12.2 Con Moisés… con nosotros: también puede traducirse por medio de Moisés… por medio de nosotros. En Ex 15.20, María es llamada profetisa. Y el Señor lo oyó.

3En realidad, Moisés era el hombre más humilde del mundo. 4Por eso el Señor les dijo a Moisés, Aarón y María: «Vayan ustedes tres a la tienda del encuentro.»

Los tres fueron allá. 5Entonces el Señor bajó en una espesa nube y se colocó a la entrada de la tienda; luego llamó a Aarón y a María, y cuando ellos se presentaron 6el Señor les dijo: «Escuchen esto que les voy a decir: Cuando hay entre ustedes un profeta de mi parte, yo me comunico con él en visiones y le hablo en sueños; 7pero con mi siervo Moisés no lo hago así. Él es el más fiel de todos mis siervos,12.7 Él es… todos mis siervos:otra posible traducción: A él le he confiado todo mi pueblo (lit. mi casa). 8y con él hablo cara a cara

12.8
Cf.
y en un lenguaje claro. Y si él me ve cara a cara, ¿cómo se atreven ustedes a hablar mal de él?»

9El Señor se enojó mucho con ellos, y se fue. 10Y en cuanto la nube se alejó de la tienda, María se puso leprosa, con la piel toda blanca. Cuando Aarón se volvió para mirar a María, y vio que estaba leprosa, 11le dijo a Moisés: «Por favor, mi señor, no nos castigues por este pecado que tontamente hemos cometido. 12No permitas que ella quede como una criatura muerta antes de nacer, que sale con la piel medio deshecha.»

13Entonces Moisés suplicó al Señor: «Por favor, oh Dios, te ruego que la sanes.»

14Y el Señor le respondió: «Si su padre le escupiera en la cara, quedaría deshonrada durante siete días. Pues entonces, que la echen fuera del campamento12.14 Nm 5.2-3; cf. Lv 13.1-8,24-28. Escupir a alguien en la cara era una manera de maldecirlo (Dt 25.9). durante siete días, y después podrá volver.»

15Y así María fue echada fuera del campamento durante siete días. Mientras tanto, el pueblo no se movió de allí. 16En cuanto María se reunió con ellos, se pusieron en camino desde Haserot, y acamparon en el desierto de Parán.

13

Moisés envía exploradores a Canaán

(Dt 1.19-25)

131El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:

2«Envía unos hombres a que exploren la tierra de Canaán, que yo voy a dar a los israelitas. Envía de cada tribu a uno que sea hombre de autoridad.»

3Tal como el Señor se lo ordenó, Moisés los envió desde el desierto de Parán. Todos eran hombres de autoridad entre los israelitas, 4y eran los siguientes: Samúa, hijo de Zacur, de la tribu de Rubén; 5Safat, hijo de Horí, de la tribu de Simeón; 6Caleb, hijo de Jefuné, de la tribu de Judá; 7Igal, hijo de José, de la tribu de Isacar; 8Oseas, hijo de Nun, de la tribu de Efraín; 9Paltí, hijo de Rafú, de la tribu de Benjamín; 10Gadiel, hijo de Sodí, de la tribu de Zabulón; 11Gadí, hijo de Susí, de la tribu de José (es decir, la tribu de Manasés); 12Amiel, hijo de Guemalí, de la tribu de Dan; 13Setur, hijo de Micael, de la tribu de Aser; 14Nahbí, hijo de Vapsí, de la tribu de Neftalí; 15Gueuel, hijo de Maquí, de la tribu de Gad.

16Estos son los nombres de los hombres que Moisés envió a explorar el país. A Oseas, hijo de Nun, le cambió el nombre y le puso Josué.

17Moisés, pues, los envió a explorar la tierra de Canaán, y les dijo:

—Vayan por el Négueb y suban a la región montañosa. 18Fíjense en cómo es el país, y en si la gente que vive en él es fuerte o débil, y en si son pocos o muchos. 19Vean si sus ciudades están hechas de tiendas de campaña o si son fortificadas, y si la tierra en que viven es buena o mala, 20fértil o estéril, y si tiene árboles o no. No tengan miedo; traigan algunos frutos de la región.

Esto sucedió en la época en que se recogen las primeras uvas. 21Los hombres fueron y exploraron el país desde el desierto de Sin, en el sur, hasta Rehob, en el norte, junto a la entrada de Hamat. 22Entraron por el Négueb y llegaron hasta Hebrón. Allí vivían Ahimán, Sesai y Talmai, descendientes de Anac. Hebrón fue construida siete años antes que Soan en Egipto. 23Llegaron hasta el arroyo de Escol, cortaron allí una rama que tenía un racimo de uvas, y entre dos se lo llevaron colgado de un palo. También recogieron granadas e higos. 24A ese arroyo le pusieron por nombre Escol, por el racimo que cortaron allí los israelitas.

25Después de explorar la tierra durante cuarenta días, regresaron 26a Cadés, en el desierto de Parán. Allí estaban Moisés, Aarón y todos los israelitas. Y les contaron lo que habían averiguado y les mostraron los frutos del país. 27Le dijeron a Moisés:

—Fuimos a la tierra a la que nos enviaste. Realmente es una tierra donde la leche y la miel corren como el agua, y estos son los frutos que produce. 28Pero la gente que vive allí es fuerte, y las ciudades son muy grandes y fortificadas. Además de eso, vimos allá descendientes del gigante Anac. 29En la región del Négueb viven los amalecitas, en la región montañosa viven los hititas, los jebuseos y los amorreos, y por el lado del mar y junto al río Jordán viven los cananeos.

30Entonces Caleb hizo callar al pueblo que estaba ante Moisés, y dijo:

—¡Pues vamos a conquistar esa tierra! ¡Nosotros podemos conquistarla!

31Pero los que habían ido con él respondieron:

—¡No, no podemos atacar a esa gente! Ellos son más fuertes que nosotros.

32Y se pusieron a decir a los israelitas que el país que habían ido a explorar era muy malo. Decían:

—La tierra que fuimos a explorar mata a la gente que vive en ella, y todos los hombres que vimos allá eran enormes. 33Vimos también a los gigantes, a los descendientes de Anac.13.33 Los descendientes de Anac eran un grupo de cananeos, famosos por su estatura. Aquí se los designa con el término hebreo nefilim (gigantes), probablemente porque la tradición los había relacionado con los gigantes de Gn 6.1-4. Al lado de ellos nos sentíamos como langostas, y así nos miraban ellos también.