Dios habla Hoy (DHH)
8

Jesús da de comer a una multitud
8.1-10
Cf.

(Mt 15.32-39)

81Un día en que de nuevo se había juntado mucha gente y no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

2—Siento compasión de esta gente, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen nada que comer. 3Y si los mando sin comer a sus casas, pueden desmayarse por el camino, porque algunos han venido de lejos.

4Sus discípulos le contestaron:

—¿Pero cómo se les puede dar de comer en un lugar como este, donde no vive nadie?

5Jesús les preguntó:

—¿Cuántos panes tienen ustedes?

—Siete —contestaron ellos.

6Entonces mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó en sus manos los siete panes y, habiendo dado gracias a Dios, los partió y se los iba dando a sus discípulos, para que ellos los repartieran entre la gente, y así lo hicieron. 7Tenían también unos cuantos pescaditos; Jesús pronunció sobre ellos la bendición, y también mandó repartirlos. 8Todos comieron hasta quedar satisfechos, y recogieron los pedazos sobrantes en siete canastas. 9Los que comieron eran cerca de cuatro mil. Luego Jesús los despidió, 10subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Los fariseos piden una señal milagrosa

(Mt 16.1-4; Lc 12.54-56)

11Llegaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Y para tenderle una trampa, le pidieron que hiciera alguna señal milagrosa que probara que él venía de parte de Dios.

8.11
Mt 12.38
Lc 11.16
Jn 6.30
12Jesús suspiró profundamente y dijo:

—¿Por qué pide esta gente una señal milagrosa?

8.12
Mt 12.39
16.4
Lc 11.29
Les aseguro que no se les dará ninguna señal.

13Entonces los dejó, y volviendo a entrar en la barca se fue al otro lado del lago.

La levadura de los fariseos

(Mt 16.5-12)

14Se habían olvidado de llevar algo de comer, y solamente tenían un pan en la barca. 15Jesús les advirtió:

—Miren, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.

8.15
Lc 12.1

16Los discípulos comentaban entre sí que no tenían pan.

17Jesús se dio cuenta, y les dijo:

—¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento? 18¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen? ¿No se acuerdan? 19Cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron?

Ellos contestaron:

—Doce.

8.19
Mc 6.43

20—Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas recogieron?

Contestaron:

—Siete.

8.20
Cf. v.

21Entonces les dijo:

—¿Todavía no entienden?

Jesús sana a un ciego en Betsaida

22Después llegaron a Betsaida, y llevaron un ciego a Jesús, y le rogaron que lo tocara. 23Jesús tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Le mojó los ojos con saliva, puso las manos sobre él y le preguntó si podía ver algo. 24El ciego comenzó a ver, y dijo:

—Veo a los hombres. Me parecen como árboles que andan.

25Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con atención y quedó sano. Ya todo lo veía claramente. 26Entonces Jesús lo mandó a su casa, y le dijo:

—No vuelvas al pueblo.

Pedro declara que Jesús es el Mesías

(Mt 16.13-20; Lc 9.18-21)

27Después de esto, Jesús y sus discípulos fueron a las aldeas de la región de Cesarea de Filipo. En el camino, Jesús preguntó a sus discípulos:

—¿Quién dice la gente que soy yo?

28Ellos contestaron:

—Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros dicen que eres Elías,

8.28
Cf.
y otros dicen que eres uno de los profetas.

29—Y ustedes, ¿quién dicen que soy? —les preguntó.

Pedro le respondió:

—Tú eres el Mesías.

8.29
Cf.

30Pero Jesús les ordenó que no hablaran de él a nadie.

Jesús anuncia su muerte

(Mt 16.21-28; Lc 9.22-27)

31Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre tendría que sufrir mucho, y que sería rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Les dijo que lo iban a matar, pero que resucitaría a los tres días. 32Esto se lo advirtió claramente. Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. 33Pero Jesús se volvió, miró a los discípulos y reprendió a Pedro, diciéndole:

—¡Apártate de mí, Satanás! Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres.

34Luego Jesús llamó a sus discípulos y a la gente, y dijo:

—Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame. 35Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía y por aceptar el evangelio, la salvará.

8.34-35
Mt 10.38-39
Lc 14.27
17.33
36¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida? 37O también, ¿cuánto podrá pagar el hombre por su vida?8.35-37 Vida: Véase Mt 16.25-26 n. 38Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje delante de esta gente infiel y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre y con los santos ángeles.
8.38
Mt 10.33
Lc 12.9

9

91Jesús también les dijo:

—Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán hasta que vean el reino de Dios llegar con poder.

9.1
Mc 13.30

La transfiguración de Jesús
9.2-13
Cf.

(Mt 17.1-13; Lc 9.28-36)

2Seis días después, Jesús se fue a un cerro alto llevándose solamente a Pedro, a Santiago y a Juan. Allí, delante de ellos, cambió la apariencia de Jesús. 3Su ropa se volvió brillante y más blanca de lo que nadie podría dejarla por mucho que la lavara. 4Y vieron a Elías y a Moisés, que estaban conversando con Jesús. 5Pedro le dijo a Jesús:

—Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

6Es que los discípulos estaban asustados, y Pedro no sabía qué decir. 7En esto, apareció una nube y se posó sobre ellos.

9.7
Cf.
Y de la nube salió una voz, que dijo: «Este es mi Hijo amado:
9.7
Cf.
escúchenlo.» 8Al momento, cuando miraron alrededor, ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.

9Mientras bajaban del cerro, Jesús les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado. 10Por esto guardaron el secreto entre ellos, aunque se preguntaban qué sería eso de resucitar. 11Le preguntaron a Jesús:

—¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías ha de venir primero?

12Él les contestó:

—Es cierto que Elías viene primero, y que él lo arreglará todo. ¿Y por qué dicen las Escrituras que el Hijo del hombre ha de sufrir y ser despreciado? 13Pero yo les digo que Elías ya vino, y que ellos hicieron con él todo lo que quisieron, como dicen las Escrituras que le había de suceder.9.12-13 Mt 17.12-13; cf. Mal 4.5; Eclo 48.4,10. Como dicen las Escrituras: Puede referirse a 1~R 19.1-2,10.

Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro

(Mt 17.14-20; Lc 9.37-43)

14Cuando regresaron a donde estaban los discípulos, los encontraron rodeados de una gran multitud, y algunos maestros de la ley discutían con ellos. 15Al ver a Jesús, todos corrieron a saludarlo llenos de admiración. 16Él les preguntó:

—¿Qué están ustedes discutiendo con ellos?

17Uno de los presentes contestó:

—Maestro, aquí te he traído a mi hijo, pues tiene un espíritu que lo ha dejado mudo. 18Dondequiera que se encuentra, el espíritu lo agarra y lo tira al suelo; y echa espuma por la boca, le rechinan los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que le saquen ese espíritu, pero no han podido.

19Jesús contestó:

—¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Traigan acá al muchacho.

20Entonces llevaron al muchacho ante Jesús. Pero cuando el espíritu vio a Jesús, hizo que le diera un ataque al muchacho, el cual cayó al suelo revolcándose y echando espuma por la boca. 21Jesús le preguntó al padre:

—¿Desde cuándo le sucede esto?

El padre contestó:

—Desde que era niño. 22Y muchas veces ese espíritu lo ha arrojado al fuego y al agua, para matarlo. Así que, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.

23Jesús le dijo:

—¿Cómo que “si puedes”? ¡Todo es posible para el que cree!

9.23
Mt 21.21
Mc 11.23-24
Lc 17.6

24Entonces el padre del muchacho gritó:

—Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!

25Al ver Jesús que se estaba reuniendo mucha gente, reprendió al espíritu impuro, diciendo:

—Espíritu mudo y sordo, yo te ordeno que salgas de este muchacho y que no vuelvas a entrar en él.

26El espíritu gritó, e hizo que le diera otro ataque al muchacho. Luego salió de él, dejándolo como muerto, de modo que muchos decían que, en efecto, estaba muerto. 27Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó; y el muchacho se puso de pie.

28Luego Jesús entró en una casa, y sus discípulos le preguntaron a solas:

—¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu?

29Y Jesús les contestó:

—A esta clase de demonios solamente se la puede expulsar por medio de la oración.

Jesús anuncia por segunda vez su muerte

(Mt 17.22-23; Lc 9.43-45)

30Cuando se fueron de allí, pasaron por Galilea. Pero Jesús no quiso que nadie lo supiera, 31porque estaba enseñando a sus discípulos. Les decía:

—El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero tres días después resucitará.9.31 Lo matarán… resucitará: Cf. Mc 8.31—9.1; 10.32-34.

32Ellos no entendían lo que les decía, y tenían miedo de preguntarle.

¿Quién es el más importante?

(Mt 18.1-5; Lc 9.46-48)

33Llegaron a la ciudad de Cafarnaúm. Cuando ya estaban en casa, Jesús les preguntó:

—¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino?

34Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante. 35Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo:

—Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos.

9.35
Mt 20.26-2723.11

36Luego puso un niño en medio de ellos, y tomándolo en brazos les dijo:

37—El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no solamente a mí me recibe, sino también a aquel que me envió.

El que no está contra nosotros, está a nuestro favor

(Mt 10.42; Lc 9.49-50)

38Juan le dijo:

—Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.

39Jesús contestó:

—No se lo prohíban, porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. 40El que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

9.40
Mt 12.30
Lc 11.23
41Cualquiera que les dé a ustedes aunque solo sea un vaso de agua por ser ustedes de Cristo, les aseguro que tendrá su premio.

El peligro de caer en pecado

(Mt 18.6-9; Lc 17.1-2)

42»A cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que lo echaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello. 43Si tu mano te hace caer en pecado, córtatela; es mejor que entres manco en la vida, y no que con las dos manos vayas a parar al infierno,9.43 Infierno: gr. geenna, derivación del nombre hebreo Ge-hinom, que se daba al quemadero de basura en el valle de Hinom, cerca de Jerusalén (2~R 23.10). En el primer siglo a.C., este nombre llegó a aplicarse al lugar de castigo reservado para los malos. donde el fuego no se puede apagar.9.43 Algunos mss. añaden el v. 44: Donde los gusanos no mueren y el fuego no se apaga. Cf. v. 48. 45Y si tu pie te hace caer en pecado, córtatelo; es mejor que entres cojo en la vida, y no que con los dos pies seas arrojado al infierno.9.45 Algunos mss. añaden el v. 46: Donde los gusanos no mueren y el fuego no se apaga. Cf. v. 48. 47Y si tu ojo te hace caer en pecado, sácatelo; es mejor que entres con un solo ojo en el reino de Dios, y no que con los dos ojos seas arrojado al infierno,

9.47
Mt 5.29
48donde los gusanos no mueren y el fuego no se apaga.
9.48
Is 66.24

49»Porque todos serán salados con fuego. 50La sal es buena; pero si deja de estar salada, ¿cómo podrán ustedes hacerla útil otra vez? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.

10

Jesús enseña sobre el divorcio

(Mt 19.1-12; Lc 16.18)

101Jesús salió de Cafarnaúm y fue a la región de Judea y a la tierra que está al oriente del Jordán. Allí volvió a reunírsele la gente, y él comenzó de nuevo a enseñar, como tenía por costumbre. 2Algunos fariseos se acercaron a Jesús y, para tenderle una trampa, le preguntaron si al esposo le está permitido divorciarse de su esposa. 3Él les contestó:

—¿Qué les mandó a ustedes Moisés?

4Dijeron:

—Moisés permitió divorciarse de la esposa dándole un certificado de divorcio.

10.4
Dt 24.1-4
Mt 5.31

5Entonces Jesús les dijo:

—Moisés les dio ese mandato por lo tercos que son ustedes. 6Pero en el principio de la creación, “Dios los creó hombre y mujer.

10.6
Gn 1.27
5.2
7Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, 8y los dos serán como una sola persona.” Así que ya no son dos, sino uno solo.
10.7-8
Gn 2.24
9De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido.

10Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre este asunto. 11Jesús les dijo:

—El que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; 12y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro, también comete adulterio.

10.11-12
Mt 5.32
1~Co 7.10-11

Jesús bendice a los niños

(Mt 19.13-15; Lc 18.15-17)

13Llevaron unos niños a Jesús, para que los tocara; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban. 14Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo:

—Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. 15Les aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

16Y tomó en sus brazos a los niños, y los bendijo poniendo las manos sobre ellos.

Un hombre rico habla con Jesús

(Mt 19.16-30; Lc 18.18-30)

17Cuando Jesús iba a seguir su viaje, llegó un hombre corriendo, se puso de rodillas delante de él y le preguntó:

—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?

10.17
Lc 10.25

18Jesús le contestó:

—¿Por qué me llamas bueno? Bueno solamente hay uno: Dios. 19Ya sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras en perjuicio de nadie ni engañes; honra a tu padre y a tu madre.”

10.19
Ex 20.12-16
Dt 5.16-20
24.14

20El hombre le dijo:

—Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven.

21Jesús lo miró con cariño, y le contestó:

—Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme.

22El hombre se afligió al oír esto; y se fue triste, porque era muy rico.

23Jesús miró entonces alrededor, y dijo a sus discípulos:

—¡Qué difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios!

24Estas palabras dejaron asombrados a los discípulos, pero Jesús les volvió a decir:

—Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! 25Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.

26Al oírlo, se asombraron más aún, y se preguntaban unos a otros:

—¿Y quién podrá salvarse?

27Jesús los miró y les contestó:

—Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.

10.27
Gn 18.14
Job 42.1-2
Zac 8.6

28Pedro comenzó a decirle:

—Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos, y te hemos seguido.

29Jesús respondió:

—Les aseguro que cualquiera que por mi causa y por aceptar el evangelio haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o terrenos, 30recibirá ahora en la vida presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones; y en la vida venidera recibirá la vida eterna. 31Pero muchos que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros.

10.31
Mt 20.16
Lc 13.30

Jesús anuncia por tercera vez su muerte

(Mt 20.17-19; Lc 18.31-34)

32Se dirigían a Jerusalén, y Jesús caminaba delante de los discípulos. Ellos estaban asombrados, y los que iban detrás tenían miedo. Jesús volvió a llamar aparte a los doce discípulos, y comenzó a decirles lo que le iba a pasar: 33«Como ustedes ven, ahora vamos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros. 34Se burlarán de él, lo escupirán, lo golpearán y lo matarán; pero tres días después resucitará.»10.32-34 Lo condenarán a muerte… resucitará: cf. Mc 8.31—9.1; 9.31.

Jesús responde a Santiago y Juan

(Mt 20.20-28)

35Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron:

—Maestro, queremos que nos hagas el favor que vamos a pedirte.

36Él les preguntó:

—¿Qué quieren que haga por ustedes?

37Le dijeron:

—Concédenos que en tu reino glorioso nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

38Jesús les contestó:

—Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber este trago amargo que voy a beber yo, y recibir el bautismo que yo voy a recibir?

39Ellos contestaron:

—Podemos.

Jesús les dijo:

—Ustedes beberán este trago amargo, y recibirán el bautismo que yo voy a recibir;

10.39
Véase
40pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo, sino que les será dado a aquellos para quienes está preparado.

41Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan. 42Pero Jesús los llamó, y les dijo:

—Como ustedes saben, entre los paganos hay jefes que se creen con derecho a gobernar con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. 43Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera ser grande entre ustedes, deberá servir a los demás, 44y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser el esclavo de los demás.

10.42-44
Mt 23.11
Mc 9.35
Lc 22.25-27
45Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.
10.45
Cf.

Jesús sana a Bartimeo el ciego

(Mt 20.29-34; Lc 18.35-43)

46Llegaron a Jericó. Y cuando Jesús ya salía de la ciudad, seguido de sus discípulos y de mucha gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino. 47Al oír que era Jesús de Nazaret, el ciego comenzó a gritar:

—¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

48Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más todavía:

—¡Hijo de David, ten compasión de mí!

49Entonces Jesús se detuvo, y dijo:

—Llámenlo.

Llamaron al ciego, diciéndole:

—Ánimo, levántate; te está llamando.

50El ciego arrojó su capa, y dando un salto se acercó a Jesús, 51que le preguntó:

—¿Qué quieres que haga por ti?

El ciego le contestó:

—Maestro, quiero recobrar la vista.

52Jesús le dijo:

—Puedes irte; por tu fe has sido sanado.

10.52
Mt 9.22
Mc 5.34

En aquel mismo instante el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús por el camino.