Dios habla Hoy (DHH)
2

El poder de los opresores

21¡Ay de aquellos que aun en sus sueños

siguen planeando maldades,

y que al llegar el día las llevan a cabo

porque tienen el poder en sus manos!

2Codician terrenos, y se apoderan de ellos;

codician casas, y las roban.

Oprimen al hombre y a su familia,

al propietario y a su herencia.

3Por eso dice el Señor:

«Yo también tengo planes contra ustedes.

Voy a enviarles una desgracia

de la que no podrán librar su cuello,

y ya no podrán caminar orgullosamente

porque serán tiempos de desastre.

4En aquel día les cantarán a ustedes

canciones en son de lamento. Les dirán:

“Hemos sido completamente destruidos;

nuestro pueblo, propiedad del Señor,

ha cambiado de dueño sin que nadie lo impida;

nuestros campos han sido repartidos

entre nuestros conquistadores.”»

5Por eso ustedes no tendrán parte

en el pueblo del Señor.

Los malos profetas

6«¡Que no nos vengan con profecías! —dicen ellos.

¡La desgracia no podrá alcanzarnos!»

7¿Acaso está maldito el pueblo de Jacob?

¿Es que Dios ha perdido la paciencia?

¿Es así como Dios actúa?

¿Acaso no beneficia su palabra

al que se porta rectamente?

8Ustedes se han alzado en contra de mi pueblo.

Les arrebatan las ropas de valor

a los que vuelven de la guerra

pensando que ya están a salvo.

9De sus amados hogares

arrojan a las mujeres,

y a sus niños los privan para siempre

del honor que les he dado.

10¡Levántense! ¡Caminen!

Este no es lugar de descanso;

a causa de la corrupción que hay en él,

será destruido completamente.

11Si alguien inventa mentiras, y dice:

«Yo anuncio vino y licor»,

ese es el profeta ideal para este pueblo.

Dios promete liberar a su pueblo

12Voy a reunir a todo el pueblo de Jacob;

voy a recoger al pequeño resto de Israel.2.12 Pequeño resto de Israel: La idea del resto es muy importante, tanto en el libro de Miqueas (cf. 4.6-7; 5.7; 7.18) como, en general, en la literatura profética (véase Is 4.2-6; 10.20; 11.11,16; 28.5; 46.3; Jer 6.9; 31.7; Ez 6.8; Zac 14.2). La expresión se refiere al pueblo que se salvó de una gran catástrofe y es como el germen de una futura renovación.

Los juntaré como ovejas en el redil,

como rebaño en el pastizal,

y harán el ruido de una multitud.

13Dios irá abriéndoles camino,

y ellos le seguirán

y saldrán por la puerta de la ciudad.

Su rey, el Señor,

marchará al frente de todos.

3

Mensaje contra los malos gobernantes

31Escuchen ahora, gobernantes y jefes de Israel,

¿acaso no corresponde a ustedes

saber lo que es la justicia?

2En cambio, odian el bien y aman el mal;

despellejan a mi pueblo

y le dejan los huesos pelados.

3Se comen vivo a mi pueblo;

le arrancan la piel y le rompen los huesos;

lo tratan como si fuera carne para la olla.

4Un día llamarán ustedes al Señor,

pero él no les contestará.

En aquel tiempo se esconderá de ustedes

por las maldades que han cometido.

Mensaje contra los profetas engañadores

5Mi pueblo sigue caminos equivocados

por culpa de los profetas que lo engañan,

que anuncian paz a quienes les dan de comer

pero declaran la guerra

a quienes no les llenan la boca.

El Señor dice a esos profetas:

6«No volverán ustedes a tener

visiones proféticas en la noche

ni a predecir el futuro en la oscuridad.»

El sol se pondrá para esos profetas,

y el día se les oscurecerá.

7Esos videntes y adivinos

quedarán en completo ridículo.

Todos ellos se quedarán callados

al no recibir respuesta de Dios.

8En cambio, a mí, el espíritu del Señor

me llena de fuerza, justicia y valor,

para echarle en cara a Israel su rebeldía y su pecado.

Ruina de Jerusalén

9Escuchen esto ahora, gobernantes y jefes de Israel,

ustedes que odian la justicia

y tuercen todo lo que está derecho,

10que construyen Jerusalén, la ciudad del monte Sión,

sobre la base del crimen y la injusticia.

11Los jueces de la ciudad se dejan sobornar,

los sacerdotes enseñan solo por dinero

y los profetas venden sus predicciones

alegando que el Señor los apoya, y diciendo:

«El Señor está con nosotros;

nada malo nos puede suceder.»

12Por lo tanto, por culpa de ustedes,

Jerusalén, la ciudad del monte Sión,

va a quedar convertida en barbecho,

en un montón de ruinas,

y el monte del templo se cubrirá de maleza.3.12 Aquí se predice por primera vez la destrucción de la ciudad de Jerusalén que, por ser la ciudad de Dios y lugar de su morada, era considerada inviolable e indestructible (Sal 46.4-5; 48.1-3; Jer 7.4). Cf. Jer 26.18.

4

El reinado de paz del Señor

(Is 2.2-4)

41En los últimos tiempos4.1-5 Esta profecía, que anuncia la gloria futura de Jerusalén, contrasta sensiblemente con las amenazas del cap. anterior (véase Miq 3.12 n.). Cf. también Is 2.2-4. quedará afirmado

el monte donde se halla el templo del Señor.

Será el monte más alto;

más alto que cualquier otro monte.

Todas las naciones vendrán a él;

2pueblos numerosos llegarán, diciendo:

«Vengan, subamos al monte del Señor,

al templo del Dios de Jacob,

para que él nos enseñe sus caminos

y podamos andar por sus senderos.»

Porque de Sión saldrá la enseñanza del Señor,

de Jerusalén vendrá su palabra.

3El Señor juzgará entre las naciones

y decidirá los pleitos de pueblos numerosos,

aun de los más lejanos.

Ellos convertirán sus espadas en arados

y sus lanzas en hoces.

Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro

ni a recibir instrucción para la guerra.

4Todos vivirán entonces sin temor,

y cada cual podrá descansar

a la sombra de su vid y de su higuera.

¡Son las propias palabras del Señor todopoderoso!

5Los otros pueblos obedecen a sus propios dioses,

pero nosotros siempre obedeceremos

al Señor nuestro Dios.

El Señor salvará a su pueblo

6-7Esto afirma el Señor:

«En aquel día4.6-7 Aquel día: Is 13.6; Ez 3.5; Jl 1.15; 2.1,11; Am 5.18; Abd 15; Sof 1.7,14; Mal 4.1-6. reuniré a mis ovejas,

a las que había castigado:

a las impedidas, cansadas y dispersas.

Con ellas, con las que hayan quedado,

haré una nación poderosa.

Yo, el Señor, gobernaré a mi pueblo

desde el monte Sión, ahora y siempre.

8Y tú, Jerusalén,4.8 Jerusalén: lit. Torre del rebaño. torre y fortaleza de Sión,

tú volverás a ser la capital del reino,

la gran señora que antes fuiste.»

9Ahora pues, ¿por qué gritas así,

como una mujer con dolores de parto?

¿Acaso porque en ti no hay rey?

¿O porque han muerto tus consejeros?

10Retuércete y grita, ciudad de Sión,

como una mujer con dolores de parto,

porque tu gente va a salir de ti y tendrá que vivir a campo abierto,

y aun llegará hasta Babilonia.4.10 Babilonia: posible referencia a la deportación que sufrieron muchos sobrevivientes de Judá, después que el ejército del rey Nabucodonosor destruyó la ciudad de Jerusalén en el año 587 a.C. (2 R 24—25; 2~Cr 36.5-21; Jer 52.3-11).

Pero allí librará el Señor a su pueblo;

lo salvará de sus enemigos.

11Ahora muchas naciones

se han juntado en contra tuya,

diciendo: «¡Vamos a darnos el gusto

de ver a Jerusalén profanada!»

12Pero esas naciones no conocen

los pensamientos y los planes de Dios;

no saben que él las va a juntar

como manojos de espigas en la era.

13¡Levántate y trilla, ciudad de Sión!

Porque el Señor dice:

«Yo te daré la fuerza de un toro

de cuernos de hierro y pezuñas de bronce,

para que destroces a muchos pueblos.

Tú les quitarás sus riquezas mal habidas

y me las consagrarás a mí,

al Señor de toda la tierra.»