Dios habla Hoy (DHH)
9

91Jesús también les dijo:

—Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán hasta que vean el reino de Dios llegar con poder.

9.1
Mc 13.30

La transfiguración de Jesús
9.2-13
Cf.

(Mt 17.1-13; Lc 9.28-36)

2Seis días después, Jesús se fue a un cerro alto llevándose solamente a Pedro, a Santiago y a Juan. Allí, delante de ellos, cambió la apariencia de Jesús. 3Su ropa se volvió brillante y más blanca de lo que nadie podría dejarla por mucho que la lavara. 4Y vieron a Elías y a Moisés, que estaban conversando con Jesús. 5Pedro le dijo a Jesús:

—Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

6Es que los discípulos estaban asustados, y Pedro no sabía qué decir. 7En esto, apareció una nube y se posó sobre ellos.

9.7
Cf.
Y de la nube salió una voz, que dijo: «Este es mi Hijo amado:
9.7
Cf.
escúchenlo.» 8Al momento, cuando miraron alrededor, ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.

9Mientras bajaban del cerro, Jesús les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado. 10Por esto guardaron el secreto entre ellos, aunque se preguntaban qué sería eso de resucitar. 11Le preguntaron a Jesús:

—¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías ha de venir primero?

12Él les contestó:

—Es cierto que Elías viene primero, y que él lo arreglará todo. ¿Y por qué dicen las Escrituras que el Hijo del hombre ha de sufrir y ser despreciado? 13Pero yo les digo que Elías ya vino, y que ellos hicieron con él todo lo que quisieron, como dicen las Escrituras que le había de suceder.9.12-13 Mt 17.12-13; cf. Mal 4.5; Eclo 48.4,10. Como dicen las Escrituras: Puede referirse a 1~R 19.1-2,10.

Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro

(Mt 17.14-20; Lc 9.37-43)

14Cuando regresaron a donde estaban los discípulos, los encontraron rodeados de una gran multitud, y algunos maestros de la ley discutían con ellos. 15Al ver a Jesús, todos corrieron a saludarlo llenos de admiración. 16Él les preguntó:

—¿Qué están ustedes discutiendo con ellos?

17Uno de los presentes contestó:

—Maestro, aquí te he traído a mi hijo, pues tiene un espíritu que lo ha dejado mudo. 18Dondequiera que se encuentra, el espíritu lo agarra y lo tira al suelo; y echa espuma por la boca, le rechinan los dientes y se queda tieso. He pedido a tus discípulos que le saquen ese espíritu, pero no han podido.

19Jesús contestó:

—¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Traigan acá al muchacho.

20Entonces llevaron al muchacho ante Jesús. Pero cuando el espíritu vio a Jesús, hizo que le diera un ataque al muchacho, el cual cayó al suelo revolcándose y echando espuma por la boca. 21Jesús le preguntó al padre:

—¿Desde cuándo le sucede esto?

El padre contestó:

—Desde que era niño. 22Y muchas veces ese espíritu lo ha arrojado al fuego y al agua, para matarlo. Así que, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.

23Jesús le dijo:

—¿Cómo que “si puedes”? ¡Todo es posible para el que cree!

9.23
Mt 21.21
Mc 11.23-24
Lc 17.6

24Entonces el padre del muchacho gritó:

—Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!

25Al ver Jesús que se estaba reuniendo mucha gente, reprendió al espíritu impuro, diciendo:

—Espíritu mudo y sordo, yo te ordeno que salgas de este muchacho y que no vuelvas a entrar en él.

26El espíritu gritó, e hizo que le diera otro ataque al muchacho. Luego salió de él, dejándolo como muerto, de modo que muchos decían que, en efecto, estaba muerto. 27Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó; y el muchacho se puso de pie.

28Luego Jesús entró en una casa, y sus discípulos le preguntaron a solas:

—¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu?

29Y Jesús les contestó:

—A esta clase de demonios solamente se la puede expulsar por medio de la oración.

Jesús anuncia por segunda vez su muerte

(Mt 17.22-23; Lc 9.43-45)

30Cuando se fueron de allí, pasaron por Galilea. Pero Jesús no quiso que nadie lo supiera, 31porque estaba enseñando a sus discípulos. Les decía:

—El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero tres días después resucitará.9.31 Lo matarán… resucitará: Cf. Mc 8.31—9.1; 10.32-34.

32Ellos no entendían lo que les decía, y tenían miedo de preguntarle.

¿Quién es el más importante?

(Mt 18.1-5; Lc 9.46-48)

33Llegaron a la ciudad de Cafarnaúm. Cuando ya estaban en casa, Jesús les preguntó:

—¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino?

34Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante. 35Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo:

—Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos.

9.35
Mt 20.26-2723.11

36Luego puso un niño en medio de ellos, y tomándolo en brazos les dijo:

37—El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no solamente a mí me recibe, sino también a aquel que me envió.

El que no está contra nosotros, está a nuestro favor

(Mt 10.42; Lc 9.49-50)

38Juan le dijo:

—Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.

39Jesús contestó:

—No se lo prohíban, porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí. 40El que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

9.40
Mt 12.30
Lc 11.23
41Cualquiera que les dé a ustedes aunque solo sea un vaso de agua por ser ustedes de Cristo, les aseguro que tendrá su premio.

El peligro de caer en pecado

(Mt 18.6-9; Lc 17.1-2)

42»A cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que lo echaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello. 43Si tu mano te hace caer en pecado, córtatela; es mejor que entres manco en la vida, y no que con las dos manos vayas a parar al infierno,9.43 Infierno: gr. geenna, derivación del nombre hebreo Ge-hinom, que se daba al quemadero de basura en el valle de Hinom, cerca de Jerusalén (2~R 23.10). En el primer siglo a.C., este nombre llegó a aplicarse al lugar de castigo reservado para los malos. donde el fuego no se puede apagar.9.43 Algunos mss. añaden el v. 44: Donde los gusanos no mueren y el fuego no se apaga. Cf. v. 48. 45Y si tu pie te hace caer en pecado, córtatelo; es mejor que entres cojo en la vida, y no que con los dos pies seas arrojado al infierno.9.45 Algunos mss. añaden el v. 46: Donde los gusanos no mueren y el fuego no se apaga. Cf. v. 48. 47Y si tu ojo te hace caer en pecado, sácatelo; es mejor que entres con un solo ojo en el reino de Dios, y no que con los dos ojos seas arrojado al infierno,

9.47
Mt 5.29
48donde los gusanos no mueren y el fuego no se apaga.
9.48
Is 66.24

49»Porque todos serán salados con fuego. 50La sal es buena; pero si deja de estar salada, ¿cómo podrán ustedes hacerla útil otra vez? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.

10

Jesús enseña sobre el divorcio

(Mt 19.1-12; Lc 16.18)

101Jesús salió de Cafarnaúm y fue a la región de Judea y a la tierra que está al oriente del Jordán. Allí volvió a reunírsele la gente, y él comenzó de nuevo a enseñar, como tenía por costumbre. 2Algunos fariseos se acercaron a Jesús y, para tenderle una trampa, le preguntaron si al esposo le está permitido divorciarse de su esposa. 3Él les contestó:

—¿Qué les mandó a ustedes Moisés?

4Dijeron:

—Moisés permitió divorciarse de la esposa dándole un certificado de divorcio.

10.4
Dt 24.1-4
Mt 5.31

5Entonces Jesús les dijo:

—Moisés les dio ese mandato por lo tercos que son ustedes. 6Pero en el principio de la creación, “Dios los creó hombre y mujer.

10.6
Gn 1.27
5.2
7Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa, 8y los dos serán como una sola persona.” Así que ya no son dos, sino uno solo.
10.7-8
Gn 2.24
9De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido.

10Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre este asunto. 11Jesús les dijo:

—El que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; 12y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro, también comete adulterio.

10.11-12
Mt 5.32
1~Co 7.10-11

Jesús bendice a los niños

(Mt 19.13-15; Lc 18.15-17)

13Llevaron unos niños a Jesús, para que los tocara; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban. 14Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo:

—Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. 15Les aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

16Y tomó en sus brazos a los niños, y los bendijo poniendo las manos sobre ellos.

Un hombre rico habla con Jesús

(Mt 19.16-30; Lc 18.18-30)

17Cuando Jesús iba a seguir su viaje, llegó un hombre corriendo, se puso de rodillas delante de él y le preguntó:

—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?

10.17
Lc 10.25

18Jesús le contestó:

—¿Por qué me llamas bueno? Bueno solamente hay uno: Dios. 19Ya sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras en perjuicio de nadie ni engañes; honra a tu padre y a tu madre.”

10.19
Ex 20.12-16
Dt 5.16-20
24.14

20El hombre le dijo:

—Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven.

21Jesús lo miró con cariño, y le contestó:

—Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme.

22El hombre se afligió al oír esto; y se fue triste, porque era muy rico.

23Jesús miró entonces alrededor, y dijo a sus discípulos:

—¡Qué difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios!

24Estas palabras dejaron asombrados a los discípulos, pero Jesús les volvió a decir:

—Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! 25Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.

26Al oírlo, se asombraron más aún, y se preguntaban unos a otros:

—¿Y quién podrá salvarse?

27Jesús los miró y les contestó:

—Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.

10.27
Gn 18.14
Job 42.1-2
Zac 8.6

28Pedro comenzó a decirle:

—Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos, y te hemos seguido.

29Jesús respondió:

—Les aseguro que cualquiera que por mi causa y por aceptar el evangelio haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o terrenos, 30recibirá ahora en la vida presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones; y en la vida venidera recibirá la vida eterna. 31Pero muchos que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros.

10.31
Mt 20.16
Lc 13.30

Jesús anuncia por tercera vez su muerte

(Mt 20.17-19; Lc 18.31-34)

32Se dirigían a Jerusalén, y Jesús caminaba delante de los discípulos. Ellos estaban asombrados, y los que iban detrás tenían miedo. Jesús volvió a llamar aparte a los doce discípulos, y comenzó a decirles lo que le iba a pasar: 33«Como ustedes ven, ahora vamos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros. 34Se burlarán de él, lo escupirán, lo golpearán y lo matarán; pero tres días después resucitará.»10.32-34 Lo condenarán a muerte… resucitará: cf. Mc 8.31—9.1; 9.31.

Jesús responde a Santiago y Juan

(Mt 20.20-28)

35Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron:

—Maestro, queremos que nos hagas el favor que vamos a pedirte.

36Él les preguntó:

—¿Qué quieren que haga por ustedes?

37Le dijeron:

—Concédenos que en tu reino glorioso nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

38Jesús les contestó:

—Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber este trago amargo que voy a beber yo, y recibir el bautismo que yo voy a recibir?

39Ellos contestaron:

—Podemos.

Jesús les dijo:

—Ustedes beberán este trago amargo, y recibirán el bautismo que yo voy a recibir;

10.39
Véase
40pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo, sino que les será dado a aquellos para quienes está preparado.

41Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan. 42Pero Jesús los llamó, y les dijo:

—Como ustedes saben, entre los paganos hay jefes que se creen con derecho a gobernar con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. 43Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera ser grande entre ustedes, deberá servir a los demás, 44y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser el esclavo de los demás.

10.42-44
Mt 23.11
Mc 9.35
Lc 22.25-27
45Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.
10.45
Cf.

Jesús sana a Bartimeo el ciego

(Mt 20.29-34; Lc 18.35-43)

46Llegaron a Jericó. Y cuando Jesús ya salía de la ciudad, seguido de sus discípulos y de mucha gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino. 47Al oír que era Jesús de Nazaret, el ciego comenzó a gritar:

—¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

48Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más todavía:

—¡Hijo de David, ten compasión de mí!

49Entonces Jesús se detuvo, y dijo:

—Llámenlo.

Llamaron al ciego, diciéndole:

—Ánimo, levántate; te está llamando.

50El ciego arrojó su capa, y dando un salto se acercó a Jesús, 51que le preguntó:

—¿Qué quieres que haga por ti?

El ciego le contestó:

—Maestro, quiero recobrar la vista.

52Jesús le dijo:

—Puedes irte; por tu fe has sido sanado.

10.52
Mt 9.22
Mc 5.34

En aquel mismo instante el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús por el camino.

11

Jesús entra en Jerusalén

(Mt 21.1-11; Lc 19.28-40; Jn 12.12-19)

111Cuando ya estaban cerca de Jerusalén, al aproximarse a los pueblos de Betfagé y Betania, en el Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, 2diciéndoles:

—Vayan a la aldea que está enfrente, y al entrar en ella encontrarán un burro atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo. 3Y si alguien les pregunta por qué lo hacen, díganle que el Señor11.3 El Señor:otra posible traducción: su amo. lo necesita y que en seguida lo devolverá.

4Fueron, pues, y encontraron el burro atado en la calle, junto a una puerta, y lo desataron.

5Algunos que estaban allí les preguntaron:

—¿Qué hacen ustedes? ¿Por qué desatan el burro?

6Ellos contestaron lo que Jesús les había dicho; y los dejaron ir. 7Pusieron entonces sus capas sobre el burro, y se lo llevaron a Jesús. Y Jesús montó. 8Muchos tendían sus capas por el camino, y otros tendían ramas que habían cortado en el campo. 9Y tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban:

—¡Hosana!11.9 ¡Hosana!: Véase Mt 21.9 n. ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!11.9 ¡Bendito… del Señor!: Sal 118.25-26. 10¡Bendito el reino que viene, el reino de nuestro padre David! ¡Hosana en las alturas!

11Entró Jesús en Jerusalén y se dirigió al templo. Miró por todas partes y luego se fue a Betania con los doce discípulos, porque ya era tarde.

Jesús maldice la higuera sin fruto

(Mt 21.18-19)

12Al día siguiente, cuando salían de Betania, Jesús sintió hambre. 13De lejos vio una higuera que tenía hojas, y se acercó a ver si también tendría fruto, pero no encontró más que las hojas, porque no era tiempo de higos. 14Entonces le dijo a la higuera:

—¡Nunca más vuelva nadie a comer de tu fruto!

Sus discípulos lo oyeron.

Jesús purifica el templo

(Mt 21.12-17; Lc 19.45-48; Jn 2.13-22)

15Después que llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo y comprando. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero a la gente, y los puestos de los que vendían palomas; 16y no permitía que nadie pasara por el templo llevando cosas. 17Y se puso a enseñar, diciendo:

—En las Escrituras dice: “Mi casa será declarada casa de oración para todas las naciones”,

11.17
Is 56.7
pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones.
11.17
Jer 7.11

18Al oír esto, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley comenzaron a buscar la manera de matar a Jesús, porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba admirada de su enseñanza. 19Pero al llegar la noche, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad.

Instrucción sobre la fe

(Mt 21.20-22)

20A la mañana siguiente pasaron junto a la higuera, y vieron que se había secado de raíz. 21Entonces Pedro, acordándose de lo sucedido, le dijo a Jesús:

—Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

11.21
Cf. vv. 12-14.

22Jesús contestó:

—Tengan fe en Dios. 23Pues les aseguro que si alguien le dice a este cerro: “¡Quítate de ahí y arrójate al mar!”, y no lo hace con dudas, sino creyendo que ha de suceder lo que dice, entonces sucederá. 24Por eso les digo que todo lo que ustedes pidan en oración, crean que ya lo han conseguido, y lo recibirán.

11.24
Jn 14.13-14
15.7
25Y cuando estén orando, perdonen lo que tengan contra otro, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.11.25 Mt 6.14-15; cf. Eclo 28.2-5. Algunos mss. añaden el v. 26: Pero si ustedes no perdonan, tampoco su Padre que está en el cielo les perdonará a ustedes sus pecados (cf. Mt 6.15).

La autoridad de Jesús

(Mt 21.23-27; Lc 20.1-8)

27Después de esto regresaron a Jerusalén. Mientras Jesús andaba por el templo, se acercaron a él los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y los ancianos, 28y le preguntaron:

—¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio la autoridad para hacerlo?

29-30Jesús les contestó:

—Yo también les voy a hacer una pregunta: ¿Quién envió a Juan a bautizar, Dios o los hombres? Contéstenme, y yo les diré con qué autoridad hago esto.

31Ellos se pusieron a discutir unos con otros: «Si respondemos que Dios lo envió, va a decir: “Entonces, ¿por qué no le creyeron?” 32¿Y cómo vamos a decir que lo enviaron los hombres?…» Tenían miedo de la gente, pues todos creían que Juan era un profeta. 33Así que respondieron a Jesús:

—No lo sabemos.

Entonces Jesús les contestó:

—Pues yo tampoco les digo con qué autoridad hago esto.