Dios habla Hoy (DHH)
3

Jesús sana a un enfermo en sábado

(Mt 12.9-14; Lc 6.6-11)

31Jesús entró otra vez en la sinagoga; y había en ella un hombre que tenía una mano tullida. 2Y espiaban a Jesús para ver si lo sanaría en sábado, y así tener de qué acusarlo. 3Jesús le dijo entonces al hombre que tenía la mano tullida:

—Levántate y ponte ahí en medio.

4Luego preguntó a los otros:

—¿Qué está permitido hacer en sábado: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?

Pero ellos se quedaron callados. 5Jesús miró entonces con enojo a los que le rodeaban, y entristecido por la dureza de su corazón le dijo a aquel hombre:

—Extiende la mano.

El hombre la extendió, y su mano quedó sana. 6Pero en cuanto los fariseos salieron, comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes3.6 Los del partido de Herodes: Véase Mt 22.16 n. para matar a Jesús.

Mucha gente a la orilla del lago

7Jesús, seguido por mucha gente de Galilea, se fue con sus discípulos a la orilla del lago. 8Cuando supieron las grandes cosas que hacía, también acudieron a verlo muchos de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del oriente del Jordán y de la región de Tiro y Sidón. 9Por esto, Jesús encargó a sus discípulos que le tuvieran lista una barca, para evitar que la multitud lo apretujara. 10Porque había sanado a tantos, que todos los enfermos se echaban sobre él para tocarlo.

11Y cuando los espíritus impuros lo veían, se ponían de rodillas delante de él y gritaban:

—¡Tú eres el Hijo de Dios!

12Pero Jesús les ordenaba severamente que no hablaran de él en público.

Jesús escoge a los doce apóstoles

(Mt 10.1-4; Lc 6.12-16)

13Después Jesús subió a un cerro, y llamó a los que le pareció bien. Una vez reunidos, 14eligió de entre ellos a doce, para que lo acompañaran y para mandarlos a anunciar el mensaje. A estos les dio el nombre de apóstoles, 15y les dio autoridad para expulsar a los demonios. 16Estos son los doce que escogió: Simón, a quien puso el nombre de Pedro; 17Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes llamó Boanerges (es decir, «Hijos del Trueno»); 18Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás y Santiago, hijo de Alfeo; Tadeo, Simón el cananeo,3.18 Cananeo: Véase Lc 6.15 n. 19y Judas Iscariote, que después traicionó a Jesús.

Acusación contra Jesús

(Mt 12.22-32; Lc 11.14-23; 12.10)

20Después entró Jesús en una casa, y otra vez se juntó tanta gente, que ni siquiera podían comer él y sus discípulos. 21Cuando lo supieron los parientes de Jesús, fueron a llevárselo, pues decían que se había vuelto loco.

22También los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén decían: «Beelzebú, el propio jefe de los demonios, es quien le ha dado a este hombre el poder de expulsarlos.»3.22 Mt 9.34; 10.25. Beelzebú: Véase Mt 12.24 n.

23Jesús los llamó, y les puso un ejemplo, diciendo: «¿Cómo puede Satanás expulsar al propio Satanás? 24Un país dividido en bandos enemigos, no puede mantenerse; 25y una familia dividida, no puede mantenerse. 26Así también, si Satanás se divide y se levanta contra sí mismo, no podrá mantenerse; habrá llegado su fin.

27»Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y robarle sus cosas, si no lo ata primero; solamente así podrá robárselas.

28»Les aseguro que Dios dará su perdón a los hombres por todos los pecados y todo lo malo que digan: 29pero el que ofenda con sus palabras al Espíritu Santo, nunca tendrá perdón, sino que será culpable para siempre.»

30Esto lo dijo Jesús porque ellos afirmaban que tenía un espíritu impuro.

La madre y los hermanos de Jesús

(Mt 12.46-50; Lc 8.19-21)

31Entre tanto llegaron la madre y los hermanos de Jesús, pero se quedaron afuera y mandaron llamarlo. 32La gente que estaba sentada alrededor de Jesús le dijo:

—Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera, y te buscan.

33Él les contestó:

—¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

34Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, añadió:

—Estos son mi madre y mis hermanos. 35Pues cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.

4

La parábola del sembrador

(Mt 13.1-9; Lc 8.4-8)

41Otra vez comenzó Jesús a enseñar a la orilla del lago. Como se reunió una gran multitud, Jesús subió a una barca que había en el lago, y se sentó, mientras la gente se quedaba en la orilla. 2Entonces se puso a enseñarles muchas cosas por medio de parábolas.

En su enseñanza les decía: 3«Oigan esto: Un sembrador salió a sembrar. 4Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron las aves y se la comieron. 5Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; esa semilla brotó pronto, porque la tierra no era muy honda; 6pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó. 7Otra parte de la semilla cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, de modo que la semilla no dio grano. 8Pero otra parte cayó en buena tierra, y creció, dando una buena cosecha; algunas espigas dieron treinta granos por semilla, otras sesenta granos, y otras cien.»

9Y añadió Jesús: «Los que tienen oídos, oigan.»

El porqué de las parábolas

(Mt 13.10-17; Lc 8.9-10)

10Después, cuando Jesús se quedó solo, los que estaban cerca de él junto con los doce discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola. 11Les contestó: «A ustedes, Dios les da a conocer el secreto de su reino; pero a los que están afuera se les dice todo por medio de parábolas, 12para que por más que miren, no vean, y por más que oigan, no entiendan, para que no se vuelvan a Dios, y él no los perdone.»

4.12
Is 6.9-10
Jn 12.40
Hch 28.26-27

Jesús explica la parábola del sembrador

(Mt 13.18-23; Lc 8.11-15)

13Les dijo: «¿No entienden ustedes esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderán todas las demás? 14El que siembra la semilla representa al que anuncia el mensaje. 15Hay quienes son como la semilla que cayó en el camino: oyen el mensaje, pero después de oírlo viene Satanás y les quita el mensaje sembrado en su corazón. 16Otros son como la semilla sembrada entre las piedras: oyen el mensaje y lo reciben con gusto, 17pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; por eso, cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, pierden la fe. 18Otros son como la semilla sembrada entre espinos: oyen el mensaje, 19pero los negocios de la vida presente les preocupan demasiado, el amor por las riquezas los engaña, y quisieran poseer todas las cosas. Todo esto entra en ellos, y ahoga el mensaje y no lo deja dar fruto. 20Pero hay otros que oyen el mensaje y lo aceptan, y dan una buena cosecha, como la semilla sembrada en buena tierra. De esos, algunos rinden treinta, otros sesenta, y otros ciento por uno.»

La parábola de la lámpara

(Lc 8.16-18)

21También les dijo: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla bajo un cajón o debajo de la cama? No, una lámpara se pone en alto, para que alumbre. 22De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a ponerse en claro.

4.22
Mt 10.26
Lc 12.2-3
23Los que tienen oídos, oigan.»

24También les dijo: «Fíjense en lo que oyen. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes;

4.24
Mt 7.2
Lc 6.38
y les dará todavía más. 25Pues al que tiene, se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.»
4.25
Mt 13.12
25.29
Lc 19.26

La parábola del crecimiento de la semilla

26Jesús dijo también: «Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra: 27que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. 28Y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga. 29Y cuando ya el grano está maduro, lo recoge, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.»

La parábola de la semilla de mostaza

(Mt 13.31-32; Lc 13.18-19)

30También dijo Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios, o con qué podremos compararlo? 31Es como una semilla de mostaza que se siembra en la tierra. Es la más pequeña de todas las semillas del mundo, 32pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las otras plantas del huerto, con ramas tan grandes que hasta las aves pueden posarse bajo su sombra.»

El uso que Jesús hacía de las parábolas

(Mt 13.34-35)

33De esta manera les enseñaba Jesús el mensaje, por medio de muchas parábolas como estas, según podían entender. 34Pero no les decía nada sin parábolas, aunque a sus discípulos se lo explicaba todo aparte.

Jesús calma la tormenta

(Mt 8.23-27; Lc 8.22-25)

35Al anochecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos:

—Vamos al otro lado del lago.

36Entonces dejaron a la gente y llevaron a Jesús en la barca en que ya estaba; y también otras barcas lo acompañaban. 37En esto se desató una tormenta, con un viento tan fuerte que las olas caían sobre la barca, de modo que se llenaba de agua. 38Pero Jesús se había dormido en la parte de atrás, apoyado sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron:

—¡Maestro! ¿No te importa que nos estemos hundiendo?

39Jesús se levantó y dio una orden al viento, y dijo al mar:

—¡Silencio! ¡Quédate quieto!

El viento se calmó, y todo quedó completamente tranquilo. 40Después dijo Jesús a los discípulos:

—¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?

41Ellos se llenaron de miedo, y se preguntaban unos a otros:

—¿Quién será este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?

4.39-41
Cf.

5

El endemoniado de Gerasa

(Mt 8.28-34; Lc 8.26-39)

51Llegaron al otro lado del lago, a la tierra de Gerasa. 2En cuanto Jesús bajó de la barca, se le acercó un hombre que tenía un espíritu impuro. Este hombre había salido de entre las tumbas, 3porque vivía en ellas. Nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4Pues aunque muchas veces lo habían atado de pies y manos con cadenas, siempre las había hecho pedazos, sin que nadie lo pudiera dominar. 5Andaba de día y de noche por los cerros y las tumbas, gritando y golpeándose con piedras. 6Pero cuando vio de lejos a Jesús, echó a correr, y poniéndose de rodillas delante de él 7le dijo a gritos:

—¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo! ¡Te ruego por Dios que no me atormentes!

8Hablaba así porque Jesús le había dicho:

—¡Espíritu impuro, deja a ese hombre!

9Jesús le preguntó:

—¿Cómo te llamas?

Él contestó:

—Me llamo Legión, porque somos muchos.

10Y rogaba mucho a Jesús que no enviara los espíritus fuera de aquella región. 11Y como cerca de allí, junto al cerro, había gran número de cerdos comiendo, 12los espíritus le rogaron:

—Mándanos a los cerdos y déjanos entrar en ellos.

13Jesús les dio permiso, y los espíritus impuros salieron del hombre y entraron en los cerdos. Estos, que eran unos dos mil, echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y allí se ahogaron.

14Los que cuidaban de los cerdos salieron huyendo, y fueron a contar en el pueblo y por los campos lo sucedido. La gente acudió a ver lo que había pasado. 15Y cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su cabal juicio al endemoniado que había tenido la legión de espíritus. La gente estaba asustada, 16y los que habían visto lo sucedido con el endemoniado y con los cerdos, se lo contaron a los demás. 17Entonces comenzaron a rogarle a Jesús que se fuera de aquellos lugares.

18Al volver Jesús a la barca, el hombre que había estado endemoniado le rogó que lo dejara ir con él. 19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo:

—Vete a tu casa, con tus parientes, y cuéntales todo lo que el Señor te ha hecho, y cómo ha tenido compasión de ti.

20El hombre se fue, y comenzó a contar por los pueblos de Decápolis lo que Jesús había hecho por él; y todos se quedaron admirados.

La mujer enferma y la hija de Jairo

(Mt 9.18-26; Lc 8.40-56)

21Cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se le reunió mucha gente, y él se quedó en la orilla. 22En esto llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies 23y le rogó mucho, diciéndole:

—Mi hija se está muriendo; ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva.

24Jesús fue con él, y mucha gente lo acompañaba apretujándose a su alrededor. 25Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre. 26Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor. 27Cuando oyó hablar de Jesús, esta mujer se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa. 28Porque pensaba: «Tan solo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana.» 29Al momento, el derrame de sangre se detuvo, y sintió en el cuerpo que ya estaba curada de su enfermedad. 30Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de él, se volvió a mirar a la gente, y preguntó:

—¿Quién me ha tocado la ropa?

31Sus discípulos le dijeron:

—Ves que la gente te oprime por todos lados, y preguntas “¿Quién me ha tocado?”

32Pero Jesús seguía mirando a su alrededor, para ver quién lo había tocado. 33Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había pasado, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad. 34Jesús le dijo:

—Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y curada ya de tu enfermedad.

35Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña:

—Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?

36Pero Jesús, sin hacer caso de ellos,5.36 Sin hacer caso de ellos:otra posible traducción: que alcanzó a oírlos. le dijo al jefe de la sinagoga:

—No tengas miedo; cree solamente.

37Y no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 38Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga y ver el alboroto y la gente que lloraba y gritaba, 39entró y les dijo:

—¿Por qué hacen tanto ruido y lloran de esa manera? La niña no está muerta, sino dormida.

40La gente se rió de Jesús, pero él los hizo salir a todos, y tomando al padre, a la madre y a los que lo acompañaban, entró a donde estaba la niña. 41La tomó de la mano y le dijo:

—Talitá, cum5.41 Talitá, cum: frase en arameo, lengua hablada en Palestina en tiempos de Jesús. (que significa: «Muchacha, a ti te digo, levántate»).

42Al momento, la muchacha, que tenía doce años, se levantó y echó a andar. Y la gente se quedó muy admirada. 43Pero Jesús ordenó severamente que no se lo contaran a nadie, y luego mandó que dieran de comer a la niña.